Turismo masificado, cicloturismo masificado

Mallorca como ejemplo de un modelo que empieza a ser fallido

by Julen

En enero de este año 2026 escribí Cuando el cicloturismo se convirtió en un problema y antes, en septiembre del año pasado otro artículo que titulé: ¿Debemos crecer en volumen de cicloturistas? Pues bien, ahora en estas dos semanas recientes de pedaleo por Mallorca y Menorca he tenido la oportunidad de sentir en mis propias carnes «el problema» al que hacía alusión. Nunca antes, en mi experiencia como cicloturista, había sentido –y padecido– un volumen semejante de ciclistas rodando por las carreteras. ¿Y ahora qué? ¿Este es el modelo de éxito a copiar, el que puede presumir de cantidades impresionantes de ciclistas que vienen a Mallorca atraídos por su clima, su orografía y sus paisajes? Todo ello, por supuesto, impulsado por las consabidas campañas de marketing.

El mal ejemplo del mirador de la Creueta

Mientras rodaba por allí, me topé con una de esas noticias que sirve como botón de ejemplo de hasta dónde estamos llegando: Una nueva moda entre ciclistas llena de residuos el mirador de la Creueta en Pollença. Hasta qué punto llega la masificación que incluso en Strava, este segmento se denomina: «To the Lookout before the traffic jam». Es decir, se da por hecho que al llegar al mirador, habrá ¡atasco de coches!

El mirador de la Creueta, uno de los enclaves más emblemáticos y fotografiados de la carretera de Formentor (Pollença), se ha convertido en escenario de una peculiar moda que ha despertado el malestar de numerosos vecinos de Pollença. Lo que para algunos ciclistas parece haberse convertido en una manera de dejar constancia de su paso por este privilegiado rincón de la Serra de Tramuntana, para otros no es más que una nueva muestra de incivismo. Y es que la barandilla del mirador ha comenzado a llenarse de plásticos, envoltorios de barritas energéticas, toallitas y otros pequeños residuos que los visitantes atan a la estructura a modo de recuerdo de su paso por el lugar.

Fuente: https://www.ultimahora.es/

Si buscas en Internet «modelo de éxito cicloturismo Mallorca» vas a encontrar numerosas publicaciones laudatorias. En cuanto llegas a la isla, si lo haces a través del aeropuerto, enseguida te das cuenta, al acercarte a la cinta de equipajes voluminosos, que no eres el único que está esperando su bici. A esto hay que añadir una extensa oferta de empresas de alquiler de bicis de todas las gamas que puedas imaginar. Por último, a medida que vas usando alojamientos, ves cómo casi todos tienen alguna solución pensada para guardar la bici e incluso encuentras servicios específicos.

Caracterización del cicloturista en Mallorca

Así, el fenómeno del cicloturismo en Mallorca hace tiempo que ha dejado de ser una actividad recreativa marginal. Hoy se ha consolidado como uno de los pilares estratégicos más rentables y transformadores del modelo económico balear. Así nos lo presentan. Cada temporada, la isla acoge a más de 150.000 cicloturistas que generan un impacto económico directo e indirecto superior a los 150 millones de euros anuales. Este flujo de deportistas no se distribuye de manera homogénea a lo largo de los doce meses, sino que se concentra con notable precisión en dos ventanas temporales muy concretas: la primavera, que abarca desde mediados de febrero hasta finales de mayo y aglutina cerca del 70 % de las llegadas anuales, y el otoño, centrado entre finales de septiembre y principios de noviembre. Esta estacionalidad inversa al turismo tradicional de sol y playa convierte al ciclista en un agente clave para la desestacionalización del sector servicios. Vamos, que viene que ni maná caído del cielo.

Se estima que entre el 60 % y el 65 % del total de visitantes ciclistas, corresponde al aficionado amateur centroeuropeo y británico. Alemania aportaría cerca del 40 % del contingente global, seguido muy de cerca por el Reino Unido con un 25 %. Luego hay que añadir Suiza, Austria, los Países Bajos, Bélgica y los países escandinavos. En términos demográficos, hablamos de una persona entre los 38 y los 62 años, mayoritariamente masculina, aunque la presencia femenina ha experimentado un ascenso constante hasta situarse en torno al 22 % de las reservas. Pero, según parece, aquí viene el segundo factor deseable: el colectivo en general se caracteriza por un estatus socioeconómico medio-alto o alto, con profesiones cualificadas, puestos de responsabilidad directiva o profesionales liberales. El gasto medio diario de este perfil ronda entre ¡los 160 a 190 euros por persona! Por supuesto, está bastante por encima del que suele registrar el turista vacacional de verano en el segmento familiar o de paquete cerrado.

La motivación fundamental de este cicloturista es el entrenamiento y la acumulación de kilómetros de fondo en condiciones meteorológicas benignas. Obvio, el clima es un factor decisivo. Mientras que en la Europa Central y del Norte los meses de febrero y marzo presentan temperaturas bajo cero, nieve o lluvias persistentes que confinan al ciclista al rodillo doméstico, Mallorca aparece como un paraíso en la tierra: ofrece más de 300 días de sol al año, temperaturas diurnas que oscilan habitualmente entre los 14 °C y los 21 °C en primavera, y una red de más de 2.000 kilómetros de carreteras secundarias y caminos rurales asfaltados en un estado de conservación excepcionalmente bueno. El patrón de estancia suele prolongarse entre siete y diez días, a menudo organizado a través de clubes locales, peñas ciclistas de empresas o grupos de amigos veteranos que planifican el viaje con meses de antelación.

En lo relativo a la logística, la zona de alojamiento predilecta se ubica en el norte de la bahía de Alcúdia y la Playa de Muro, donde se concentra la mayor densidad de hoteles especializados con certificación para ciclistas. Estos establecimientos han adaptado su infraestructura para ofrecer garajes cerrados y videovigilados con capacidad para cientos de bicicletas, talleres mecánicos equipados con herramientas profesionales y bombas de pie, zonas de lavado con desengrasantes biodegradables, menús de bufé hipercalóricos adaptados a las necesidades nutricionales del deportista y horarios de desayuno adelantados a las siete de la mañana. En este segmento masivo, entre un 55 % y un 60 % de los ciclistas opta por alquilar la bicicleta en destino a través de cadenas concesionarias locales que operan flotas de miles de unidades renovadas cada temporada. El alquiler de modelos de carretera de carbono de gama alta equipados con grupos electrónicos Shimano Ultegra o SRAM Force supone un coste de entre 180 y 250 euros por semana, una inversión que muchos prefieren asumir para evitar el sobrecoste de facturación aérea de las maletas rígidas, los riesgos de rotura en las bodegas de los aviones y el desmontaje mecánico en destino.

El segundo perfil de gran relevancia es el participante en marchas cicloturistas multitudinarias y competiciones de resistencia, cuyo máximo exponente es la marcha internacional Mallorca 312, que congrega a más de 8.000 dorsales procedentes de más de 60 nacionalidades cada año a finales de abril. A este perfil se suman los triatletas que acuden al Ironman 70.3 de Alcúdia o al Challenge Peguera. El competidor de la Mallorca 312 es un ciclista con una preparación física sobresaliente, habitualmente entre los 30 y los 50 años, con un volumen de entrenamiento anual superior a los 8.000 o 10.000 kilómetros. A diferencia del turista de alquiler, este deportista viaja en más de un 80 % de los casos con su propia bicicleta en maletas de transporte rígidas o semirrígidas acolchadas, dado que rehúye cualquier variación milimétrica en la biomecánica de su posición sobre el sillín para afrontar desniveles acumulados de más de 5.000 metros en una sola jornada. Su estancia es más corta pero intensa, de cuatro a cinco noches, y su nivel de gasto específico en nutrición deportiva, suplementación, fisioterapia y servicios de puesta a punto de última hora es muy elevado.

Un tercer segmento emergente, impulsado en los últimos cinco años, es el ciclista de gravel y cicloturismo de aventura. Este perfil, de edad media ligeramente inferior situada entre los 28 y los 45 años, busca una experiencia más alejada de la masificación de las carreteras principales. Combina tramos de asfalto secundario con la vasta red de caminos rurales sin pavimentar del centro y levante insular. Le gusta explorar los caminos de herradura del Pla de Mallorca y las pistas costeras autorizadas. Viajan en parejas o en pequeños grupos de tres a cuatro personas, diseñan sus propios tracks y tiran de bikepacking en sus bicis. Este colectivo muestra un interés especial por el patrimonio cultural, los agroturismos de interior y la gastronomía autóctona. Llevan a cabo estancias itinerantes en pequeños hoteles rurales distribuidos por municipios como Sineu, Algaida, Llubí o Porreres.

Por último, durante los meses de invierno, particularmente entre diciembre y febrero, la isla se convierte en la sede operativa de la pretemporada del pelotón internacional profesional. Escuadras de la máxima categoría UCI WorldTour y ProTeams trasladan a sus plantillas completas, directores, mecánicos, masajistas y camiones de logística técnica para concentraciones de dos o tres semanas. Los corredores profesionales aprovechan la orografía escarpada de la Serra de Tramuntana para sumar entrenamientos de cinco a siete horas diarias. Puertos míticos como el Coll de Femenia, el Coll de Sóller, el Puig Major con sus más de catorce kilómetros de ascensión continuada y, muy especialmente, la emblemática carretera de Sa Calobra con su nudo de corbata de 270 grados y un 7 % de pendiente media a lo largo de casi diez kilómetros, constituyen el banco de pruebas idóneo para calibrar los vatios y afinar el peso antes de la disputa de la Challenge Ciclista a Mallorca y las grandes vueltas por etapas europeas.

¿Qué podemos encontrar en común en toda esta gente? Quizá la práctica social que define la identidad del cicloturismo mallorquín es la obligada parada a media mañana o parada para el café en las plazas centrales de los pueblos de interior. Lo vi con mis propios ojos en enclaves como la plaza de Petra, pero sé de otras como la plaza mayor de Alaró o los cafés de Maria de la Salut, que se transforman cada mediodía en puntos de encuentro donde se alinean simultáneamente cientos de bicicletas de alta gama valoradas en más de 6.000 euros cada una. El consumo masivo de café con leche, zumos de naranja recién exprimidos con cítricos del valle de Sóller y porciones de repostería tradicional como el gató de almendra o la coca de trampó canaliza directamente los recursos económicos del turismo internacional hacia las economías agrarias y comerciales de la Mallorca interior. Esto es lo que nos venden, incluso, como punto de conexión con la economía local.

Pero no es oro todo lo que reluce

¿Modelo de éxito? Difícil negarlo, ¿no te parece? Pero no se puede olvidar algún que otro efecto perverso. Por ejemplo:

  • La saturación y colapso de la red viaria secundaria. Durante los meses de primavera (marzo a mayo), las carreteras secundarias del Pla, algunos pasos de montaña de la Serra de Tramuntana o el Cap de Formentor se convierten en cuellos de botella. Yo solo lo he sentido en Cap de Formentor, pero cuando hablaba con gente de la zona, todo el mundo coincidía en que en primavera llegaba la marabunta. ¿Qué sucede si coinciden grandes pelotones rodando a baja velocidad con vehículos de reparto, autobuses de línea, furgonetas de alquiler y residentes locales que necesitan desplazarse por motivos laborales? Frustración y peligro.
  • Accidentalidad y presión sobre los servicios de emergencia. La estadística comienza a evidenciar que se saturan periódicamente los servicios de ambulancias, las unidades de rescate en montaña y las áreas de urgencias traumatológicas de los hospitales comarcales (como el Hospital de Manacor o el de Inca). Los recursos médicos públicos se desvían hacia la atención de deportistas no residentes.
  • El conflicto de convivencia y la pérdida de tranquilidad vecinal. Pueblos tranquilos del interior que históricamente vivían al margen del turismo de masas (como Petra, Sineu, Algaida o Bunyola) ven sus cascos históricos y plazas transformados durante horas en aparcamientos improvisados de cientos de bicicletas. Muchos residentes critican el ruido, la ocupación abusiva de terrazas y espacios públicos peatonales, y ciertas conductas incívicas de grupos que no respetan las normas de circulación.
  • El considerable impacto ambiental y la presión sobre espacios protegidos. La Serra de Tramuntana está catalogada como Paraje Natural y es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. La afluencia desmedida de miles de deportistas diarios en sus carreteras genera problemas de basuras (envoltorios plásticos de geles, cámaras pinchadas y bidones arrojados a las cunetas), degradación de márgenes rústicos y una creciente intrusión del gravel y la bicicleta de montaña en pistas forestales y senderos protegidos donde la erosión del suelo y la alteración de la fauna local están prohibidas o restringidas.
  • La concentración económica y la «falsa» desestacionalización para quienes trabajan en el sector. Aunque el modelo genera ingresos brutos muy elevados, la mayor parte del beneficio queda concentrada en las grandes cadenas hoteleras del norte/bahía de Alcúdia, los turoperadores especializados extranjeros (suizos y alemanes) y las grandes empresas de alquiler de flotas de bicicletas. Por el contrario, los efectos negativos (tráfico, degradación de vías, saturación) los asume toda la comunidad local, mientras que el empleo generado para los trabajadores locales en hostelería a menudo sigue marcado por contratos de temporada y una carestía habitacional que el turismo en general agrava en la isla.

¿Y ahora qué?

Siendo sincero, yo particularmente veo muy complicado el progreso para que ciclistas y comunidad local sientan que forman parte de un territorio que deben necesariamente compartir y cuidar. Mallorca está al límite y el cicloturismo parece que ha aparecido como una válvula de escape y un idolatrado ejemplo de «otro tipo de turista». Esta alternativa nos deja más dinero, se le supone un comportamiento más cívico y nos ayuda a desestacionalizar. ¿Qué puede tener de malo? El volumen. De nuevo la cultura del exceso lo estropea todo.

Una ruta maravillosa desde Port de Pollença hasta Cap de Formentor se transforma en un pedaleo tenso, con coches, motos y miles de bicicletas. Somos demasiada gente pedaleando por el mismo camino. Y allí ves de todo, porque entre tanta gente, la estadística no perdona. Vas a ver comportamientos incívicos por parte de quienes conducen los coches (los más peligrosos), pero también de quienes vamos pedaleando. Hay ciclistas que no entienden que un tramo hipersaturado no van a poder desplegar su maravilloso estado de forma. Tienes que dejar los watios para otro sitio. Con este tráfico, debe primar la prudencia. Por la carretera vas a ver incluso a familias con niños pequeños. Yo, visto lo visto, no lo haría nunca. Pero la percepción de peligro es relativa y cuada cual decide de acuerdo con su modelo mental.

¿Cómo desescalar el cicloturismo en Mallorca? Soy pesimista. Ahora mismo no recomendaría ir a pedalear a Mallorca si lo que buscas en tu ruta cicloturista es tranquilidad y disfrutar del paisaje. Me temo que no vas a poder hacerlo. Además, los precios se han disparado. La relación calidad/precio ha caído si lo comparo con otros lugares. Cierto tipo de cicloturista europeo tiene dinero y no es cuestión de perder a ocasión. Servicios cicloturistas a precios de cliente europeo. Es lo que hay.

No, no recomendaría Mallorca como destino cicloturista.

Nota.- Partes de este artículo están apoyadas en información obtenida mediante IA.


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