22 Latisana – Tessera

La costa del Adriático cerca de Venecia

by Julen

La última etapa

Última etapa antes de dedicar el día de mañana a visitar Venecia. He estado muy a gusto aquí en mi alojamiento, cà bianca. Muy tranquilo el sitio, con anfitriones amables. Un sueño reparador y un buen desayuno han completado el panorama. Solo queda pedalear hasta Tessera, muy cerca del aeropuerto Marco Polo de Venecia. Hoy me alojaré en el mismo hotel donde pernocté la primera noche. Allí dejé la caja de la bici, que voy a reutilizar. En esta ocasión haré, por tanto, un par de noches. Mi vuelo de pasado mañana sale a las 9:50. O sea, que para la hora de comer de este próximo 4 de agosto, si todo va bien, estaremos en casita.

Latisana

Ayer estuve paseando un rato por Latisana. Tiene su encanto, desde luego. Queda a orillas del río Tagliamento y su ubicación estratégica la convirtió desde la antigüedad en un importante punto de paso y comercio.

Floreció, cómo no, bajo la influencia de la República de Venecia, un período de esplendor que dejó una huella imborrable en su arquitectura, su trazado urbano y su identidad cultural. Caminar por el centro histórico te permite descubrir elegantes edificios de estilo veneciano, plazas acogedoras y rincones que evocan la época en la que los barcos comerciales navegaban por sus aguas.

El monumento más emblemático es la Catedral de San Juan Bautista. Es un imponente templo del siglo XVIII que alberga en su interior un retablo del célebre pintor Veronés que representa el Bautismo de Cristo. Y ojo a su torre exenta, que se eleva muchos metros hacia arriba.

Hacia la costa

Salimos en dirección sur. Son casi las ocho de la mañana y ya estamos casi a 30 grados. Podríamos irnos hasta las famosas playas de Lignano Sabbiadoro, pero nos quedan un tanto lejos de nuestro itinerario de hoy. Sin embargo, no por ello vamos a renunciar a nuestra dosis de arenales en la costa adriática. Nuestro destino es la spiaggia di Levante. Pero hasta allí tenemos por delante casi cuarenta kilómetros.

Nada más salir, cruzamos en Latisana el río Tagliamento, que separa la región de Friulia-Venecia Julia, cuya capital es Trieste, del Véneto, con capital en la archiconocida Venecia. Pedaleamos entre una mezcla de aguas dulces y otras también salobres y marinas. El entorno está profundamente esculpido por la desembocadura del Tagliamento, un curso fluvial considerado el último corredor morfológicamente intacto de los Alpes, cuyas aguas descienden transportando arenas claras que modelan la costa del Alto Adriático. Y sí, aquí también tuvieron su dramático episodio de inundaciones en 1965.

Nosotros dejamos la desembocadura al suroeste y transitamos por los pequeños pueblos de Lugugnana, Castello di Frussa y Sindacale. En Lugugnana también se han esmerado en tirar metros para arriba la torre del campanario, ¿no te parece?

En Sindacale damos con el canal Nicesolo y un poco más adelante con otro, el Loncon, que se encuentra con el Fiume Lemene. El Nicesolo serpentea hacia la costa, donde lo encontraremos luego, ya en su desembocadura. Las obras hidráulicas para dotar de regadío a estas tierras durante el siglo pasado conforman hoy un laberinto de humedales y canales que definen la esencia ecológica y cultural de la zona.

Lagunas y canales navegables

El gran protagonista de esta franja es la laguna de Caorle, un ecosistema de vital importancia ambiental protegido por la Red Natura 2000. Este espejo de agua se encuentra salpicado de islotes cubiertos de juncos y cañaverales donde conviven cientos de especies de aves migratorias y sedentarias, como garzas y flamencos. En este paisaje anfibio emergen los tradicionales casoni, antiguas cabañas de pescadores (y también de cazadores) construidas exclusivamente con madera y caña lacustre, con techos picudos diseñados para resistir los vientos costeros. Hoy, no obstante, disponen de versión más moderna.

Los casoni inspiraron a Ernest Hemingway durante sus estancias invernales plasmadas en su novela Al otro lado del río y entre los árboles. Si allá en Kobarid leímos a Hemingway en Adiós a las armas, ahora, para cerrar el bucle lo hacemos de nuevo.

Vieron el casón de los cazadores recortado contra el cielo bajo. Estaba construido con juncos de la laguna, con el techo muy inclinado para que resbalara la nieve, y desde la chimenea de piedra subía un hilo de humo que el viento dispersaba rápidamente. Dentro, sabía que encontraría el olor a café, a grappa y el calor del fuego de leña que calienta a los hombres antes de que empiece el alba.

Por cierto, en Latisana había algún que otro cartel con mención a Hemingway.

Los canales navegables integran la llamada Litoranea Veneta. Esta histórica vía navegable interior conectaba Venecia con Trieste y permitía el transporte y la comunicación a resguardo del mar abierto. Para el cicloviajero representa un auténtico laberinto indescifrable.

Menos mal que hoy aquella antigua vía comercial se ha reconvertido en oferta turística con pequeñas barcas para disfrutar de los canales y se han diseñado vías cicloturistas: las rutas bordean los terraplenes y conectan antiguas fincas agrícolas con pequeños puertos pesqueros.

Llegamos a Caorle. Es agosto. Hemingway sitúa su novela en pleno invierno, una forma muy diferente de sentir este territorio. Cuesta imaginar el frío y el hielo. Pero sí, lo hay en invierno.

Caorle, la playa y la Madonna dell Angelo

Hemingway presenta Caorle como el símbolo de un pueblo recio, de estirpe a la vez marinera y cazadora, ligado a los orígenes mismos de la civilización en la laguna veneciana. Los barqueros que guían al coronel protagonista de la novela a través del hielo y el viento son descritos como hombres duros, moldeados por la geografía de ese litoral.

Caorle es una pequeña joya histórica y balnearia que conserva intacto el encanto de un antiguo pueblo marinero. A diferencia de otros destinos turísticos modernos, su centro histórico destaca por sus calles estrechas y pequeñas plazas que recuerdan a una Venecia en miniatura, animadas por casas pintadas con colores pastel. Allí al lado queda su Playa de Levante. Se extiende majestuosa al este del corazón histórico y ofrece un amplio litoral de arena dorada y finísima que desciende suavemente hacia aguas tranquilas y limpias. Es un lugar muy querido tanto por las familias que buscan tranquilidad como por quienes desean pasear respirando el aire salino. Luce abarrotada a esta primera hora del primer domingo de agosto.

En el punto exacto donde la escollera artificial se encuentra con el inicio de la Playa de Levante, se alza la Chiesa della Madonna dell’Angelo. Esta pequeña iglesia, edificada originalmente alrededor del siglo IX y posteriormente reconstruida en su elegante estilo barroco en 1751, se erige solitaria sobre un pequeño promontorio que se adentra directamente en el Mar Adriático. Parece una especie de centinela espiritual para proteger a los pescadores y a toda la comunidad. Junto a la estructura principal se eleva un característico campanario románico del siglo XIII de planta cuadrangular, que en el pasado funcionaba también como faro y torre de vigilancia para los marineros que regresaban de alta mar.

El interior del santuario custodia una profunda devoción religiosa, ligada a una célebre leyenda local. Se cuenta que unos pescadores encontraron una estatua de madera de la Virgen con el Niño flotando milagrosamente sobre las aguas del Adriático encima de un pesado pedestal de mármol. Solo los niños de la ciudad lograron levantarla y transportarla al interior de la pequeña iglesia, que desde ese momento tomó su nombre actual. Cada cinco años, la comunidad celebra este vínculo indisoluble con una espectacular procesión marítima que atrae a fieles y visitantes de todo el mundo.

La línea de costa y el final de nuestro cicloviaje

Desde Caorle pedaleamos en paralelo a la costa, muy cerca de las playas. Atravesamos los pueblos costeros de Porto Santa Margherita, Duna Verde y Eraclea Mare. Por fin, decimos adiós a este tramo costero y cruzamos el río Piave por un puente muy particular. Como que es privado y los vehículos a motor tienen que pagar un euro.

Giramos a la derecha y acompañamos al río durante un pequeño tramo aguas arriba por un sendero muy sombreado que se agradece de veras. Un muy buen detalle por parte del guionista del viaje.

Bueno, decir aguas «arriba» es decir mucho. El desnivel aquí, cerca de la desembocadura, es mínimo. Hacemos una parada en un bar que queda en un cruce, en Ca’ Pirami, donde hay cónclave de señores mayores arreglando el mundo con sus copitas de vino reglamentarias. Unos ragazzi en toda regla que a estas alturas de la vida solo piden no olvidar sus recuerdos.

A la altura de Passarella nos despedimos del río Piave para afrontar los últimos kilómetros hacia Tessera. Usamos para ello la carretera SS47 que nos regala unas buenas rectas y un tráfico infernal sin arcén como regalo final de esta ruta cicloturista. Paramos a comer para quitar un poco el estrés de este último tramo y acabamos en un restaurante que está abarrotado de familias en su comida dominical. Enternecedor. Y riquísimos los spaghetti neri.

Solo quedan unos diez kilómetros un poco más infernales que los anteriores. Qué le vamos a hacer. Apretamos un poco para terminar con una media de 25 km/h, que no está mal para ir de cicloturismo. Vemos ya ahí a la izquierda instalaciones del aeropuerto. Llegamos a nuestro hotel en Tessera, un viejo conocido donde vamos a hacer dos noches. Pero… como diría Súper Ratón, aquel ratón volador con una fuerza descomunal y un traje similar al de Superman: No se vayan todavía, que aún hay más. Mañana pasearemos por Venecia y haremos una primera valoración de la ruta. Finalmente han salido 1700 kilómetros y 25000 metros de desnivel acumulado. Un paseo.

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