Supongo que hay que tener cuidado con generalizar. Carlo M. Cipolla insistía en que la estupidez humana se reparte por igual, independientemente del colectivo que analices. Un matiz a esta ley tiene que ver, claro está, con el daño que la gente estúpida puede causar. No es lo mismo habitar en la ciudadanía rasa que ser el presidente de la CEOE (Confederación Española de Organizaciones Empresariales). Tu estupidez puede conducir a que mucha «ciudadanía rasa» lo pase mal.
Tampoco es lo mismo hablar de pequeñas y medianas empresas que de las grandes corporaciones transnacionales que operan en el IBEX35. La financiarización de la economía mundial pasa porque estos monstruos jueguen, por ejemplo, con la fiscalidad que mejor les resulte. Amazon te factura desde donde le da la gana. Google, Apple o Microsoft hacen lo mismo. Sus ejércitos de analistas se encargan de repartir la baraja. Hoy aquí, mañana allí. No soy de ninguna parte; soy de un mundo globalizado al que las geografías políticas me dan igual. Dinero es dinero.
Antonio Garamendi representa lo que cualquiera en su sano juicio pensaría sobre la élite empresarial. ¿Dónde naciste? En Getxo, Bizkaia. ¿Dónde estudiaste? En La Comercial de la Universidad de Deusto. ¿Qué se te ocurrió después de estudiar? Montar una fundación: la Asociación de Jóvenes Empresarios del País Vasco. ¿De qué forma crecer? Escalando hasta llegar a la Presidencia de la Confederación Española de Pequeñas y Medianas Empresas (CEPYME). ¿Cómo conseguir más poder? Siendo elegido Presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (que incluye a CEPYME). Todo normal y previsible. Un hombre con las cosas claras.
Y ahí estamos, con el líder de los empresarios, Garamendi, que actúa como el gran interlocutor de las compañías del IBEX 35 y las multinacionales, y también de las pymes. A Dios rogando, enfoca su discurso en la competitividad global, la seguridad jurídica y los mercados de capitales; y con el mazo dando, reivindica el papel de las pymes, cuyos problemas son radicalmente distintos y a menudo opuestos a los de las grandes corporaciones. El pulmón financiero de los gigantes empresariales absorbe cambios regulatorios o retrasos en los pagos. Una pyme lo ve como una amenaza directa a su supervivencia.
Pero este señor representa a todos. Si soy una pyme, ¿de verdad que la de Garamendi es la imagen que quiero para mi organización? Como no podía ser de otra forma, ha habido movimiento para escapar de semejante personaje. CONPYMES, o Confederación Nacional de Pymes, es una organización patronal que surgió en el año 2021. La idea es bien simple: desafiar el monopolio de representación empresarial que tradicionalmente han ostentado la CEOE y su filial CEPYME en España. O sea, escapar en buena parte de las garras del capitalismo extractivo, por llamarlo de alguna forma. Frente a este modelo definen lo que denominan un capitalismo inclusivo (sigue siendo capitalismo) en el que la pyme debe ser el centro de las políticas económicas. Esto pasa por pelear contra los hermanos grandes, que dilatan los pagos a sus proveedores más pequeños, por ejemplo. Además, abogan por una reforma en la contratación pública que facilite el acceso de los pequeños negocios a los contratos estatales, a menudo diseñados para grandes multinacionales. Por cierto, no conviene olvidar que las pymes y los autónomos representan el 99% del tejido empresarial y el 60% del PIB a nivel estatal.
El poder, por supuesto, está de la mano de la CEOE. Otra cosa no, pero los tentáculos del poder están bien trabajados. Antonio Garamendi está en el mundo para lo que está. Y maneja el argumento adecuado. Las grandes compañías actúan como un motor que arrastra y beneficia indirectamente a las pequeñas. Así pues, no te quejes, que todo esto es por tu bien. La ciudadanía, al final del proceso, sale también beneficiada. A costa de mayores desigualdades y con cierta parte de la población que no llega a fin de mes porque el salario, por supuesto, no se sube porque sí. Primero la empresa hace caja; luego ya se verá. Pero Garamendi, con sus 400 000 euros anuales de remuneración, se parte el pecho para la empresa gane el prestigio que se merece.
Un señor con las cosas claras. Un señor que representa el valor de la empresa en la sociedad contemporánea. Mira lo que dijo en la asamblea de 2025 de la CEOE para defenderse de, según se desprende de sus propias palabras, la mala fama que arrastran. Pobres empresarios.
No somos el ‘sospechoso habitual’. Los empresarios somos la solución. Crear prosperidad donde antes no había nada es un acto de compromiso social. La empresa es la mayor red de protección que tiene este país, y eso es puro humanismo: dar a la gente la capacidad de desarrollar sus proyectos de vida a través del empleo.
Sé que para gustos son los colores, pero un tipo así es lo más alejado del «empresario» que yo quisiera.
Imagen de Albrecht Fietz en Pixabay.
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