Cuando practico cicloturismo sobrevivo con lo que soy capaz de llevar dentro de una mochila que apenas si pesa cuatro kilos. En este sentido es un buen momento para reflexionar sobre el permanente estado de acumulación al que nos hemos acostumbrado. Pedaleando, cuanto menos peso, mejor. Así que llegas al minimalismo por una simple cuestión práctica. Conviene olvidar los por si acaso y afrontar cada día con lo estrictamente necesario. Eso sí, que sea capaz de llevar encima solo cuatro kilos tiene que ver con que la ruta me conduzca por territorio civilizado. La autosuficiencia es un concepto muy matizable porque depende del acceso que tengas a tiendas y a servicios en general.
Este sábado me voy para Eslovenia. Con la mochila. La bici viaja en la bodega del avión. Luego nos reunimos los tres –mochila, bici y el humano cicloviajero– para comenzar la ruta. En este caso tengo por delante 23 días para lograr una convivencia digna entre nosotros tres. Las mañanas son para pedalear y las tardes para descansar. Luego siempre hay imprevistos que obligan a adaptarnos a una realidad que se impone. Me gusta planificar, pero no tengo problema en improvisar. Sé que, de una manera u otra, va a suceder. Es parte del encanto de la ruta.
La mochila lo condiciona todo. La que llevo es de 20 litros, aunque la puedo extender hasta los 25. En la realidad nunca me ha hecho falta. De hecho, si algún día tengo que reemplazar la que tengo, mi límite se iría a los 20 litros. De ahí para abajo.
Ropa, repuestos y útiles para la bici, higiene o cacharrería digital. La mochila va dando cobijo a un listado de necesarios que, con el paso de los años, está más que controlado. Me siento a gusto con estos mínimos que me autoimpongo. Me permite andar en bici de forma ágil, con una experiencia muy cercana a la que tengo cuando salgo por aquí sin estar de cicloturismo. No quiero pesos extra, pero admito que esta forma mía de viajar en bici es solo una entre muchas. No seré yo quien diga que es la mejor; es una con la que me siento a gusto. Nada más. Ni nada menos.
Si en vez de hacer una ruta de tres o cuatro semanas, el asunto se extendiera a los dos o tres meses, ¿podría mantener mi filosofía? Mientras no hubiera muchas variaciones de temperatura o no tuviera que pedalear por zonas muy aisladas y con pocos servicios, creo que aguantaría con el mismo planteamiento. En la vida llamémosle «normal» nos hemos acostumbrado a no repetir ropa de un día para otro, a guardar en los armarios un cierto arsenal de opciones o a manejar no sé cuántos dispositivos electrónicos que han venido para quedarse, según parece. Llevar contigo solo una muda alternativa a la que empleas para pedalear cada día, elimina opciones. No hay plan B. Hay lo que hay. Las prioridades se van a otras cuestiones. Nada de que la cabeza esté ocupada con lo que toca ponerse hoy o lo que toca mañana.
Sí que soy cada vez más consciente de que el smartphone se ha convertido en un elemento crítico. De hecho, creo que no hay peor pesadilla que la que tiene que ver con perderlo o que se rompa o que te lo roben. Sin smartphone, cuidado: Houston, tenemos un problema. De ahí que deba pensar en un cargador portátil fiable, por ejemplo. O también en repasar las apps que voy a emplear, los ficheros a los que quiero tener acceso fácil. Además, en mi caso es la herramienta que utilizo para postear las crónicas diarias. Sí, el smartphone ha ocupado un protagonismo con el que a veces no llego a sentirme del todo cómodo. Sin embargo, hoy por hoy, lo veo realmente imprescindible, sea por una cuestión básica de estar en contacto con la familia o porque mediante él accedo a prácticamente toda la información del viaje: billetes de avión, de tren, reservas de alojamientos, mapas y un largo etcétera.
Ayer en un taller que impartía sobre 5S puse varios ejemplos relacionados con viajar en bici. Viajar ligero, con lo imprescindible, viajar con la tranquilidad que has previsto lo que estaba en tu mano. Viajar para que los sentidos presten atención a lo que importa: a los lugares, a las gentes, a los colores, a las sensaciones del pedaleo. Adiós a los detalles superfluos. Nos reencontramos con lo básico. La mochila, la bici y el cicloviajero. A ver si son capaces de llevarse bien durante tres semanas largas.
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2 comentarios
Tu trilogía: bici, ciclista, mochila, ¡qué buena! Espero que tengáis un buen viaje por el país de Roglic y Pogacar.
Ya lo iremos contando, Juan. Cuidaos mucho por ahí.