En marzo del año pasado publiqué un artículo en el blog de REDCA, la Red de Consultoría Artesana que titulé: Andar en bici para aprender sobre consultoría. Ahora hago aquí un ejercicio algo más amplio: vamos con un intento de conectar la bici, el cicloturismo y la gestión de las organizaciones. Luego, si quieres, me dices lo que opinas. Después de años y años de andar en bici, creo que la práctica del ciclismo nos puede servir como una potente metáfora para explicar ciertas prácticas y enfoques habituales a la hora de gestionar una organización. Por otra parte, el sector de la bicicleta conecta muy bien con algunas cuestiones relevantes de la gestión contemporánea, como la innovación de usuario, la gestión de comunidades y la estrategia territorial. Así pues, en este artículo comparto cuatro conexiones, pero puede haber muchas más.
Índice de contenidos
1. La bicicleta como una posible metáfora de la gestión de las organizaciones
El acto de pedalear y viajar en bicicleta ofrece paralelismos directos con la dirección de empresas y la gestión de proyectos. Por un lado, en un viaje en bici en el que haces una ruta de larga de distancia enseguida se evidencia la paradoja que enfrenta la estrategia emergente con la planificación rígida. Al igual que en el mountain bike (MTB), donde es fundamental anticipar mirando 10 o 15 metros por delante para sortear obstáculos inevitables, la estrategia empresarial requiere una actitud de anticipación constante ante la volatilidad del mercado, más que un plan estático. Aunque la planificación es necesaria (el ciclo PDCA), a menudo la realidad del viaje obliga a replanificar, sustituyendo la «P» de planificar por la de «pensar».
Nos sirve también la metáfora del equilibrio y el movimiento. La frase hecha de «si dejas de dar pedales te caes» plantea matices. Si tienes buen equilibrio puedes dejar de dar pedales. A veces, en la gestión, conviene «para máquinas». No hay por qué seguir el frenético ritmo de innovación constante que nos venden como mantra (puedes no estar de acuerdo, por supuesto). En la gestión, como en la bici, existe un equilibrio que permite no caer sin necesidad del frenesí de los tiempos actuales.
También podemos jugar el símil de lo individual frente a lo colectivo. El ciclismo es una excelente metáfora de la tensión entre la ambición individual y el éxito colectivo. En un pelotón, el ciclista debe «esconderse» e integrarse para ahorrar energía y triunfar, lo que refleja cómo el interés individual se sirve de la colectividad. Cuando sopla el viento podemos «protegernos» unos a otros.
Por último, relacionado con lo anterior, podemos hablar de la gestión del esfuerzo y sufrimiento. El cicloturismo, especialmente el de larga distancia, conecta con la cultura del esfuerzo y la superación. No obstante, conviene matizar este sentido épico del que a veces se rodea a determinadas rutas. No todo es épica y sufrimiento –muy asociado al modelo de «macho alfa» emprendedor que asume riesgos y busca la velocidad–, sino que también hay espacio para reivindicar el disfrute y el ritmo propio («rodar suave») como alternativa válida.
2. Innovación y modelos de negocio
El sector de la bicicleta ilustra perfectamente unas cuantas tendencias en management e innovación abierta. Si nos vamos al caso del MTB, siempre ha sido ejemplo palmario del modelo de innovación de usuario (Lead Users). Los usuarios apasionados (como la comunidad de la Orbea Oiz que analicé en mi tesis doctoral) poseen un conocimiento experto que a menudo supera o complementa al del propio fabricante. Las empresas deben aprender a integrar este conocimiento profano en sus procesos.
Por otro lado, el sector es un buen ejemplo de progreso en nuevos modelos de negocio. Se ha evolucionado desde la venta de producto físico hacia la economía de la experiencia y la servitización. Han aparecido también nuevos modelos de distribución online y las marcas se han apoyado en configuradores web para que las personas usuarias «jueguen» para encontrar su bici perfecta. Es evidente que la experiencia de cliente ha ganado mucho peso en lo que se ofrece al consumidor final. La aparición de concept stores puede darnos una pista: no solo se vende, sino que se ofrece formación y comunidad, frente a la venta directa online que elimina intermediarios.
Por último, la segmentación de mercado se abre paso hacia la personalización. Esto se puede apreciar en dos dinámicas diferentes. Por ejemplo, el cicloturismo no es homogéneo; es un mercado de nichos (carretera, MTB, gravel, eléctrico, familiar) que requiere estrategias diferenciadas, similar a la hipersegmentación en otros sectores industriales. Por otra parte, como decíamos en el párrafo anterior, el que se hayan habilitado configuradores online, como el MyO de Orbea, permite que cada persona usuaria intente definir su bici ideal, tanto desde el punto de vista estético como de los componentes que quiere para su máquina.
3. Gestión territorial y sostenibilidad
Las organizaciones, como la sociedad en general, viven en un determinado territorio por el que deben (pre)ocuparse. Y lo mismo, si elevamos la escala y miramos al hogar común: solo tenemos un planeta y hay que cuidarlo. El territorio físico es relevante y las organizaciones del sector de la bicicleta deben tenerlo en cuenta para encontrar su identidad. Los atributos de marca son fundamentales para posicionar en el mercado. El cicloturismo, por ejemplo, se analiza como un caso de gestión de un destino o territorio, enfrentando los mismos dilemas que una empresa ante el crecimiento.
Enseguida aparece el dilema entre volumen y valor. En la actualidad ya tenemos ejemplos de debates críticos entre buscar el crecimiento masivo de cicloturistas (con el riesgo de masificación y turismofobia) o apostar por un nicho sostenible y de calidad que aporte valor real a la comunidad local. En la zona de Alicante ya hay casos, pero también Girona. Es una buena reflexión: ¿llega un momento en que más es menos?
Por otro lado, si me voy a un caso que conozco bien, como el de Orbea, veo una gestión activa en torno a la identidad y la diferenciación con un anclaje importante en el territorio. Pero también lo veo al revés: un territorio debe definir su relato e identidad cicloturista para competir en un mercado globalizado. No basta con tener carreteras; hay que ofrecer una narrativa auténtica.
Por último, de mi experiencia en casos como la TransAndalus o la TransEuskalherria, hay mucho que debatir y de lo que aprender entorno a los modelos de gobernanza. En la ponencia que presenté en el último Congreso Ibérico de ConBici comparaba iniciativas públicas (planificadas desde la administración) frente a iniciativas ciudadanas colaborativas que surgen de la autoorganización y el trabajo voluntario, reflejando modelos de gestión distribuidos y participativos. Una organización que pretenda desarrollar un modelo sostenible de gobernanza no puede obviar la participación de las personas que trabajan en ella.
4. El «prosumidor» y la fusión entre lo personal y lo profesional
El cicloturista moderno puede encarnar muy la figura del «proKadsumer» de la que escribí hace unos cuantos años. Piensa en una persona que produce contenido (rutas, fotos, crónicas), pero que también consume productos del territorio por donde transita (alojamientos, comida, cultura) y que puede actuar como un prescriptor natural para su pequeña (o grande) comunidad de seguidores. En el enfoque de consultoría artesana con la que nos identificamos, siempre hablamos de la entremezcla de la pasión personal con la actividad profesional, convirtiendo la afición en un activo generador de contenidos y redes de contacto. Es un tema delicado. Siempre he sido contrario a abrazar de manera acrítica eso de «haz de tu pasión tu profesión». Encierra una perversión por la que lo profesional se puede acabar comiendo aquello de lo que disfrutamos «porque sí». Lo profesional siempre busca objetivos, retos y ambición. Lo personal se mueve en otro plano.
Aquel concepto viejuno de «proKadsumer», en el que «k» tiene que ver con conocimiento y «ad» con divulgación y promoción, me parece que continúa vigente. Alvin Toffler puso sobre la mesa el concepto de prosumer. Representan una (pequeña) parte del «público objetivo» de una organización. Pues bien, una chica o un chico que viajan en bici –léase chica/o como alguien de hasta 75 años por lo menos– pueden convertirse en buenos ejemplos de «clientes» con los que buscar complicidad. Si eres marca o territorio, tenlo en cuenta.
Bueno, hasta aquí, este pequeño artículo. Cada loco con su tema. En mi caso, viajes en bici y gestión de las organizaciones se han llevado buena parte de mi tiempo. ¿Cómo no iba a relacionarlos?
Descubre más desde Consultoría artesana en red
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

