Eslovenia, mi valoración como destino cicloturista

Paisaje espectacular y paisanaje particular

by Julen

Tenía pendiente escribir una evaluación tras las tres semanas de pedaleo por Eslovenia. Lo que vas a leer obviamente está cargado de subjetividad. Podría suceder que tu percepción de los hechos fuera diferente de la mía. Yo lo escribo con la idea de que si estás pensando en que Eslovenia puede ser tu próximo destino cicloturista, este texto te ayude a tomar decisiones. Porque sí, claro, Eslovenia ha subido muchos puestos en la clasificación de países pedaleables.

Logística general para el viaje

Desde Bilbao, la logística para llegar al país es relativamente sencilla.  A día de hoy solo hay vuelos directos desde Madrid y Barcelona a la capital eslovena, Liubliana. Pero puedes usar Venecia como destino de tu vuelo, bien al aeropuerto Marco Polo (el más cercano a Venecia) o bien a Venecia Treviso (que aún te dejará más cerca de la frontera eslovena). Entonces, el asunto cambia. Veo ahora mismo que hay 14 ciudades desde las que puedes volar a estos dos aeropuertos. Tanto desde Venecia Marco Polo como desde Venecia Trieste, vía tren o autobús, te plantarás enseguida en territorio esloveno. La experiencia del uso del tren para acercarme desde el aeropuerto de Venecia Marco Polo, ha sido de diez: puntualidad, espacio para la bici y comodidad en general.

La calidad del asfalto en Eslovenia, sea en vías principales o secundarias, me ha parecido fantástica. Mucho mejor, en líneas generales, que el que podemos encontrar en la Península Ibérica. Además, la señalización horizontal está implantada en prácticamente cualquier pueblo de cierta entidad. Vas a ver por todas partes indicaciones de carriles bici y orientaciones sobre por dónde pedalear. Las aceras han recibido un nuevo uso incorporando la bici como opción junto al tradicional uso para los peatones.

Además, hay un gran número de rutas cicloturistas nacionales. Se identifican con la letra D (de Daljinska) y están señalizadas oficialmente con carteles de color rojo (fondo rojo con el icono blanco de la bicicleta, el código de la ruta y el destino). Las principales, de la D1 a la D8, son las grandes arterias troncales que cruzan todo el país de frontera a frontera. A esta red se unen las rutas regionales clave, que emplean la misma señalética, pero con la letra «G» en lugar de «D».

Ya en el monte, hay muchas «carreteras» que, llegado un momento, pierden el asfalto y se convierten en pistas. En este caso, no vas a tener problema alguno con una bici de gravel porque, en general, están muy bien mantenidas. Otra cosa es cuando empiezas a separarte de esas teóricas carreteras. El monte es el monte y en Eslovenia han diseñado una macrotravesía para bici de montaña, la STKP, que quizá no sea tanto para torpes como yo. La SKTP te propone ciclismo de montaña auténtico, al menos en algunos tramos, por lo que he podido comprobar.

Debido al auge del país como destino cicloturista, son también muy frecuentes las tiendas/talleres de bicis. Por ejemplo, verás tiendas Velocenter en hasta 14 diferentes lugares del país, incluyendo en esta lista las principales poblaciones. Pero es que, además, hay también tiendas especializadas (Velocenter puede ser más generalista) con producto y servicio más «fino». En mi caso, por ejemplo, en Idrija no tuve problema para localizar este tipo de tienda y poder comprar un cartucho de CO2. Y, por último, no hay que olvidar que el mercado de alquiler de bicis está también muy extendido, lo que supone otra opción en caso de emergencia en asuntos de mecánica.

Si acaso lo que no me agradó tanto es que, para mi gusto, se conduce demasiado deprisa. En general, no hay costumbre de aflojar la velocidad cuando te van a adelantar. Aceleran lo que haga falta. Por otra parte, no siempre guardan la distancia de seguridad. Solo tuve un incidente más o menos serio con un coche que venía de frente adelantando y que me obligó a echarme fuera de la carretera para evitar problemas. No quiero exagerar con este tema, pero creo que nuestra cultura de respecto a la bici desde el coche es mayor aquí o en Francia que en Eslovenia.

En cuanto al clima, un apunte: si vas en verano (como ha sido mi caso) ten en cuenta que las tormentas vespertinas son habituales. Es mejor si planificas para pedalear más por la mañana que por la tarde. Lo bueno es  que los omnipresentes bosques proporcionan muchas horas de sombra y temperatura agradable para pedalear. Es una bendición añadida. No es solo que la magia del bosque nos acompañe al pedalear, sino que ayuda a que la experiencia física (al menos, insisto, en verano) sea estupenda. Si acaso, con esas tormentas fuertes por la tarde, hay que pensar un poco en el estado de los caminos para el día siguiente. Y, claro, también he encontrado algún que otro tramo reventado por las torrenteras típicas de las lluvias torrenciales.

Respecto a los alojamientos, siguiendo esa modalidad de viaje que practico y que los anglosajones denominan credit card bikepacking, he encontrado muchas diferencias al considerar calidad/precio. ¿La variable fundamental? Has acertado: la turistificación que soporten. Es decir, en lugares claramente turísticos tendremos que pagar más por menos. Una cama en un dormitorio comunitario en Kobarid o cerca del lago Bohinj pasaba de los 40 euros. En un par de ocasiones he pagado por encima de los 80 euros: un capricho que me quise dar el primer día y una habitación básica y espartana (pero muy limpia) en un alojamiento que llevaban unas monjas en Bled, destino turístico por excelencia en Eslovenia. Cuando te alejabas del turisteo los precios se volvían mucho más razonables y hasta diría que baratos. En general, las opciones con desayuno han estado muy bien, la verdad.

En cuanto a la comida, mucha pizzería y kebab, aunque si buscas hay también opciones de gastronomía local más o menos razonable. Una alternativa interesante la ofrecen las pekarna. Son panaderías con un surtido muy amplio de producto que incluye también algunas opciones saladas. Entre estas, siempre encontrarás pizza en porciones y también burek, que es un hojaldre relleno de carne picada, queso tipo feta o espinacas. En las pekarna los precios son muy baratos y, además, el horario de apertura al público abarca desde las seis (incluso a las cinco o cinco y media) hasta las diez o las once de la noche.

Paisaje espectacular

Seguramente que para quienes nos gusta pedalear por el medio natural, Eslovenia resulta un destino fascinante. Impacta de inmediato. Para una extensión de país que no llega a alcanzar los metros cuadrados de la provincia de Badajoz, el paisaje que ofrece es brutal. Podrías pensar que la razón está en los Alpes Julianos, pero no solo es esa zona del país. El karst ofrece unas posibilidades inmensas. Por cierto, también las hay bajo tierra, como sucede con la magistral obra del río Pivka en la cueva de Postjona. Los bosques, a veces un lugar trágico que esconde dramas tremendos, juegan con la piedra, que aflora en múltiples lugares para recordar cuál es el subsuelo de toda esa obra ingente que inunda de verde el paisaje.

Los abetos, los alerces o las hayas ocupan miles y miles de kilómetros cuadrados. Como te decía antes, una bendición para pedalear, por ejemplo, en verano. Ahora que el cambio climático está aquí, los bosques mantienen su condición de masa resistente. Pedalear por dentro de su inmensidad te devuelve cierta paz contigo mismo –a pesar, por supuesto, de los desmanes de los humanos– y te proporciona un estado de bienestar que añade una verdadera dimensión espiritual al pedaleo.

Y entre lo mucho de que disfrutar, cómo no, hay que incluir a los valles alpinos. Lo que vemos es el trabajo ingente de los glaciares a lo largo de millones de años. Las montañas, la roca calcárea de tonos claros, queda al fondo mientras un verde intenso se apodera de los prados. La carretera serpentea para dar acceso a estas maravillas de la naturaleza. Tú solo tienes que dejarte arropar por el entorno. Hay que pedalear, otra vez, en paz con uno mismo, y dejar que nuestra bici no moleste donde no debe. Sí, los valles enamoran.

Pero, ¿qué decir de un río como el Soča, que juega con sus mil tonalidades verde esmeralda? Por supuesto, lo verás frecuentado por quienes buscan allí adrenalina, pero si lo acompañas y te separas un poco del asfalto, enseguida llega la recompensa. Los lugareños saben de su poder de atracción y han dibujado rutas usándolo como referencia. Pero hay suficientes kilómetros como para que encuentres ese lugar en el que, de nuevo y ya no sé cuántas veces lo voy repitiendo, sucede una especie de comunión mágica entre el cicloviajero, la bici y el entorno. Los pequeños puentes de madera contribuyen con una ingeniería básica y respetuosa con el entorno.

El Triglav, con sus tres picos, ha encontrado hueco en la bandera de Eslovenia. Parece toda una declaración de intenciones, ¿no te parece? Nuestras bicis no son la herramienta para subir hasta la cumbre, pero podemos llegar hasta su base para tomar conciencia de lo pequeños que somos a su lado. En cierta forma, nos hace humildes. Y que nos siga haciendo.

Paisanaje particular

El paisaje cautiva; el paisanaje, en cambio, extraña un poco. Lo digo desde mis referencias personales, desde mi educación y las costumbres de la sociedad en la que vivo. Ten en cuenta, por ello, que mi experiencia bien pudiera ser diferente a la tuya. En un país de tan pequeña extensión conviven, por simplificar, tres grandes influencias culturales: la germánica, la eslava y la mediterránea. Quizá hablar de paisanaje exija incluir muchos matices. Una historia tan dramática como la que explica el actual estado de Eslovenia no puede sino repercutir en el carácter de esta gente.

Yo soy de los que siempre va saludando cuando pedaleo por el monte. En Eslovenia mucha gente mira para otro lado (o siguen a lo suyo) cuando te la encuentras. Parece que no les sale de forma natural el saludo. Si insistes terminas por sentirte extraño, aunque no es fácil dejar de hacer algo que tienes tan automatizado.

El idioma también choca. Por momentos resuena en exceso, se vuelve estridente para mis oídos. En las terrazas de los bares, por ejemplo, los vozarrones y las risas de los hombres predominan. Las risotadas parecen ir con la forma de expresarse de estas gentes. También lo he visto, aunque menos, en las mujeres. Son conversaciones por momentos escandalosas. Esta percepción puede estar condicionada en mi caso al compararla con la cultura francesa, esa que me acompañó el año pasado en mi viaje por el Macizo Central Francés. No sé si habrá estudios sobre los decibelios asociados a la voz según culturas. Vete tú a saber, a lo mejor Francia y Eslovenia juegan en ligas diferentes. Quizá también el idioma esloveno, con tantas consonantes marcadas y vocales muy abiertas, contribuye a esta percepción.

El paisanaje, además, tiene que estar evidentemente marcado por ese pasado dramático del que no debe ser fácil escapar. Los dos guerras mundiales, la represión de los partisanos de Tito o la desmembración de la antigua Yugoslavia, ya en la década de los 90, son losas demasiado pesadas como para que no sigan explicando por qué la gente es como es y se comporta como se comporta. Eslovenia solo sufrió una guerra de diez días para alcanzar su independencia en 1991. Es decir, fue la parte más amable de la conversión de Yugoslavia en varios estados. Hoy ves un país avanzado, de un primer mundo que todavía, no obstante, encuentra puntos de conexión con una vida de otra época. La ruralidad, en parte, contribuye a esta sensación.

La omnipresente arquitectura religiosa rural

Eslovenia es un país inundado de razpela, kapelice y cerkvice, es decir, de crucifijos, pequeñas capillas e iglesias rurales. Diría que son los tres elementos básicos que vas a encontrar de continuo en el medio rural. Un razpelo (en plural, razpela) es un crucifijo que se erige en un cruce de caminos y en el que es habitual ver al Cristo crucificado y debajo a la Virgen, ambos protegidos por algún tipo de tejadillo protector. Por su parte, una kapelica (en plural, kapelice) es una construcción de mayor porte, semejante a una especie de «casita» que contiene a la santa o santo a la que se dedica. A veces llevan el nombre de la familia que lo erige porque se levantó para dar gracias por algún hecho en particular. Finalmente, tenemos la cerkvica (en plural, cerkvice), que es esa iglesia que hoy en día, por su emplazamiento y diseño, se ha convertido hasta en reclamo turístico. Una cerkvica es una iglesita construida en un lugar elevado para aproximarse simbólicamente al cielo y dominar visualmente todo el valle circundante. En la antigüedad las hogueras encendidas junto a estas «iglesias de colina» servían para avisar a los pueblos vecinos de peligros inminentes.

Entre las kapelice las hay para todos los gustos y colores. Las he visto con fuente incluida, al cobijo de dos árboles o aisladas en mitad de un prado. Las cerkvice, por su lado, son tremendamente fotogénicas. Los valles y las cumbres lucen más con una cerkvica por delante. Y no quiero pensar lo que tienen que lucir si pedaleas por allí con las cumbres nevadas.

De entre todo lo que he visto, un lugar especial que guardo en el recuerdo es la iglesia de Santa María de las Nieves en Velika Planina. La Eslovenia rural se entiende mucho mejor cuando llegas a un sitio en el que las cabañas de pastores, todas cortadas por el mismo patrón constructivo, se agrupan en un paisaje mágico. Allí, en una colina herbosa, cómo no, una pequeña iglesia de madera se levanta humilde a la espera de que suban en verano quienes pueden ofrecer pastos para su ganado. El verano abre una posibilidad que se niega el resto del año.

Unos consejos finales

Si vas en julio o agosto es evidente que vas a encontrar lugares muy estresados por la masificación turística. En mi caso, lo peor, sin lugar a dudas, fue el Paso Vršič y Bled. También en torno al lago Bohinj y en Koper vi bastante gente. Me sorprendió más lo de Bohinj y no tanto lo de Koper, que ya me lo esperaba. Supongo que junio o septiembre pueden ser alternativas también válidas. Como te decía antes, muchos días me han caído tormentas por la tarde (algún día también por la mañana, pero poca cosa), algo que puede condicionar el pedaleo.

Teniendo en cuenta la infraestructura cicloturista del país, creo que es perfectamente asumible irse con una bici de gravel o incluso con una de carretera. Ya te comentaba que el asfalto, en general, es estupendo. Además, las rutas nacionales y regionales (D y G, respectivamente) simplifican, si no quieres líos, la logística de planificación. Mi sensación es que la apuesta por el cicloturismo es más que evidente. Hay incluso alojamientos específicos orientados a este tipo de práctica y la cultura de uso de la bici se ve en auge, muy probablemente por el fenómeno Pogačar.

La orografía del país, eso sí, obliga –a no ser que vayas con eléctrica– a llevar una mínima forma física. Sí o sí, tendrás que afrontar desniveles considerables que, en ocasiones, incluirán los mil metros concentrados en una única subida. Así pues, dosifica esfuerzo y planifica adecuadamente. En mi caso se tradujo en unos asumibles 1350 metros de desnivel acumulado medio para cada una de las etapas. Puede no parecerte mucho, pero esa es la media, día sí y día también. Raro es que no tengas alguna etapa que se vaya a los 2000 metros de desnivel acumulado. Y aquí, claro está, cada cual con su forma física y sus costumbres. Pero, recuerda, llevas carga (la que sea) encima.

Por último, aunque sé que soy un poco tiquismiquis con estas cosas, respeta al paisanaje. Son muchas las cicatrices de la historia en los últimos 120 años como para no tenerlo en cuenta. Te he explicado lo que para mí es un «paisanaje particular», pero no sé cómo se conformaría la cultura local del lugar en que vivo si hubiera pasado por semejantes barbaridades. Eslovenia a veces parece un país nuevo, que se está reconstruyendo desde finales del siglo pasado en una sociedad diferente a la que fue. Pero la historia pesa. Las fronteras de hoy puede que no sean las de mañana. La vieja Europa, como sucede en tantas otras partes, se dibuja como un complejísimo mosaico de culturas, de vencedores y vencidos, de idas y venidas, de avances y retrocesos. Eslovenia, parte de una Europa diversa y frágil.

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