13 Día de descanso y visita a Palma #MallorcaMenorcaEnBici

Ruta corta para degustar caminos que nos regalan estupendas vistas al mar

by Julen

Mi idea inicial era dar hoy un paseo por las urbanizaciones que quedan al sur de S’Arenal, pero la lista de achaques que me acompañan es demasiado larga como para no caer en la tentación de dejar la bici aquí quietecita en mi alojamiento y dedicar la mañana a visitar Palma. Pero cuando escribo esto aún es jueves…

Son las nueve de la noche. Estoy sentado en el balcón de mi habitación. Como ya te comenté, el Hostal Atlanta tiene su mérito porque aguanta en un edificio que, como me decía el dueño, exige mantenimiento intensivo. Los años son los años y cuando no es una humedad, es un cliente que se ha puesto borde a exigir lo que no debe. No debe de ser tan fácil hacer el negocio rentable. Y eso que aquí en el Atlanta los precios, sin ser baratos para cómo están las instalaciones, son al menos dignos. En la zona están disparados. La relación calidad/precio está por los suelos.

La oferta es la que es

Debajo, a la izquierda, queda el Rififi Cantó Cafè Takeaway. Los luminosos muestran una hamburguesa, unos huevos fritos con jamón, una sepia a la plancha, unos boquerones o también unos calamares a la romana. Solo tiene unas pocas mesas dentro. No hay nadie. Takeaway, ¿no? Un segundo cartel añade matices a la oferta: PASTA PIZZA DONER HAMBURGER.

Siguiendo por la misma acera, queda el enésimo supermarket. Enésimo Low Price. Lo atiende un chico que ha hecho pleno: las dos veces que me ha cobrado se ha equivocado. Cosa de cinco céntimos en ambas, una hacia arriba y otra hacia abajo. Tendré que ir a por el desempate. El supermarket, por supuesto, no necesita nombre alguno. Es universal. Supermarket Low Cost.

En la misma manzana, a continuación, queda el Restaurante Pizzería Madrid. Sus luminosos juegan con la misma base cromática de los vecinos: letras rojas sobre fondo AMARILLO. Ahora está muy animado. Hay una mesa con los típicos aborígenes hablando a voz en grito y con carcajadas para todos los gustos. El restaurante lo atiende un señor español muy español y no sé cuántos pakistanís, turcos o lo que sean. Esto lo digo desde mi ignorancia y solo teniendo en cuenta sus rasgos físicos. Por debajo de «Restaurante Pizzería Madrid» pone también: COCINA MEDITERRÁNEA. En un lateral dan más pistas: TURCO KEBAB PIZZA.

Por último, otro supermarket low price. Esta vez, por aquello del aire cosmopolita, han decidido llamarlo Berlín. Lo atienden colegas del que no tiene nombre. Quizá hasta son el mismo negocio. Bueno, todo es lo mismo, ¿no?

Por supuesto, esto no es Mallorca. Pero también es Mallorca. En el registro del turismo ramplón S’Arenal lucha por estar en el podio. Si vienes a pedalear a Mallorca será difícil evitar los encuentros con este modelo turístico. Tenlo en cuenta. A lo mejor tengo la piel muy fina con estos asuntos, pero, por si acaso, yo te aviso.

Palma, vivienda digna y turistas por doquier

El 506 nos deja en menos de media hora en la Intermodal de Palma. El día sale agradable. Lástima que yo lleve conmigo mis achaques. Justo frente a la estación queda la acampada por la vivienda digna. Menos mal que hay quien lucha y reivindica la necesidad de organizarse frente a esta barbarie de agresión global en que se ha convertido el precio de la vivienda. El negocio de la vivienda no puede continuar siéndolo a costa de quienes son más vulnerables.

Me acerco hasta una plaza en la que hay varios establecimientos relacionados con la bici: el Café Cycliste, una tienda de Rapha y un servicio de alquiler.

Bajo poco a poco hacia la Seu. Me dejó llevar por las calles del centro histórico. Poco a poco, a medida que avanza el día, los turistas somos multitud. Las tiendas de souvenirs ocupan su espacio con una oferta que se repite mil y una veces a los mismos precios. Los edificios históricos, no obstante, marcan también su impronta. Incluso hay comercios que se empeñan en hacerse querer, como La Pajarita, una histórica bombonería y tienda de delicatessen famosa por mantener su fachada tradicional y su actividad artesanal nada más y nada menos que desde 1872.

Llego a la Seu. Los caballos a la puerta parecen un poco ajenos al ajetreo, con sus dueños (o lo que sean) a la caza de turistas a los que montar en sus coches. Enfrente, en la bahía, dos megacruceros dan fe de dónde estamos.

Vuelvo poco a poco hacia la Intermodal. La acampada sigue allí, con su programa de actividades. Un jubilado, ya mayor, les da ánimos. Seguro que estas islas de las que nos vamos mañana son uno de los ejemplos más palmarios de hasta dónde nunca debimos llegar.

De vuelta en S’Arenal aprovecho para hacer algunas compras. Echo mano de la oferta de souvenirs. Pura artesanía asiática. Los calcetines que en Palma estaban a diez euros aquí andan a siete. Y así con todo. No sé, entro en una especie de desasosiego. Me retiro. Mañana nos volvemos en un vuelo que sale a las 20:50. Seguramente el domingo o el lunes publicaré un post de balance.

Gracias por leer.

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