05 Port d’Alcudia – Ciutadella – Cala en Porter #MallorcaMenorcaEnBici

Primera etapa por Menorca y su famoso Camí de Cavalls

by Julen

A las 8:30 parte el barco que, en hora y cuarto, hace la travesía entre Port d’Alcúdia y Ciutadella. En la tarjeta de embarque indican que hay que estar hora y media antes. Así que para las siete estamos… esperando. El barco va engullendo más y más coches. Las bicis somos las últimas en entrar. Así que disfrutamos de 70 minutos de espera como un bobo mirando cómo para Balearia no somos, desde luego, prioridad. Por cierto, no he visto entrar ningún camión. Será que el barco no los admite. Dejo la bici donde me indican, subo a la zona de butacas y a dejar pasar el rato. Hay muchísima gente en el barco. Creo que es la única opción a primera hora. Quizá por eso el nivel de ocupación. El día está ya ha amanecido. Menorca nos espera.

Le sigo dando vueltas a la marabunta de ayer camino del Cap de Formentor. Un ejemplo palmario de turistifación, incluidas las bicis. Este modelo nos conduce a la mierda, dicho mal y pronto. En fin, supongo que Menorca jugará en otra liga. ¿Seguro?

Menorca

Esta es la isla más oriental y septentrional del archipiélago balear. Sus 700 kilómetros cuadrados muestran un relieve suave cuya máxima altitud es el Monte Toro, con 358 metros. Por supuesto, allí subiremos. Y hoy mismo, para qué esperar. Desde 1993, la totalidad de su territorio ostenta la distinción de Reserva de la Biosfera por la UNESCO. El motivo es el reconocimiento a la preservación de sus ecosistemas litorales, sus zonas húmedas, como el Parque Natural de s’Albufera des Grau, y la sostenibilidad de sus paisajes rurales tradicionalmente delimitados por miles de kilómetros de muros de piedra en seco.

Si en Mallorca estuve dos veces antes de emprender este viaje, en Menorca mi recuerdo es un poco más reciente, aunque no mucho. Vine con la familia en coche desde Barcelona –sería hace unos 25 o 30 años– y recuerdo que me traje la que fue mi primera bici de montaña, una Orbea de aquellas de la época: cuadro de cromoly, tres platos, frenos de cantilever y un peso exagerado. He estado hurgando en mi memoria, pero no queda mucho de aquel viaje, a excepción de unas cuantas fotos.

Menorca se suele presentar dividida en dos zonas. La parte norte, conocida como Tramuntana, destaca por una geografía abrupta de rocas oscuras, vegetación moldeada por los vientos septentrionales y calas de arena rojiza como Pregonda o Cavalleria. Por el contrario, la zona sur, denominada Migjorn, es, en gran parte, una plataforma de piedra caliza de tonos claros surcada por profundos barrancos que desembocan en calas de arena blanca y aguas turquesas rodeadas de pinares, entre las que se encuentran Macarella, Turqueta y Mitjana como parte de una lista muy larga.

Pero Menorca está también en el mapa por su patrimonio histórico. En concreto, destaca por la abundancia de restos arqueológicos de la cultura talayótica, desarrollada entre la Edad del Bronce y la Edad del Hierro, e inscrita en el catálogo de Patrimonio Mundial de la UNESCO. Navetas de enterramiento como la de Tudons, poblados con torres talayóticas y recintos con taulas distribuidos por toda la isla atestiguan esta ocupación prehistórica. ¿Sabías que Menorca se hizo de rogar? Fue la última gran isla del Mediterráneo en estrenar población, allá por el 2100 a. C. Esto significa que los menorquines se saltaron el Paleolítico y el Neolítico de un plumazo. ¡Directos a la acción! Su Prehistoria duró nada menos que dos milenios, extendiéndose hasta que los romanos desembarcaron en el 123 a. C. para poner orden.

Pero, ¿de dónde salieron estos intrépidos colonos? Vinieron huyendo de las trifulcas del sur de Francia y el norte de Cataluña. Traían en la mochila la costumbre de hacer dólmenes, pero al pisar la isla la inspiración se les disparó y se vinieron arriba con la arquitectura. En lugar de conformarse con lo básico, construyeron como si no hubiera un mañana. El resultado es un auténtico parque temático megalítico con más de 1500 yacimientos catalogados: unos 300 gigantescos talayots, unas 30 navetas y otras tantas taulas exclusivas. Semejante fiebre constructora entre el 850 y el 550 a. C. dejó un legado sencillamente monumental. ¿Y Mallorca? Bueno, los mallorquines también lo intentaron, pero en cantidad y tamaño, los talayóticos de Menorca les ganan la partida por goleada.

El siglo XVIII fue un no parar

Muchos siglos después, se encontraron, no obstante, con un problema: su posición estratégica en el Mediterráneo occidental motivó sucesivas dominaciones extranjeras en la Edad Moderna. Ahí destaca la presencia británica durante el siglo XVIII, cuya huella es visible en la arquitectura de Maó, en fortificaciones como el castillo de Sant Felip… y en la introducción del consumo de ginebra. Este siglo XVIII es un festival de idas y venidas en cuanto a quién «domina» la isla. Te hago un resumen para que te hagas una idea del follón que se monta a lo largo de ese siglo.

  • 1708: Conquista británica con la Guerra de Sucesión Española. En el contexto de la Guerra de Sucesión Española, las fuerzas anglo-holandesas en nombre del Archiduque Carlos conquistan la isla. Las tropas británicas toman el castillo de San Felipe en la boca de Maó. British Power!
  • 1713: Tratado de Utrecht y Primera Dominación Británica. España cede formalmente la soberanía de Menorca (junto a Gibraltar) a la Corona Británica. Se traslada la capitalidad de Ciutadella a Maó y se inicia un periodo de gran desarrollo comercial, urbanístico y militar bajo el mando de gobernadores como Richard Kane. Todo parece encarrillado hasta que…
  • 1756: Toma francesa con la Guerra de los Siete Años. Al estallar esta guerra, las tropas francesas dirigidas por el duque de Richelieu desembarcan en Ciutadella y sitian la fortaleza de San Felipe. La escuadra británica enviada a auxiliar la isla se va a la mierda (con perdón) en la Batalla de Menorca, iniciando la Dominación Francesa (1756-1763), periodo en el que se funda la población de Sant Lluís. Mon dieu, nous sommes françaises!
  • 1763: Tratado de París y Segunda Dominación Británica. Tras finalizar la Guerra de los Siete Años, Francia devuelve la isla de Menorca a Gran Bretaña a cambio de la recuperación de sus colonias en Guadalupe y Martinica. Serán capullos, que usan la isla como moneda de trueque.
  • 1782: Recuperación española por el Duque de Crillon. Durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos (en la que España apoya a los colonos americanos contra Gran Bretaña), una expedición hispano-francesa capitaneada por el duque de Crillon rinde la fortaleza de San Felipe el 5 de febrero de 1782. Parece que aquí comienzan los cánticos: ¡Yo soy español, español, español!
  • 1783: Tratado de Versalles (Retorno a España). Gran Bretaña reconoce oficialmente la soberanía española sobre Menorca. Para prevenir futuras ocupaciones enemigas, el rey Carlos III ordena la demolición de la gran fortaleza de San Felipe. Esto parece que, ahora sí que sí, se consolida.
  • 1798: Reocupación británica con la Guerra contra la Francia revolucionaria. En el marco de las guerras napoleónicas y tras la alianza de España con la República Francesa, tropas británicas comandadas por el general Charles Stuart desembarcan en la isla y logran la rendición española sin apenas resistencia (Tercera Dominación Británica). Joooooder, otra vez al fish and chips.
  • 1802: Paz de Amiens y devolución definitiva a España. Mediante la firma del Tratado de Amiens entre Gran Bretaña, Francia y España, la isla de Menorca es devuelta definitivamente a la Corona española (a cambio de la cesión de Trinidad en el Caribe a los británicos). Las tropas inglesas evacúan la isla en junio de 1802. Cae el telón, The End, ¿cómo se titula esta película?

Diossssss, un sinvivir. Así no hay manera de sacarse un DNI con garantías. Si quieres verlo con un poco de gracia (está en catalán), echa un vistazo a este vídeo corto.

Venga, volvemos a 2026. Las dos poblaciones mayores de la isla hoy en día son Maó y Ciutadella. En total viven unas 100000 personas, pero en verano pueden llegar a duplicarse o triplicarse. Maó, la capital administrativa, alberga uno de los puertos naturales más grandes del mundo, y Ciutadella, antigua capital insular, presume de su casco histórico de origen medieval y señorial. La economía insular combina el sector servicios y el turismo con la ganadería vacuno-lechera destinada a la elaboración del queso con Denominación de Origen Mahón-Menorca y la industria del calzado artesanal. Supongo que esto de la ganadería y el calzado es por decir que no solo viven del turismo. Ya, nos lo creemos.

Primer contacto con el Camí de Cavalls

Para quienes nos gusta la bici de monte, Menorca es relativamente conocida debido al Camí de Cavalls, del que ya escribimos algunas cosas cuando presentamos esta ruta cicloviajera. Hoy forma parte de la red de Caminos Naturales. Este GR223 no siempre es fácilmente ciclable. De ahí que haya indagado un poco para decidir qué tramos son más sencillos. Porque, sí o sí, venirse a Menorca con una bici de montaña obliga a transitar por este camino histórico. Si no, me echan del club.

Nuestro bautismo en el Camí coincide con el tramo número 11 de los 20 en que nos lo presentan en la web oficial. Ten en cuenta que la división en tramos está pensada para los senderistas.

Este tramo, de relieve prácticamente plano, discurre por la parte meridional de la costa de poniente de la isla. El camino comienza en el puerto y cruza Ciutadella, la ciudad más occidental de la isla de Menorca. No dejaremos el asfalto hasta que abandonemos cala Blanca, a 4 km del inicio de la etapa. Esta playa de arena blanca y fina, está rodeada de unos acantilados bajos, en cuya acera crece una abundante vegetación dunar. En el fondo de esta playa se localizan los restos de una naveta de habitación, construida durante el período pretalayótico (2000-1500 aC), muestra representativa de los primeros asentamientos humanos de la isla. A medida que vayamos haciendo camino, podremos observar una gran diversidad paisajística, que nos ofrecerá la oportunidad de apreciar diferentes tipos de vegetación. Otra vez destacaremos los chapuceros, unos característicos arbustos endémicos capaces de desarrollarse en los terrenos costeros pobres y sometidos a la saladura. Si hacemos esta ruta durante la primavera, la naturaleza nos obsequiará con la presencia de plantas en floración, las orquídeas destacan de las demás por sus intensos colores. Nuestro camino se dirige de nuevo hacia el interior, donde merma la influencia del mar en la vegetación, así podremos observar el creciente protagonismo del bosque.

Efectivamente, tras Cala Blanca afrontamos algo más de cuatro kilómetros por el Camí hasta llegar al entorno del Faro de Artrux, Cala en Bosc y Son Xoriguer. El Camí, claro está, se interrumpe como tal cuando se topa con tramos de costa urbanizados. Este es el caso. Cinco kilómetros después lo retomamos para dirigirnos a una de esas calas de postal tan características de esta isla: Cala Turqueta.

Lo digo así, tal cual, como si rodar en bici por el Camí fuera cosa de todos los días. Creo que me habré bajado de la bici y luego vuelto a montar un par de millones de veces. Tirando por lo bajo. Buff, es matador. Con las suspensiones abiertas y con la presión baja para no pellizcar la cubierta hemos intentado pasar con dignidad, pero no hay manera. No es para mí. Los aproximadamente veinte kilómetros del Camí de hoy me han dejado destrozado. Tengo que pensar si merece la pena meter más tramos en los siguientes días. Toca revisar ruta.

Calas de ensueño

Sí, no lo niego. La web oficial nos dice de este siguiente tramo por el Camí de Cavalls lo siguiente:

En esta ruta podremos admirar la belleza del extremo más occidental de la costa meridional de la isla. El relieve prácticamente plano de este recorrido nos ofrece la oportunidad de disfrutar de un plácido paseo en la orilla del mar. Una vez dejamos atrás la urbanización del Son Xoriguer, iremos encontrando un paisaje constituido por la combinación de amplios roquedales y de las suaves depresiones de las pequeñas calas que se van sucediendo a lo largo del recorrido. Se trata de un ambiente diferenciado donde quizás con un poco de suerte, podemos observar varias aves acuáticas como las que se encuentran en la zona húmeda del prado de Bellavista, cercano a Son Saura. Comprobaremos también, la estrecha relación que mantiene el mar con la vegetación del litoral, que como en otras etapas convive directamente con el salobre. Llegando a cala en Turqueta empezaremos a encontrar bosques de encinas, que nos acompañarán a lo largo de varios tramos a todos los barrancos que desembocan en el mar. Durante la ruta podremos observar la Atalaya de Artrutx (siglo XVII), una torre de vigilancia desde la que se alertaba, siglos atrás, de la presencia de posibles invasores en la zona.

El caso es que las calas paradisiacas inundan nuestras retinas: Es Talayer, Cala en Turqueta, Macarella y Macarelleta o Cala Galdana, por poner algunos ejemplos.

En palabras de Moret:

Son calas que parecen nacidas de la imaginación de un soñador perfeccionista, donde todo parece estar en su sitio: playas vírgenes de arena blanca protegidas por el bosque de pinos que las rodea, un agua limpia de color azul turquesa y unas rocas y cuevas junto al mar que de vez en cuando acogen, o acogían, a grupos de ciudadelanos que van a pasar el día.

Qué decir. Mejor fotos y más fotos, ¿no?

La cima del Toro y la emigración a Florida

Por aquello de buscar variedad en la ruta y para evitar tramos excesivamente técnicos del Camí de Cavalls, abandonamos la línea de costa y nos acercamos a tres pueblos del interior: Ferreries, Es Mercadal y Alaior. No obstante, el objetivo es otro: subir a la cima más alta de la isla. Así pues, desde Cala Galdana cogemos la carretera Me-22 y pedaleamos hacia Ferreries. El pueblo queda en un valle rodeado de colinas, a medio camino entre Maó y Ciutadella.

Con algo más de cuatro mil habitantes, presume de tradición artesanal vinculada a la industria del calzado y la marroquinería. Su casco urbano nos regala calles estrechas de casas encaladas y la iglesia de Sant Bartomeu, del siglo XIX. En su término municipal se hallan atractivos naturales como el barranco de Algendar y los restos del castillo de Santa Àgueda, una antigua fortaleza andalusí situada sobre la tercera cima más alta de la isla (pasaremos cerca de ella pasado mañana si los planes se cumplen).

Cruzamos el pueblo y dejamos a nuestra derecha allá en lo alto la ermita de San Pedro. Pedaleamos ahora por la Me-1, la carretera principal de la isla que comunica Maó y Ciutadella. En un momento estamos ya en Es Mercadal. Las calles peatonales de casas blancas y la iglesia de Sant Martí, del siglo XVIII, son las referencias básicas en este pueblo que se ha erigido en una especie de centro gastronómico insular, célebre por sus calderetas y su repostería artesanal, como los amargos y los carquinyols. Pero, a lo que veníamos tú y yo, vamos a subir a la cima del Toro.

Este es un punto habitual de parada para visitantes, senderistas y ciclistas que recorren el interior menorquín. Desde el pueblo afrontamos con humildad una subida que, aunque no es larga (solo 3,1 kilómetros), sí que presenta una pendiente media hermosa de nada menos que el 9,2%.

Te advierto de que he tenido mis dudas. ¿Subimos o no subimos? Venía mosca con la dureza técnica del Camí de Cavalls. Pero, cómo no subir hasta la cumbre por excelencia de esta isla. El Monte Toro, con sus 358 metros de altitud, constituye el punto culminante y el centro geográfico de Menorca. Vamos, que si has venido a Menorca y no has subido hasta aquí no pasas a la estadística de visitantes oficiales de la isla.

Ofrece una inigualable perspectiva panorámica completa de 360 grados que permite divisar toda la línea de costa, las bahías de Fornells y Maó, e incluso la silueta de la isla de Mallorca en días despejados. Hoy, por ejemplo, es el caso. En la cumbre se emplaza el Santuario de la Mare de Déu del Toro, un complejo religioso y conventual construido en el siglo XVII sobre restos de edificaciones medievales. Lo llevan las monjas franciscanas de la misericordia y, ojo, porque el recinto alberga la imagen de la patrona de la isla, una talla de madera flanqueada por una pequeña iglesia de nave única. Venga, a presentar tus respetos, aunque no seas beata.

Hay un dato curioso que leo en el libro de Xavier Moret. Aquí arriba hay también un monumento dedicado al padre Pere Camps. Este hombre emigró a Florida allá por 1768 junto con un centenar de familias menorquinas. Falleció en tierras americanas, pero el monumento le recuerda.

El asunto es que en 1766, el médico escocés Andrew Turnbull obtuvo tierras en Florida y reclutó a 1400 colonos de Grecia, Italia y ¡Menorca! Lógicamente les prometía un futuro próspero para fundar lo que iban a denominar Nueva Esmirna. En 1768, zarparon desde Mahón y de los 1400 futuros colonos, nada más y nada menos que unos mil eran menorquines. Junto a ellos iban los frailes Pere Camps y Bartomeu Casasnovas. Tras una dura travesía, 1255 supervivientes llegaron a la insalubre zona de humedales de Los Mosquitos (Nueva Esmirna). Buen nombre, ¿verdad? Así pues, ¿qué se encontraron? Condiciones de semiesclavitud, abusos y enfermedades. Un fake en toda regla.

Casasnovas fue expulsado tras denunciar la explotación, pero el padre Camps permaneció con la comunidad. En 1777, tras nueve años de maltrato, tres colonos lograron huir caminando hasta Saint Augustine, una ciudad próxima. Al denunciar los abusos ante el gobernador británico, este les autorizó a establecerse allí, donde refundaron su comunidad. El padre Camps se les unió tiempo después. Su diario de a bordo y diversos registros parroquiales que se conservan hoy en el Archivo Diocesano de Saint Augustine dan fe de esta odisea. Tremenda la historia. Ten en cuenta que esos mil lugareños se estima que representaban el 5 % de la población total de la isla en aquella época.

Según parece, a día de hoy aún pueden verse calles en Saint Agustine que llevan nombres menorquines como Pellicer o Casasnovas. Se calcula que allí viven actualmente más de 30000 descendientes de menorquines. Incluso hasta 1900, o un poco más tarde, todavía se hablaba menorquín en aquella parte del mundo.

Volviendo al presente aquí en la cima del Toro, los humanos se han empeñado en levantar varias infraestructuras de telecomunicaciones para aprovechar la elevación del terreno. Además, quedan los restos de un antiguo cuartel militar de vigilancia costera.

Tramo final hacia Cala en Porter

La bajada de la Cima de Toro se hace en un abrir y cerrar de ojos. Quería coger un camino para evitar la carretera principal, pero veo indicaciones de seguridad. En realidad, no pone que esté prohibido pasar, pero impone la cancela y las advertencias. En fin, paso de líos.

Nos vamos para Alaior por asfalto. Este es el tercer municipio más poblado de Menorca. Su casco histórico se alza sobre una colina. Las calles estrechas de casas blancas se agrupan junto a la iglesia de Santa Eulàlia, del siglo XVII. Se repite el modelo de pueblo del interior menorquín. Hoy es el referente principal de elaboración del queso de Denominación de Origen Mahón-Menorca.

Diez kilómetros nos separan de nuestro fin de etapa en Cala en Porter. Cogemos la carretera principal, pero nos regalamos casi al final un tramo primero por una secundaria y luego por un camino encantador.

Datos e información útil

  • Kilómetros totales hasta esta etapa: 382,40
  • Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 6237
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  • Fotografías de la ruta.
  • Lee todos los artículos relacionados con esta ruta.
  • Transporte: Ferry con Balearia. 113,39 € con seguro de cancelación incluido. Me parece un pequeño robo para una travesía de hora y cuarto en el ferry rápido. Pero es lo que hay porque es el único barco que opera a esta primera hora del día. Además, no es de recibo que te digan que tienes que estar 90 minutos antes con tu bici y que tengas que esperarte una hora con cara de bobo a que comience realmente el embarque.
  • Alojamiento en Port d’Alcúdia: Apartamentos Caprice Tamarindos. 61,10 €/noche vía Booking.com. Confirmo lo que decía ayer. Es una estupenda opción si te vienes por aquí con bici.

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