En el post inaugural del blog colectivo de REDCA, la Red de Consultoría Artesana, presenté brevemente el taller que íbamos a llevar a cabo en Bilbao, el que hacía el número trece de la serie. Asier Gallastegi nos ha acogido en su oficina del «rascacielos» de Bilbao, ese edificio emblemático de la calle Bailén. El foco lo hemos puesto en la inteligencia artificial, pero, como ya se sabe en estos encuentros, es una pura disculpa para darnos calor. ¿Hace frío ahí fuera? Voy con algunos desvaríos a partir de lo que estuvimos conversando.
Siempre argumentamos que REDCA es diversidad. Esta vez compartimos tiempo y espacio, además del ya mencionado Asier, Ana Rodera, Juanjo Brizuela, Naiara Pérez de Villarreal y quien escribe esto. Comento lo de la diversidad porque buena parte de la conversación inicial sirve para que Asier vaya mostrando su pequeño arsenal de recursos para dinamizar una sesión. Algo que yo prácticamente no empleo. Porque su «arsenal» se despliega en forma de juegos de cartas, folletos y otros elementos con los que facilitar la interacción. Ya sé de sobra que él juega fuerte con la presencialidad. De mayor me gustaría coger algo de ese saber hacer, no hay duda.
Juanjo viene del branding, Naiara de la comunicación, Ana de apoyar la cualificación del profesorado, Asier del trabajo social. Yo procedo de la psicología, refundida con un doctorado en empresariales y con no sé cuántas cosas más. Es curioso, me resulta más fácil situar la procedencia de mis colegas (y de ello derivo cierto saber hacer y estar) que la mía en particular, enrevesada en hilos que me cuesta explicar. Explicar a los demás y explicarme a mí mismo. Porque, claro, yo «me estoy quitando». Estoy dejando a un lado horas dedicadas a lo profesional. Pero me gustaría, en estos últimos ramalazos, encontrarle una lógica a lo que he estado haciendo durante tantos años.
Venimos a hablar de inteligencia artificial, de cómo la usamos, de los amores y de los odios, del miedo y de la esperanza. Por detrás, sin embargo, los hilos argumentales se me van enmarañando. Siempre me he sentido cómodo con la tecnología. Siempre he procurado «consumirla», por cierto, con sentido crítico. Mi actividad profesional va pegada a su uso. Pero soy un simple aficionado. La tecnología es un medio para un fin. Soy consumidor, no creador de tecnología.
Insisto, venimos a hablar de inteligencia artificial, pero la cabeza se me va. Las neuronas insisten en salir a pasear por terrenos aledaños. Recurro a mi autodisciplina y en varias ocasiones lo menciono: vamos a poner sobre la mesa «casos de uso». Me interesa saber cómo la están empleando mis colegas de consultoría artesana. A Ana Rodera la tengo más cerca en los últimos tiempos porque andamos colaborando con Bogan, un grupo de cooperativas de iniciativa social, del que forma parte Agintzari. Lo comento porque a lo mejor Bogan no te suena, pero Agintzari sí. A Del roce nace el cariño y a Ana, creo, le tengo pillado el punto.
Naiara se encuentra en un momento de transición profesional. La veo más cerca de la generación de contenido y cómo la IA le puede ayudar. Asier tiene montado un tinglado muy curioso en el que, por ejemplo, «se dicta» lo que percibe en sus pósits. Emplea Whisper y saca petróleo de esa interacción con el contenido voceado. Se me escapa, ahí no llego. No tengo la capacidad de generar la materia prima inicial. Estoy más atado a ciertas tecnologías que ¿me definen?
Mis tecnologías tienen que ver con la organización del contenido, con su traducción a formatos comprensibles y manejables, con extraer valor tras aprehender lo que había allí dentro. Quizá por aquí encuentre un hilo conductor que me permita anclar lo que soy profesionalmente. Conocimiento, sí. En origen, humano. Pero hoy está sometido al bombardeo constante de la tecnología. Aquel Being Digital de Nicholas Negroponte en 1995 resultó ser un disparo en la línea de flotación del pensamiento humano. Treinta años después el conocimiento humano ha saltado por los aires. Ha reventado.
¿Y Juanjo respecto a la IA? Dice que lo suyo son más precauciones que otra cosa. Pero mi bici es su baloncesto. Y su baloncesto vive desde hace muchos años de los datos. Y el dato, por supuesto, es el nuevo maná. El dato es política, el dato es ideología, el dato, no hay duda, nos llega con luces de neón. Con un exceso de lúmenes cegador. ¿De verdad no ves en el dato la verdadera bronca? Me miro a mí mismo y encuentro casos relacionados hasta con mi salud. Mis datos: mi fisiología mediatizada por unas tecnologías de extracción y medición que me superan. ¿El dato de la radiografía de mi clavícula derecha fracturada es mío?, ¿los datos que captura mi Garmin cuando salgo en bici son míos? Pero no es cuestión de propiedad, sino de uso. Y siempre hay contratos de por medio que no leemos. Ingeniería social en estado puro.
Hablamos de herramientas. Ana y yo somos heavy users de NotebookLM de Google. ¿Google? Miedo. ¿A estas alturas? Asier y Naiara están más acostumbrados a ChatGPT, ¿de Microsoft? Vale, técnicamente no. Microsoft no «compró» OpenAI, como hizo con LinkedIn o GitHub, solo ha invertido unos 13.000 millones de dólares en la compañía. ¿Así de simple? Mientras, Apple mira la IA de otra forma: que sea «útil, privada y profundamente integrada, donde el hardware y el software trabajan juntos para que el usuario no tenga que pensar en qué modelo está usando». No pienses. Otro fantástico mantra para la contemporaneidad. La IA ya está para eso.
¿Europa? ¿La IA en Europa? Ya se sabe que pocas cosas unen tanto como ver enemigos claros. Esa cosa llamada Estados Unidos de América se reconvierte en enemigo. Y ayuda. Ayuda a entender que la europeización de nuestros usos de IA tiene cada vez más sentido. En los GAFAM de turno no se ve a Europa. Pero mientras Donald Trump siga sacando a pasear su peligrosa estupidez allá por donde puede, más fácil resulta entender que hay que posicionarse contra ese modelo. Fuck ICE. Fuck Trump.
Bajamos al barro de los casos de uso en consultoría. Ana y yo evangelizamos sobre NotebookLM. Tremenda paradoja. Intento explicarme. Manifiesto mi actual claudicación: soy heavy user de las tecnologías de Google. Me he echado en manos del pragmatismo mientras me aplico unas cuantas gotas del elixir del cascarrabias. Me estoy quitando. Lo cantaba el difunto Robe. La adicción es un monstruo de mil caras. Solamente me pongo en vez en cuando. Estoy buscando al doctor pa’ que me de la receta. ¡Para irme a una farmacia y ponerme ciego de anfetas! Google es la farmacia ubicua y los prompts son las anfetas.
Por último, dedicamos tiempo a pensar REDCA, nuestra Red de Consultoría Artesana. Sigue ahí. Sigue teniendo sentido. Con más o menos manifestaciones, pero ajena al paso del tiempo. Continúa generando orgullo. Ya tenemos calendario de publicación de artículos para este 2026. Cada dos semanas, escribimos. Si quieres saber de nuestra red, ese es el sitio.
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