21 Koper – Latisana #EsloveniaEnBici

Volvemos a Italia por la costa del Adriático

by Julen

Koper

Koper es el gran motor económico del litoral gracias a su imponente puerto comercial, una especie de corazón logístico que conecta el centro de Europa con el mar. Es curioso ver a la gente en la zona de baño con unos enormes busques mercante detrás.

Claro que una vez que te adentras en su casco antiguo, el asunto cambia. El ruido industrial desaparece y te sumerges en una especie de salón urbano donde el mármol y la piedra rezuma elegancia por los cuatro costados. Ten en cuenta que su identidad no es solo meramente mediterránea, sino profundamente veneciana.

Así pues, caminar por sus calles y plazas es como descubrir un fragmento de la mismísima República de Venecia trasladado a la península de Istria. Los leones de San Marcos tallados en las puertas de los edificios históricos te salen al encuentro a cada paso. ¿Por qué? Por todos esos siglos de dominio y comercio bajo el ala de La Serenísima. Te recuerdo que, como comentaba ayer, esa sofisticación está tan viva que el idioma italiano sigue siendo cooficial aquí, compartiendo cartelera y conversaciones cotidianas con el esloveno.

La joya de la corona bien podría ser la espectacular Catedral de la Asunción de la Virgen María. Queda en la plaza central y a escasos metros del hostel en el que paso la noche. Es uno de los templos más grandes de toda Eslovenia y alberga el órgano de iglesia más grande del país. Se pueden subir los escalones de su torre del campanario para disfrutar de una vista espectacular a más de 50 metros de altura. Se comprende así la ciudad medieval y la línea de costa, recortada contra el azul del Adriático.

Hacia Italia por la ruta Parenzana

Salimos poco después de las seis de la mañana. A pesar de la hora, ya se ve gente paseando para aprovechar el fresco de la mañana. Koper huele a aceite de oliva, pescado fresco y al salitre del Adriático. Esta es la forma en que nos despedimos de Eslovenia. Una manera muy diferente de cómo la hemos estado entendiendo en estas tres semanas de pedaleo.

Emprendemos el regreso hacia tierras italianas y lo hacemos tomando la ruta Parenzana, aquella que nació a principios del siglo XX y que vio cómo la geografía política la ubicaba, luego de ser construida, en tres países diferentes, y de la que hablamos ayer.

En poco más de diez kilómetros cruzamos la frontera. Los grandes vehículos a motor lo hacen por un paso de varios carriles en la autopista. Tú y yo sencillamente vemos unas señales y pasamos bajo un puente. El tren no sabía de estos asuntos burocráticos cuando nació, pero años después hubo quienes se empeñaron en marcar límites. Curiosamente no hay señalización de entrada en Italia, aunque sí que la hay por parte de Eslovenia. Como en tantos otros sitios (me acuerdo muy en particular de la reciente N2 en Portugal), asediada por pegatinas.

Trieste nos da bienvenida en Italia

Ya en Italia nos toca salvar como podemos una zona industrial como no habíamos visto otra en todo el viaje. Trieste son más de 200.000 personas. Palabras mayores para el cicloviajero. Avanzamos con precaución en busca de carriles bici, que no parecen abundar, al menos, en esta primera parte de entrada a la ciudad. Finalmente llegamos al club náutico tras un buen jaleo de calles, subidas y bajadas, y giros imposibles.

Trieste bien pudiera entenderse como una anomalía en el mapa de Italia. Es un mosaico donde confluyen las identidades latina, eslava y germánica, un cruce de caminos que ha definido su compleja historia y ha esculpido un patrimonio monumental único, con aire de gran capital centroeuropea.Nosotros la recorremos pegados a su línea de costa. Quizá en otro momento le podamos dedicar el tiempo que se merece.

Los orígenes de la ciudad se remontan a la antigüedad clásica. Fue una próspera colonia romana que ha dejado como legado, por ejemplo, el Teatro Romano del siglo I, encajado de forma casi irreal a los pies de la colina de San Giusto. Pasamos por ahí para presentar nuestros respetos.

Sin embargo, el periodo que transformó a Trieste en la joya arquitectónica que vemos hoy comenzó a finales de la Edad Media. Tras siglos de disputas con la ambiciosa República de Venecia, la ciudad tomó una decisión drástica en 1382 al pedir la protección de los Habsburgo. De esta manera, Trieste se vinculó a la corona de Austria durante más de medio milenio. Era el pulmón marítimo del imperio. El punto de inflexión definitivo llegó en 1719, cuando el emperador Carlos VI la declaró puerto franco. La pequeña villa pesquera se transformó de golpe en un polo comercial masivo que atrajo a mercaderes, intelectuales y comunidades religiosas de todo el Mediterráneo y Europa Central.

Este auge económico dio origen al Borgo Teresiano, un barrio señorial trazado con una geometría perfecta alrededor del Canal Grande. En este distrito, los majestuosos palacios de estilo neoclásico y ecléctico reflejan la opulencia de la burguesía comercial. Pedaleamos por esta zona que evoca la monumentalidad de Viena o Budapest, pero con el aroma salino del Adriático.

El corazón indiscutible de este paisaje es la Piazza Unità d’Italia, considerada una de las plazas públicas abiertas al mar más grandes del continente. Flanqueada por edificios imponentes como el Palacio Municipal, la plaza se abre directamente al agua, ofreciendo una perspectiva espectacular donde la arquitectura imperial parece disolverse en el horizonte marino. Casi enfrente de la plaza, un crucero espera a sus miles de pasajeros.

Un detalle que merece la pena mencionar es la diversidad espiritual y cultural del patrimonio de la ciudad. Al haber sido un puerto libre, la tolerancia religiosa propició la construcción de templos como la Iglesia serbo-ortodoxa de San Spiridione, con sus cúpulas celestes, o la Gran Sinagoga, una de las más grandes de Europa. Esta mezcla de culturas convirtió a la ciudad en un imán literario a inicios del siglo XX, sirviendo de hogar y musa a escritores de la talla de James Joyce o Italo Svevo, quienes pasaban las horas debatiendo en los históricos cafés de la ciudad, lugares donde, por cierto, el café se sigue pidiendo hoy con un vocabulario propio y exclusivo de la región. Te copio/pego de Gemini:

Entrar a uno de estos locales e intentar pedir un café como se haría en el resto de Italia es el primer error del visitante, ya que Trieste posee un vocabulario cafetero único en el mundo. Aquí, el tradicional espresso se solicita bajo el nombre de nero. Si el cliente prefiere ese mismo espresso cortado con una nube de leche caliente, no debe pedir un macchiato, sino un capo. La complejidad aumenta si se desea que esta última combinación se sirva en un vaso de cristal pequeño en lugar de la taza de porcelana habitual, lo que obliga a pronunciar la expresión capo in b, abreviatura de «capo in bicchiere«. Para quienes buscan un descafeinado, la palabra clave es deca, que a su vez se combina con las anteriores, dando lugar a opciones como un deca in b. Esta jerga local es un orgullo para los triestinos y funciona como una contraseña cultural que preserva su singularidad.

Pero hay otra visión de Trieste y toda esta zona, italiana desde la Primera Guerra Mundial. Y nada como leer novela negra. Quizá ya lo habías supuesto si me sueles leer. Estoy precisamente enfrascado en El peor de los enemigos, una novela de Veit Heinichen protagonizada por el habitual Proteo Laurenti, quien vive en Trieste, como el mismo autor. Al margen de la trama concreta, a partir del robo de una buena partida de lingotes de oro, la novela nos presenta Trieste como ese punto ideal para que confluya una delincuencia internacional. Sí, como pasaba en Eslovenia, pero sustituye «influencia cultural» germánica, eslava y mediterránea, por «delincuencia» germánica, eslava y mediterránea. Es la primera novela que leo de este autor alemán, pero residente en Trieste. A ver si leo más.

Dejamos atrás Trieste. Tú y yo seguimos la línea de costa para salir de la ciudad. A unos pocos kilómetros, custodiando el golfo desde un acantilado calcáreo, nos espera el Castillo de Miramare.

Para llegar hasta él nos desviamos hacia la izquierda por un paseo (se ve que es zona de baño) que nos deja a sus puertas y por el que luego tendremos que regresar. Esta residencia de color blanco impoluto fue construida a mediados del siglo XIX para el archiduque Maximiliano de Habsburgo y su esposa Carlota de Bélgica. Con sus jardines botánicos repletos de especies exóticas y sus estancias perfectamente conservadas, el castillo resume la melancolía y el romanticismo de una era imperial. Finalmente, tras la Primera Guerra Mundial, Trieste fue finalmente anexionada al Reino de Italia.

Hoy es sábado y hay bastante tráfico por esta SS14 por la que pedaleamos. Además, es el primer día de agosto, un día señalado en el calendario vacacional de mucha gente. Así que hay que andarse con cuidado. Menos mal que hay un arcén que, aunque no es demasiado generoso, nos proporciona cierta protección. Llegamos hasta Sistiana, con su Portopiccolo ahí abajo, y por donde pasamos el primer día de nuestra ruta, cuando íbamos en dirección a la frontera eslovena. Hemos alcanzado más o menos el ecuador de la etapa. Casi 50 kilómetros que quedan atrás. Ahí enfrente queda ya Monfalcone, la ciudad desde la que partí hace ahora tres semanas.

Por la Strada Statale della Venezia Giulia

En esta segunda parte de la etapa de hoy llevamos la referencia del trazado histórico de la carretera SS14, conocida como la Strada Statale della Venezia Giulia. Esto quiere decir que pedaleamos a través de la llanura padano-véneta, un territorio donde el paisaje anfibio de la costa da paso a un suelo firme de aluvión, marcado por la abundancia de agua dulce y una densa red de antiguos asentamientos.

Para el cicloviajero es un terreno que no es fácil de digerir. Frente al relieve montañoso, la llanura llena cada pedalada de monotonía. La agricultura regala campos geométricos de maíz, viñedos y hortalizas, con algún que otro pequeño bosque.El relieve de este corredor interior se ve constantemente atravesado por los cursos medios de unos ríos que desembocan, en extrema calma, en las lagunas. En algunos casos se trata también de canales de riego de origen medieval.

El suelo es arcilloso y muy fértil. De ahí que los asentamientos humanos provienen de la prehistoria. Por aquí pasaban, según circunstancias, ejércitos, comerciantes o peregrinos.Entre los pueblos que atravesamos, hay que mencionar sí o sí Cervignano del Friuli, un nudo ferroviario y fluvial histórico por el que atraviesa el Flume Ausa. Evitamos por unos kilómetros la SS14 y pedaleamos junto a las vías del tren y ¡el aeropuerto!

Hacemos paradas a la salida de Monfalcone y en Cervignano del Friuli para meter líquidos. Veo 42 grados en el termómetro del Garmin. No hay que olvidar la hidratación continua. Como voy con tiempo de sobra, decido parar a comer como Dios manda en Muzzana Turgnano, donde veo un restaurante con muy buenas reseñas. Estamos a quince kilómetros de terminar la etapa y los paccheri con lubina estaban deliciosos.

Sin pedirlo, por cierto, me han sacado un cuenco rebosante de cubitos de hielo. Lástima que no han aguantado mucho.

La llanura impone, como te digo, su monotonía. De vez en cuando aparecen también viñedos. Aquí presumen de denominaciones de origen como Lison-Pramaggiore o Friuli Latisana. Se ve que los suelos calcáreos y arcillosos de la llanura, combinados con las corrientes de aire que bajan de las montañas y la proximidad del mar, producen vinos tintos y blancos de gran carácter. Te lo dice un abstemio como yo. Pues eso, que estos viñedos se cultivan en fincas centenarias a ambos lados de la carretera.

Ah, y no hay que olvidar que aquí y allá aparecen, de vez en cuando, villas venecianas, o sea, residencias de campo de la aristocracia de La Serenísima que funcionaban tanto como centros de veraneo como núcleos de gestión de las explotaciones agrícolas. Un poco de elegancia clásica que rompe esa monotonía de la llanura que te comento. Como pasa también con los canales, que refrescan y generan, de vez en cuando, zonas de vegetación densa.

Y en estas llegamos a Latisana, nuestro final de etapa. Hoy nos hospedamos en un alojamiento que se presenta como Bed&Breakfast. Efectivamente, dormiremos y desayunaremos. Mañana te cuento qué tal.

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