Después de leer Anna Grimm, investigadora criminal, de Montse Sanjuan (la reseña anterior a esta), he localizado un segundo autor del género negro, en esta ocasión leridano de adopción. Se trata de Rafa Melero, uno de esos curiosos casos en los que la ficción que fluye por el libro bien puede proceder de su experiencia profesional. Sí, es miembro de los Mossos d’Esquadra, según la Wikipedia, con cargo de subinspector, y parece que en su momento formó parte del equipo dedicado a homicidios, delitos contra la salud pública y delitos contra el patrimonio. Todos me llaman Ful es la penúltima novela que ha publicado. Lo ha hecho en 2022 a través de la Editorial Alrevés, como casi todas las anteriores.
Rafa Melero tiene ya siete novelas publicadas. Debutó en 2013 con La ira del Fénix. Allí nos presentó a Xavi Masip, un personaje al que ha seguido recreando en cuatro novelas más. Por su parte, Todos me llaman Ful es la segunda novela que tiene a Ful (Fulgencio) como protagonista. Con la anterior, titulada simplemente Ful, obtuvo en 2017 el Primer Premio de Novela Cartagena Negra.
Me ha gustado esta novela. Me parece que está bien construida, con toques de humor y socarronería bien traídos. Por su parte, el personaje de Ful, como arquetipo de chaval de barrio, que ya dejó de serlo por edad, pero al que no le queda sino aceptar la delincuencia intrínseca a su origen, es auténtico. Si, además, le dotas de un problema de esquizofrenia y a eso le añades unos valores de legalidad con el prójimo, el personaje se deja querer.
Soy un delincuente con principios. Dicen que eso te hace ser débil. A mí no me lo parece. Yo duermo bien por las noches.
La novela, por cierto, juega con algunos guiños al género. Así, la emblemática librería Negra y Criminal, en la Barceloneta, aparece transformada en un tugurio de objetos de segunda mano con trastienda incluida.
Nos dirigimos a un pequeño local de la Barceloneta donde antes me suena que había habido una librería de novela negra. Ahora se ha establecido allí un pequeño comerciante de cacharros varios de segunda mano. Las vueltas que da la vida, yo, que me he aficionado a las novelas de este género, no había estado nunca allí, pero en una ocasión un librero me habló de ella. […]
El local no es muy grande, pero aún conserva fotografías de autores de libros, incluso de alguno que yo había leído en mis ratos aprovechados en la portería. Ahora sirven para tapar los negocios de este mercader de objetos de segunda mano, y supongo que al propietario original le hubiera hecho gracia que allí se hicieran pequeños negocios turbios para dar argumento a alguna de las novelas que habían habitado aquellos estantes, ahora repletos de objetos usados.
En otro pasaje del libro, el mismo autor juega consigo mismo, colocándose en el café Delsams, en la calle Bisbe Ruano, de Lleida capital:
Hay una cafetería nueva y muy grande llamada Delsams o algo así, y nada más entrar veo al fondo gente trabajando con ordenadores portátiles. El de la izquierda me suena que es un escritor de Lleida. Ahora que leo más que nunca en mis ratos de ocio, y sé de lo que son capaces de inventar, me pregunto qué estará tramando ese tipo. Levanta la vista y me mira por encima de la pantalla, tiene mirada de poli. Disimulo, pago el café y busco un refugio alejado. Pierde interés en mí y sigue con sus cosas. Yo también.
En fin, supongo que más adelante leeré la otra novela de Ful. Esta segunda hace muchas alusiones a lo que pasó hace algunos años. No me puedo quedar con la duda, ¿no?
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