00 Bilbao – S’Arenal #MallorcaMenorcaEnBici

Costa mediterránea urbanizada

by Julen

Será maravilloso viajar hasta Mallorca

Esta tarde hemos llegado en vuelo procedente de Bilbao. Por primera vez venimos con la bici no en caja de cartón, sino en una bolsa específica de transporte. Tras mirar muchas opciones, me decidí por comprar una de Buds Sports que simplifica mucho el proceso de guardado. Solo hay que quitar la rueda delantera, manillar y pedales. Sí, porque es una pena que no haya todavía un puente desde Valencia hasta Mallorca. Los Mismos lo cantaban en 1968, cuando consiguieron el primer premio del V Festival Internacional de Mallorca con este temazo: «El Puente». Pues eso, que en 2026 todavía estamos esperando. Desde luego, no hay derecho. Helena Bianco, la cantante, y sus dos compañeros, todos ellos de la Castilla profunda, por cierto, lo explicaban bien:

Yo sabría esperar, el tiempo no me importa
si construyeran un puente desde Valencia hasta Mallorca.
Será maravilloso viajar hasta Mallorca
sin necesidad de tomar el barco o el avión,
solo caminando, en bicicleta o autostop.

¿Ves? Podíamos haber venido en bicicleta.

El aeropuerto queda cerca de Palma y también de las zonas de playa de Can Pastilla y S’Arenal. Espero pacientemente en la cinta de bultos voluminosos junto a otros ciclistas. En el rato que estoy allí veo desfilar otras seis bicis por delante de la mía. Pues sí que va a ser un destino cicloturista popular. Por cierto, diría que todos son guiris, incluyendo a tres bien entrados en años.

Me alojo en un pequeño y modesto hostal muy cerca de la línea de costa, pero un poco retirado del bullicio del paseo marítimo. En taxi son apenas quince minutos. Todo OK.

Lo primero es, claro está, montar la bici. No hay ninguna sorpresa y llega sana y salva. Eso sí, a la vuelta tengo que pasar por boxes de nuevo porque tengo una pequeña fisura en una bieleta. En principio, no debo tener problemas estos días, pero hay que reemplazar la pieza sí o sí. Charlo un rato con el chico de la recepción, Jack, muy majo. La bolsa se va a quedar aquí hasta que regrese dentro de doce días. En la recepción coincido, de nuevo, con otros ciclistas. Bueno, ya está la bici lista para rodar. Queda en la recepción, candada a una barandilla. No me gusta mucho porque queda a la vista de todo el mundo. En fin, cruzo los dedos.

Por cierto, se supone que es maravilloso viajar hasta Mallorca. Bueno, yo lo hago con alerta naranja a partir de mañana por lluvias intensas y tormentas. Vale, no empieces a quejarte desde el día cero, ¿no? Mañana te cuento.

S’Arenal, quién te ha visto y quién te ve

S’Arenal queda en el extremo oriental de la gran bahía de Palma y es obvio que representa uno de los testimonios más llamativos de la transformación urbanística y turística del Mediterráneo. Lo que hoy es un denso enclave vacacional repleto de hoteles, comercios y locales de ocio nació originalmente como un modesto poblado de pescadores y canteros sobre un litoral de dunas y pinares. El progreso (o no) ha traído estas cosas: un presente que ha sepultado las raíces del pasado.

Fuente: https://visitllucmajor.com

En mi caso particular, esta zona siempre va a quedar asociada a que fue el destino de mi viaje de estudios con el colegio. Al terminar BUP había que elegir un destino para este viaje que tenía algo de iniciático. Lo de llamarlo viaje «de estudios» era, por supuesto, un autoengaño. Se trataba, simplemente, de pasarlo bien. Y en aquel momento vital –una adolescencia de hormonas revueltas– no había que ser adivino para descubrir que con 16 años el aliciente fundamental era la juerga. Ahora, cerca de cincuenta años después, la juerga sigue presente en esta parte de la costa mallorquina. Lo que fue motivo de reclamo para cierto tipo de turista hoy se ha convertido en un problema social. La cultura del exceso ha desbordado todo lo imaginable.

Salgo del hotel y me acerco a dar una vuelta por el paseo marítimo. Mañana lo haré en bici. Será mi compañía durante un buen número de kilómetros en dirección hacia Palma. La primera impresión, para ser sincero, es lamentable. Supermarket, souvenir, pizza, kebak, T-shirts, los primeros borrachos. Pero, claro, la playa y la bahía de Palma ofrecen el contrapunto a todo ese despropósito.

Cuesta imaginar que a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, esto fuera una zona apacible y apartada cuya actividad principal giraba en torno a la pesca artesanal y a la extracción de marés, la piedra calcárea tradicional que se usaba en la construcción balear. El carbón vegetal y el transporte de mercancías por vía marítima o mediante carros completaban la modesta economía de una comunidad reducida. Sin embargo, llegó el ferrocarril en 1916 y conectó la zona con Palma. Ahí comenzó a cambiar la fisonomía del lugar. S’Arenal empezó a consolidarse como el destino preferido de veraneo para las familias de la capital balear, que buscaban la tranquilidad de su inmensa playa de arena fina y sus aguas poco profundas. Pero todo esto fue cambiando…

El punto de inflexión hay que situarlo en la década de 1960. Es entonces cuando estalla el boom turístico balear. La proximidad de la zona con el aeropuerto de Son Sant Joan, que se inaugura para el tráfico comercial en esa misma época, convierte a S’Arenal en la puerta de entrada idónea para millones de visitantes europeos, especialmente procedentes de Alemania. Prácticamente de la noche a la mañana, el paisaje natural de dunas y pinos da paso a una vertiginosa edificación de grandes bloques de hoteles, apartamentos, discotecas y los característicos balnearios de obra numerados a lo largo del paseo marítimo que aún sobreviven.

La oferta barata de sol y borrachera

La economía local cambia de forma irreversible. Enseguida el boom turístico se traduce en saturación. El modelo de turismo masivo de bajo coste atrae, en particular, a los alemanes. La convivencia vecinal se resiente. La combinación de la prosperidad alemana, la revolución de los vuelos chárter, la proximidad del aeropuerto de Palma y la creación de una infraestructura hecha a la medida del visitante germano lo consiguen: S’Arenal es la meca para el alemán que quiere juerga, buen tiempo y beber. Todo, además, a precio barato.

No obstante, en el paseo marítimo se concita una curiosa mezcla de edades. Se ven también jubilados que diría que son de aquí y también hay algunas familias con niños. Desde luego, que la especie humana predominante es el alemán hombre de entre 20 y 60 años que ha venido a mamarse. Por cierto, se ven también bastantes franceses.

¿Qué pasa en la actualidad? Vistas las orejas al lobo, S’Arenal quiere reconvertirse en algo más refinado, al igual que sucede, en realidad, con toda la Playa de Palma y diría que, en general, con el turismo que accede a las Islas Baleares. Los datos nos dicen que estamos ante uno de los enclaves de mayor densidad turística de todo el archipiélago balear. Desde Can Pastilla hasta S’Arenal se concentran entre 50.000 y 55.000 plazas hoteleras regladas, lo que representa aproximadamente el 20% del total de la isla de Mallorca. Este volumen se distribuye en más de 150 establecimientos hoteleros y complejos de apartamentos. La transformación, eso sí, se supone que está en marcha porque en la actualidad más del 65% de la oferta se sitúa en las categorías de cuatro y cinco estrellas. Mi sensación, no obstante, es muy diferente. Lo cutre gana por goleada.

Como te decía, S’Arenal constituye el principal feudo del turismo alemán en el Mediterráneo. ¡Supone entre el 60% y el 65% del total de las pernoctaciones! El turismo nacional español ocupa el segundo lugar con cerca de un 12% del mercado. Luego le siguen los visitantes procedentes de Países Bajos, Bélgica y Reino Unido. Para que te hagas una idea del impacto en comparación con la población local, S’Arenal cuenta con una población fija censada de unos 18.000 habitantes. Sin embargo, durante los meses de julio y agosto, los turistas y los trabajadores de temporada elevan la población flotante a más de 70.000 personas. Eso supone multiplicar por cuatro la densidad habitual de la zona.

¿Y los precios? La ocupación hotelera media en temporada alta se sitúa habitualmente por encima del 90%. Pues bien, el ingreso medio por habitación disponible ha crecido más del 40% en la última década, y hoy el precio se sitúa, en promedio, entre 85 y 110 euros por noche en los meses estivales. Los precios se han desbocado.

Cuando estuve buscando alojamiento para esta primera noche, al llegar en avión, tenía necesariamente que restringir la búsqueda a una zona cercana al aeropuerto. Eso quería decir Can Pastilla, S’Arenal o Palma. Lees críticas de hoteles y las quejas por broncas, borracheras, ruidos e incidentes varios se repiten. Las valoraciones medias de los establecimientos dejan mucho que desear, mientras que los precios, como te digo, se han disparado. Para un cicloviajero que se viene solo a pedalear por aquí no es fácil encontrar un alojamiento digno en su relación calidad-precio. La sensación es que el alojamiento es caro y malo si tienes que pernoctar por estas zonas. Otro día, si acaso, ya hablamos de lo que ha ocurrido en el interior de la isla, porque eso también es de hacérselo mirar. Los alojamientos con encanto han decidido hacer su agosto particular y no se cortan un pelo a la hora de inflar el precio. Ruralidad para las élites.

Teniendo en cuenta esto que comento, debes saber que voy a incluir por primera vez en mis crónicas una valoración personal de los alojamientos. Por si puede ayudar a quienes lean las crónicas para organizar su viaje cicloturistas a Mallorca y Menorca.

Volvemos a nuestra primera tarde en S’Arenal. Decido cenar un poco alejado del paseo marítimo. Elijo un restaurante italiano para comer un plato de pasta y no complicarme demasiado. Se llama Napolitan y lo atiende un italiano. Qué más puedo pedir en medio de esta jauría desenfrenada de oferta rastrera para el europeo borracho. Elijo unos spaghetti Napolitana. Me saben a gloria. Sencillos, con un buen tomate, calabacin, berenjena, pimienta, patata cocida y aceite de oliva. Un plato honesto como él solo. Hasta me reconcilio un poco con esta pequeña bazofia en que se ha convertido este lugar.

Mallorca y Menorca

Después de analizar kilómetros a pedalear, orografía y lugares de interés, nuestra ruta cicloturista incluye diez jornadas en Mallorca y tres en Menorca. Sí, quiero aprovechar para incluir las dos islas. Por casualidad, en Menorca coincido con la edición número 25 de su Volta Cicloturista Internacional y, además, creo que para quienes practicamos bici de monte el Camí de Cavalls es toda una referencia. No sé hasta qué punto se diferencia la experiencia de pedaleo por cada una de estas dos islas. Me temo que la turistificación ha llegado a las dos, pero Menorca, por ejemplo, presenta vestigios de la dominación británica en el siglo XVIII, algo que no sucede en Mallorca. No sé, ya te lo iremos contando.

Así pues, tras cuatro etapas en Mallorca –las tres últimas directamente vinculadas a la Serra de Tramuntana–, cogeremos un barco desde Port d’Alcúdia hasta Ciutadella. En Menorca haremos tres etapas y luego nos volvemos para terminar nuestra ruta por la zona sur de Mallorca, aunque con incursiones hacia el interior.

Un poco de literatura

Los libros forman parte de nuestros proyectos cicloturistas. Como quiera que este viaje hemos tenido que improvisarlo un poco porque nuestro plan inicial era Sicilia, no me ha dado tiempo a leer todo lo que me hubiera gustado, pero nos hemos llevado al buche algunas cosas. Si tuviera que elegir un par de libros de cabecera, desde luego serían dos de Xavier Moret, de quien en su día leí un libro sobre Islandia que me encantó. Este prolífico escritor de literatura de viajes ha publicado Mallorca, abierto todo el año (2021) y Menorca, la isla soñada (2024). A lo largo de las crónicas verás bastantes referencias a estos dos libros.

Los libros de Moret nos presentan las islas de una manera diferente y bastante alejada a la que puedes encontrar en las guías de viaje. Bucea en la historia, aporta muchas referencias para seguir leyendo, pregunta a la gente local… Diríamos que lleva a cabo una cierta labor de antropología social a la que añade, por supuesto, las fantásticas posibilidades que el medio natural ofrece en estas dos islas. Ambos libros te conducen a través de capítulos más o menos breves, cada uno de ellos con el foco en algo relevante. Verás muchas citas de ellos en las crónicas.

Además, he leído una novela, Las posesiones, de Llucia Ramis –a quien, por cierto, entrevista Xavier Moret en su libro sobre Mallorca–, que sirve para comprender el papel que estas casas de campo (las posesiones) han jugado en la idiosincrasia del medio rural en la isla. Por último, cómo no, algo de novela negra teníamos que incluir en el cóctel. En este caso ha sido La mala suerte, de Marta Robles, una novela cuya trama se desarrolla en buena parte en Costa de los Pinos, muy cerca de Cala Ratjada, donde tenemos previsto hacer uno de nuestros finales de etapa. Y sí, por la novela desfilan desde Ana Obregón hasta otros famosos fieles al veraneo mallorquín.

Bueno, hasta aquí esta primera crónica. Como te decía, mañana llega el temporal. A ver cómo lo capeamos. Al mal tiempo, buena cara. Actitud que no falte.

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