Es evidente que un día de estos no íbamos a encontrar con un artículo de este estilo: Pueblos y conductores de Alicante declaran la guerra «a esa plaga de miles de cicloturistas y equipos profesionales que son una vergüenza molestando, vacilándote y poniendo en peligro a todo el mundo». Los argumentos son muy sencillos: un clima estupendo (cuando no hay DANA de por medio), carreteras sinuosas que ofrecen diversidad y ciclistas profesionales que actúan como imanes para que más y más gente vaya a pedalear por allí. ¿Para qué más explicaciones de algo que era absolutamente previsible? Ya lo anticipaba en septiembre del año pasado: ¿Debemos crecer en volumen de cicloturistas?
Me temo que flaco favor hace el mismísimo Tadej Pogačar a la causa. Si consigue un nuevo récord en la subida al Coll de Rates, la consecuencia es directa: el efecto llamada provoca un volumen de cicloturistas que las carreteras y los vecinos no parecen poder soportar. Y cuando la estadística se dispara nadie puede evitar comportamientos incívicos. Son un pequeño porcentaje. Pero si el número total es alto, ya tenemos un problema donde antes no lo había.
El «paraíso ciclista» se convierte en un «infierno» para la comunidad local. Y mira que me siento cicloturista por los cuatro costados. Pero no puede ser que carreteras pensadas para un cierto tráfico (de vehículos y ciclistas) se vean sobrepasadas por un ejército de cicloturistas que quieren emular a sus ídolos. ¿Acabaremos por poner limitaciones de acceso? Pues fíjate que no sería mala idea: un simple contador que, al de cierto número de ciclistas, cerrara el paso «hasta nueva orden».
¿Soy demasiado beligerante con el cicloturismo de masas? Si soy sincero, me da un poco de miedo ir contra algo tan «sano» a priori como bicis frente a coches. Pero si me pongo en el lugar de quien tiene que repartir mercancía por esos pueblos del interior de Alicante, enseguida entiendo el problema que percibe. Insisto, el problema es el volumen. En este caso, además, los equipos profesionales pueden ir acompañados de sus coches de apoyo. No es el problema de la bici, también del coche que acompaña a la bici.
No hace mucho se supo también que un grupo de diez ciclistas del equipo Groupama-FDJ había sido multado por saltarse un semáforo en rojo en Llíber, un pequeño municipio al norte de la provincia de Alicante. Pues apaga y vámonos. Porque si los equipos profesionales que entrenan dan este tipo de ejemplo, ya tenemos más leña en el asador. De hecho, otras noticias recogen que llegaron a ser treinta ciclistas los que finalmente fueron sancionados. No pinta nada bien el asunto.
No sé hasta dónde llegará la queja en esta zona de Alicante y qué capacidad real tendrán de hacer evidente el problema. Porque las instituciones hacen su trabajo para presentar el territorio como «paraíso ciclista». En general, toda la costa mediterránea de la península parece haber entrado en efervescencia como destino cicloturista: desde Girona hasta Málaga cada cual busca su hueco para competir en el mercadeo del cicloturismo. Toca hacérselo mirar.
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