18 recuerdos del viaje en bici por la N2 portuguesa

by Julen

No hay ruta que no quede en la memoria. Pero hay que ejercitarla. ¿Qué recuerdos me llevo de la N2? Cada imagen, un recuerdo.

01. Cuatro ciclistas en Ourense

La compañía siempre suma. Distintas miradas, distintos ritmos, distintas formas. Cada cual buscamos nuestro bienestar. Las rutas en bici son una manera de estar en este mundo. Y hay quienes comparten, de una u otra manera, el viaje.

02. Un tramo encantador a la búsqueda del nacimiento del río Támega

Los ríos nos acompañan. ¿Dónde nacen? A la entrada de Portugal un camino lleva hasta donde comienza el Támega. Ahí queda, escondido. Guardamos el secreto.

03. Las pegatinas del kilómetro cero

La N2 es un producto turístico. Para lo bueno y para lo no tan bueno. Somos de los que preferimos no dejar huella. La pegatina se les ha ido de las manos.

04. Los trenes del pasado

¿De verdad por aquí pasaba el tren? ¿Y de dónde venía la gente a estas estaciones fantasmagóricas? No hace tanto el progreso se manifestó de esta manera. El tren comunicaba.

05. Pedras Salgadas de nuevo

En verano lo vi entre la niebla. En primavera en un día soleado. El parque de la estación termal de Pedras Salgadas es una invitación a la tranquilidad y al sosiego. Despacio.

06. Los incendios en Portugal

Heridas que dejan huella en el terreno. Heridas que dejan huella en la gente. Portugal es, también, sus incendios. Encogen el corazón.

07. Las casas de los cantoneiros

Oficios de otros tiempos. Carreteras cuyo mantenimiento corría a cargo de personas que hacían de su oficio su vida. Quizá porque no quedaba otra.

08. El Duero

Como el Tajo o el Guadiana, uno de los grandes ríos de la Península Ibérica que comparte recorrido a ambos lados de la raya. Desafíos para la ingeniería de los humanos.

09. El recuerdo de la ecopista de Dão

Volví otra vez a pedalear por ella. Volví a esta suave curva junto al río Dão, cerca del Ponte do Granjal. ¿Quién no quiere volver a lugares como este?

10. Las aldeas de esquisto

La sierra de Lousã esconde pueblos que caminaban hacia la muerte. Hoy han renacido de manos del turismo. Vamos a pensar que bienvenido sea. La muerte nunca es bienvenida.

11. Portugal, siempre empedrado

El Ponte da Filipina queda atrás sobre el río Zêzere. La subida a Prdogão Pequeno sucede, cómo no, a través de un camino empedrado. Portugal, siempre empedrado.

12. La tosta, por supuesto, mista

No sé cuántas hemos comido, pero han sido unas cuantas. Las tostas mistas se vuelven compañeras entrañables de viaje. Mejor en cualquier pastelaria, siempre con la posibilidad de añadir después un postre en forma de dulce.

13. Saudade

Siempre presente. A la vuelta de cualquier esquina, en cualquier señora mayor, en un momento de silencio. Al anochecer, la saudade lo impregna todo.

14. Con Saramago, en la Torre das Águias

Saramago se sorprendió. Nosotros también. Un lugar arrancado a la lógica de la contemporaneidad. ¿Qué hace allí? Soportar su propia ruina, de la que se alimenta día tras día.

15. Las rectas están en el Alentejo

El terreno lo permite. Invita a la monotonía de lo que nunca termina. La bici es capaz de alargarlas casi hasta el infinito. Y más allá. Más allá, otra recta espera paciente.

16. O montado

La dehesa es montado al otro lado de la raya. El idioma diferencia lo que iguala la realidad.

17. El destino del viaje que nunca termina

Si alguien pensó que había destino, se equivoca. Desde allí el viaje continúa. En la realidad y en el deseo.

18. La máquina en manos de Juan

Más allá de pedalear, también se puede dibujar. Obrigadinho, Juan.

 

 

Todos los posts de la ruta.

Fotografías.

Datos de cada etapa

 


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