Ya estamos en casa. Después de veinte jornadas de pedaleo por Eslovenia y otras dos por la región italiana de Friuli-Venecia Julia, vamos con el habitual post de balance de la ruta. Tomo como punto de partida algunos de los apuntes que ya realicé en el artículo anterior e incluyo mi selección de quince experiencias del viaje que se quedan con más fuerza en el recuerdo.
Desde Bilbao, la logística para pedalear por Eslovenia es relativamente sencilla: un vuelo directo a Venecia y desde allí puedes emplear tren (o autobús) para acercarte hasta la frontera eslovena. Yo elegí una ruta más o menos perimetral en sentido horario. Elegí obviar la capital, pero perfectamente se podía haber incluido. Porque, aunque parezca increíble (la orografía, claro está, engaña), Eslovenia es, en extensión, más pequeña que la provincia de Badajoz. Por eso, en el título del artículo, digo que es país «pedaleable».
Índice de contenidos
1. En el valle del Vrata, a los pies del Triglav
El Triglav es una referencia básica en Eslovenia. Es un monte presente en la bandera del país. Hasta ahí llega su relevancia. Con la bici no podemos hacer cumbre, pero sí llegar hasta sus pies por uno de los valles de acceso. En este caso, lo hicimos a través del Vrata.




2. La ascensión al Paso Vršič
Comenzamos en la curva de herradura número 1, a 911 metros sobre el nivel del mar. Tras 26 más llegamos al paso en la cumbre. Y 24 después estábamos abajo, al otro lado de la montaña. Mucho tráfico, una pena. Pero la historia detrás de este paso de montaña añade sentido épico y hasta dramático al espectacular entorno que nos rodea.







3. Las cabañas de los pastores en Velika Planina y Planina Zajamniki
Arriba en los prados alpinos, las tradiciones se mantienen. Los pastores siguen conservando sus cabañas. Sí, claro, ahora se mezcla con el ocio y aparece como destino turístico de montaña. Imposible no sucumbir al encanto de sus tejados y a lo irreal de su presencia en nuestro mundo contemporáneo.




4. Fronteras que no lo son
Eslovenia es un país que nace en 1991. Hoy las fronteras delimitan pasos que implican tránsitos entre diferentes estados. Pero la historia es compleja. Lo que vemos como frontera puede que deje de serlo. O, al revés, que hay quien piense que cuanto más altas e infranqueables, mejor. Motivo de reflexión.





5. La subida interminable
Nuestro GPS se empeña en decir que deben ser 1333 metros de desnivel los que hay que superar. Así pues, paciencia. Desde Ajdovščina todo es subir. Poco a poco, curva a curva, kapelica a kapelica, el valle queda detrás y ascendemos para entrar en el mundo de los bosques. Subir es un placer. Lo mires por donde lo mires.





6. Kapelicas por doquier
Eslovenia son sus kapelicas. A cientos, a miles. Son consustanciales al país. En la bici van pasando despacio. Las hay humildes y las hay más pretenciosas. Las hay con fuente y sin ella. Las hay escondidas y las hay expuestas sin complejos. Son parte del paisaje. Están donde deben estar. Para que no olvides de que siempre hay un motivo.







7. Las iglesias rurales fotogénicas
Levantas la mirada y allí aparece. No puedes dejar de observarla. Es un faro en este territorio de orografía complicada. La torre se eleva en el promontorio en busca del cielo. Muchas veces con una leyenda que explica por qué. Por qué está donde está. No lo olvides, siempre hay un motivo.



8. Paisaje ondulado
A veces el paisaje se vuelve amable e invita a pedalearlo despacio. Los caminos se dibujan en la pintura. El verde juega su rol de contraste. Sinuosa, la ruta va trazando curvas para llevarte hasta otro lugar. Detrás de ese bosque, al otro lado de la colina. Todo fluye.



9. Valles de fantasía
Las montañas, al fondo, se dejan querer. Mientras, el valle se abre y sirve de alfombra para fluir hacia el destino. Sabemos del origen glaciar. Pero nuestra pequeña dimensión temporal humana no es capaz de comprenderlo del todo.






10. Lagos icónicos
Los hay con una isla en medio y los hay más escondidos. Los hay que son solo momentos de calma al servicio de unos ríos que necesitan descanso. Ríos que juegan a ser lagos y que se añaden a quienes traen en origen esa condición. Las aguas, tranquilas, se convierten en espejos. A su alrededor, todo quiere verse reflejado allí.





11. La Primera Guerra Mundial


Las Batallas del Isonzo se convirtieron en drama. Como todas las batallas. Pero quizá las hay que lo son más simplemente porque el entorno en que se producen añade crueldad. Lo que hoy son paisajes de ensueño fueron el escenario de una guerra que, sobre todo, dejó muertos. Miles, cientos de miles. No, millones. Se calcula que en Europa murieron entre 15 y 20 millones de personas. ¿Cómo pudo suceder? Pedaleamos por tierras manchadas de sangre para siempre.
12. Soča, el río esmeralda
¿Olvidado el drama de lo que aconteció en el pasado? El río Isonzo se convierte en Soča. Caporetto en Kobarid. El Puente de Napoleón deja ver el caudal de un río exquisito. Es el color, son sus colores. Esmeralda, verde, azul, cobalto. Imagina lo que quieras. Las aguas, las rocas, los puentes colgantes. Debajo, la adrenalina. ¿Olvidado el drama?



13. Bosques inmensos
Inmensos, ¿qué otra palabra emplear? Penetras en otra dimensión. Solo queda dejarse envolver por la magia. La bici es fantástica para avanzar árbol a árbol. El karst, sin embargo, se resiste. Aquí y allá aflora piedra que se rebela contra los troncos. Blanca, casi blanca, testaruda, solo anuncia que aquel es, también, su territorio.








14. Tadej Pogačar
Entre dos millones y medio de eslovenas y eslovenos, hay un chico que destaca. Tadej es un fenómeno único. Es el ciclista. El mejor de todos lo tiempos. Eddy Merckx está al caer de su pedestal. Si te gusta el ciclismo y vienes a Eslovenia, es difícil resistir la tentación: el pueblo de este chico queda ahí, un poco al norte del capital, a los pies, cómo no, de las montañas.



15. Bosques dramáticos
Los bosques también esconden dramas. Ahí queda la infamia. Los asesinatos masivos que conducen a fosas comunes aparecen en el camino como lugares imposibles. Pero la realidad se impone. Unos y otros; unos contra otros. Partisanos muertos y partisanos asesinos. Acción y reacción. De lo peor que puede suceder. El pasado es tremendo.




16. Alojamientos de montaña
Nada como encontrar esa cabaña que ofrece alojamiento y comidas. Sabes que las hay, pero a veces pierdes referencias y no es fácil ubicarse del todo bien. De entre todos los encuentros posibles, uno que destaca para apagar la sed, para ese momento reparador que llega cuando más lo necesitas.


17. Los túneles recuperados
Sí, Eslovenia es territorio minero. Y, como siempre, el ingenio humano tiene que buscar la forma en que trasladar el mineral. Los trenes fueron el recurso habitual. En una orografía complicada necesitaron perforar túneles. Hoy vuelven poco a poco a la vida después de años de abandono. No pasan trenes; pasamos ciclistas y peatones.



18. El pueblo-isla
Puentes de madera para entrar en un pueblo pequeño que luce el título de ciudad. Son solo dos calles rodeadas por un río que se ha empeñado en desdoblarse. ¿Son dos ríos o es uno solo con personalidad esquizofrénica? El caso es que Kostanjevica na Krki se hace un hueco en esta lista de recuerdos. Un monasterio reconvertido en centro artístico por donde pasa una vía del Camino de Santiago juega a su favor.


19. El silencio de los cartujos
Hay algo dulce y atractivo en el silencio. Quizá por la influencia de ruido en que vivimos. Un ruido que no solo sonido; un ruido que es volumen, exceso, cantidad. Por eso el monasterio de los cartujos, su cartuja, queda en la lista de lugares a los que acercarse. Simplemente para estar allí, para callar, para no hacer ruido. Para pasar y no dejar señal de que estuvimos.



20. Dos alojamientos especiales
Gostišče Veronika en Kočevje y Dobra hiša zdravja čičarija en Gojaki se suman a la lista de recuerdos. Una villa inspirada en un pabellón de caza real en Suecia y un alojamiento de montaña con Croacia al otro lado son dos maneras muy diferentes de ofrecer alojamiento. Pero comparten el encanto de que sientes que, por fin, estás en un lugar con sentido.




21. Abejas y puestos de caza
No supe de los colores de los panales de abejas hasta que un amigo que había estado por aquí antes me lo mencionó. Una curiosa historia para ayudar a que no se pierdan que se ha reconvertido en motivo de arte y cultural. Y, por otra parte, puestos de caza que son, a la vez, observatorios para fotografiar osos.






22. El lago que puede (o no) serlo
El karst tiene estas cosas. Ahí debajo se organiza todo un sistema para que en la superficie haya o no agua. Pero no un poco de agua, no. El lago más extenso de Eslovenia se multiplica por cero cuando llega el verano y las lluvias escasean. Una curiosidad que modifica el territorio según la época del año en que viajamos.

23. El mundo subterráneo del río Pivka
Las conocidas mundialmente como cuevas de Postjona son, en realidad, la consecuencia del trabajo que durante miles y miles de años ha llevado a cabo el río Pivka. Así que al César lo que es del César. Kilómetros y kilómetros de oquedades bajo tierra que crean un universo alternativo en el que, sí, también hay vida. El «pez humano» es capaz de vivir hasta cien años.



24. Carreteras amables
Por qué no mencionar el progreso. Lo hay. Lo hay en forma de respecto a la comunidad ciclista y a quienes van a pie. El asfalto no es solo para los coches. Por allí las bicis necesitan su espacio y los conductores de vehículos a motor deben tomar conciencia de que somos la parte más vulnerable.


25. Del verde al amarillo
Eslovenia pasa del verde insultante del bosque al amarillo de la hierba agostada que ve allá a lo lejos el mar. El Adriático cambia las reglas. El pequeño tramo de costa de Eslovenia queda al otro lado de los bosques. De repente, lo que era verde deja de predominar. Sí, hay otra Eslovenia.


En fin, Eslovenia ha sido, no hay duda, un destino muy goloso para el cicloturismo que practico. Espero que lo hayas disfrutado tanto como yo.
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6 comentarios
Muchas gracias por la crónica gráfica, Julen. Son fotones. Vaya viaje. Me has recordado el que acabo de hacer por las Dolomitas, pero con más soledad y recogimiento. Seguro que te lo has pasado pipa… ¡¡tú sí que sabes!! qué bonito es tener una pasión así. Ahora, a descansar en casita, a recuperarse, que tenemos una edad… jajaja
Jeje, ya estamos pensando en la siguiente ;-)
Cuidaos mucho por ahí, Amalio. Espero que hayas disfrutado de esos montañones.
Enhorabuena por el acierto, a seguir en el empeño mientras dure la cuerda
Seguimos y no nos cansamos jejeje. Un saludo, jovenzuelo.
Qué súper viaje te has preparado Julen, y qué disfrute poder seguir tus crónicas y fotos. Después de mi aventura portuguesa de junio, he estado más centrado en rutas senderistas, pero a ver si recupero un poco de pedaleo, y podemos encontrarnos en septiembre, como hablamos. Cuídate!!!
Pues sí, a ver si quedamos a la vuelta de agosto. A mi cuenta. Hay nuevos planes… ;-)