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Kostanjevica na Krki
Para que te sitúes, aquí al lado queda Zagreb, la capital de Croacia, por donde pasa el mismo río Sava junto al que pedaleamos ayer. La frontera queda apenas a cinco kilómetros en línea recta hacia el sur del lugar en que me alojo. Pero nosotros bastante tenemos, de momento, con Kostanjevica na Krki. Te pongo al día. Cuando preparaba la ruta leía que era «uno de los destinos más singulares, bellos y fascinantes» que iba a encontrar a lo largo del viaje.
Y es que a este pueblo se le conoce popularmente como la «Venecia eslovena» debido a su extraordinaria disposición geográfica. Ostenta el orgullo de ser la localidad con consideración de ciudad más pequeña de todo el país (700 habitantes) y una de las más antiguas. Además, con la particularidad de ser la única población del territorio asentada por completo sobre una isla fluvial, en el río Krka.

La fisonomía urbana de este asentamiento histórico destaca de inmediato cuando te aproximas pedaleando. El núcleo de la villa medieval se encuentra enteramente protegido por los brazos del río Krka. Esto obliga, claro está, a cruzar sus característicos puentes de madera si quieres adentrarse en sus tranquilas calles monumentales. Sí, todos los puentes de acceso son de madera.


Nos encontramos, además, en una zona de transición donde la llanura forestal del bosque primigenio de Krakovo (Krakovski pragozd) se encuentra con las estribaciones montañosas y verdes de la cordillera de Gorjanci.
El casco histórico, aunque de origen medieval, presenta una estructura urbana lineal y compacta, adaptada por completo a la forma alargada de su isla fluvial. A diferencia de otras villas medievales aquí no vemos ningún trazado caótico, sino que el plano de la isla se organiza fundamentalmente a lo largo de dos únicas calles paralelas: la calle Ulica talcev y la calle Oražnova ulica. Este diseño de doble calle, documentado ya en los catastros del siglo XVIII, permitía organizar el tráfico de manera circular dentro de este reducido espacio flotante.

Uno tiene la sensación de caminar por una especie de moderno trazado medieval. Las casas de la isla están alineadas en sus dos calles principales, pero por detrás hay otras construidas de forma mucho más densa y compacta, conectadas en su día por pequeños callejones que daban servicio de amarre para las barcas de los residentes en las orillas del río Krka. Por el contrario, las hileras exteriores son más dispersas y bajas, lo que permitía a los habitantes mantener abiertas las vistas panorámicas hacia el cauce fluvial. Curiosamente, la isla carece de murallas defensivas de piedra, ya que la propia fosa natural del río Krka cumple como defensa: es el único e infranqueable foso de protección frente a las invasiones.


El perfil arquitectónico de la isla mira hacia arriba, en vertical. Las torres de sus templos religiosos dan fe de ello, especialmente la iglesia parroquial de Santiago Apóstol (Cerkev svetega Jakoba). Este templo románico, que queda en la parte norte, es el edificio más antiguo que se conserva en toda la villa. Aparece ya mencionado en crónicas escritas del año 1220. Además, en el extremo opuesto destaca la iglesia de San Nicolás (Cerkev svetega Nikolaja), nombrada por primera vez en 1581, cuyo interior custodia unos frescos magníficos pintados por el célebre artista local Jože Gorjup.

Como te decía antes, la conexión de estas calles con tierra firme se realiza a través de puentes de madera, en concreto tres, todos ellos de roble negro, un material característico de la zona debido a la proximidad del vecino bosque de Krakovo. El más célebre de todos ellos es el puente Tercialski, diseñado siguiendo los planos originales del laureado arquitecto esloveno Jože Plečnik, quien mantenía una estrecha relación de amistad con una residente local, Emilija Fon. Al pasear por las dos calles principales se ve enseguida una arquitectura civil que denota el pasado próspero de la localidad como centro comercial y administrativo.

El edificio residencial más grande y majestuoso de toda la isla es la Casa de Iva (Ivina hiša), una imponente casona burguesa edificada en el año 1878 que destaca por sus elegantes proporciones de corte centroeuropeo. También hay que mencionar el Palacio Ministerial de Spanheim (Spanheimski dvorec), una antigua casa señorial fortificada que data de finales del siglo XV y que hoy alberga la oficina de información turística local. Por último, la escuela primaria Jože Gorjup, construida en 1906, enriquece el paseo monumental de la isla al lucir en su fachada occidental el mosaico mural más grande de toda Europa, una obra monumental que representa la histórica batalla del campo de Krško.

El monasterio cisterciense
Ayer cenamos los que ya están convirtiéndose en un clásico de mis avituallamiento vespertinos: unos gnocchi con salsa de champiñones y pollo que me encantan. Estaba agradable la terraza del hotel, con una camarera muy amable que atendía con familiaridad a clientes que parecían habituales por la confianza que se tomaba.
Salimos pasadas las ocho de la mañana tras desayunar bien a gusto en el hotel. Eso sí, me dijeron que comenzaban a las siete y hasta las siete y media nada de nada. Entramos de nuevo en el pueblo por un puente y salimos por otro. Por última vez recorremos este curioso pedazo de tierra rodeado por agua, una ciudad-isla de origen medieval.
Enseguida, a apenas un par de kilómetros encontramos un imponente monasterio cisterciense. Porque, más allá de su singularidad geográfica, Kostanjevica na Krki se ha convertido en uno de los faros culturales y artísticos más importantes no ya de Eslovenia, sino de Europa Central (esto es lo que leo). Fundado en el siglo XIII, hoy este monasterio se ha reconvertido en la Galería Božidar Jakac. El edificio transmite la robusta sensación de ser un castillo medieval y, de hecho, destaca por albergar el patio porticado más extenso de toda Eslovenia y uno de los mayores de Europa, rodeado de una arquitectura de arcadas magnífica. Nosotros no podemos verlo por dentro, pero sí acceder al parque que lo rodea.

El toque de distinción actual le viene en la actualidad por ser un complejo artístico y museístico de primer orden. En sus más de cuatro mil metros cuadrados de superficie de exposición contiene obras relevantes del expresionismo esloveno y de arte moderno y contemporáneo a nivel nacional e internacional. Además, en los jardines exteriores se puede visitar la colección de esculturas al aire libre Forma Viva, activo desde la década de los sesenta.


Mientras paseamos por el parque, me fijo en una vieira de peregrino que destaca en un edificio a la entrada del monasterio. ¿Será Camino de Santiago?
Los cartujos
Nada más dejar atrás el monasterio volvemos al mundanal ruido en forma de puerto de montaña. Al igual que ayer, se nos presenta una etapa con una primera parte salpicada de subidas y una segunda más tranquila. Croacia queda aquí al lado. Afrontamos una primera subida de casi cinco kilómetros al 5,7% de pendiente media. Nada, lo que viene a ser un falso llano en términos eslovenos. Y sí, pedaleamos por una vía del Camino de Santiago. Las flechas amarillas lo evidencian.

A medida que ascendemos la vista sobre el valle se deja querer.

Decía que volvíamos al mundanal ruido, pero solo por un momento. En breve nos acercamos hasta otro monasterio… y ¡vaya monasterio! Si el cisterciense de Kostanjevica na Krki es digno de reseña, no menos lo es el convento de cartujos Pleterje, que, por cierto, es el único de esta congregación en toda Eslovenia. Solo hay unas 350 monjas y monjes en todo el mundo, repartidos en 21 cartujas. Es una orden contemplativa. Si tienes un rato, echa un vistazo a la entrada de la Wikipedia sobre la orden de los cartujos y así flipas un poco.


Hace muchos vi una película/documental que me dejó impactado: El Gran Silencio. Te dejo el trailer. Son 160 minutos, casi todos en silencio.
Junto a la cartuja hay un parque con un guiño a Noruega. Qué recuerdos los tejados de hierba que, no me digas por qué, aparecen aquí junto al monasterio.

Salimos del entorno de la cartuja y, ahora sí, volvemos al mundanal ruido. Se manifiesta en forma de ordenado pueblo esloveno: Gorenje Vrhpolje. Los viñedos se hacen omnipresentes. A la izquierda, entre los árboles, un imponente campanario atrae la mirada. Es el de la iglesia de San Jorge, con su cementerio anexo. Aprovechamos que hay un bar abierto para ingerir líquidos. Hoy el día está bochornoso.
Más adelante queda el castillo de Gracarjev Turn, un torreón del siglo XIII que conserva el nombre de sus fundadores, los Gratzars. Imponen su gran puerta de madera con mazmorra y su torre central rodeada de alas, añadidas en el siglo XVI. Pese a sufrir un incendio en la guerra y ser techado en 1952, hoy está deshabitado. Conserva fragmentos de frescos antiguos, pero no está habilitado para visitas, aunque no luce del todo mal, la verdad.

La ruta continúa por aldeas y algún que otro pueblo de mayor entidad (Gabrje, Dolž, Vrhe y algún otro de grafía complicada). Cogemos la carretera 105 para hacer el último ascenso de entidad de la etapa de hoy. Vaya tráfico. No sé de dónde sale toda esta gente un domingo por la mañana. Debe de ser una ruta principal o algo así, aunque no la tenía en mi radar. El tráfico continúa intenso hasta llegar a Metlika.
Esta vez sí que estamos cerca de Croacia, que queda al otro lado del río Kolpa. Estamos pedaleando por la Carniola Blanca, que, que a su vez, forma parte de la Baja Carniola. Los montes Gorjanci y el río Kolpa marcan el paisaje. Con poco más de ocho mil habitantes en todo su término municipal, representa el epicentro de una zona repleta de contrastes geográficos, donde las llanuras fluviales se entrelazan de manera armoniosa con colinas tapizadas de viñedos. Aunque estamos todavía lejos de la costa, el clima recibe influencias submediterráneas. O sea, más viñedos. Por lo que parece, por aquí se producen algunos de los vinos tintos más célebres de Eslovenia.

El centro histórico de la ciudad está dominado por el imponente Castillo de Metlika. Nos acercamos a esta fortaleza de origen medieval que fue reconstruida tras los ataques otomanos y los incendios de los siglos pasados. En la actualidad, alberga el Museo de la Carniola Blanca, un espacio cultural imprescindible para comprender la etnografía, el folclore local y la historia de las minorías que habitan la frontera. Porque aquí hay hasta tres diferentes diócesis católicas históricas de la región, incluyendo algunas pequeñas comunidades de rito greco-católico. Junto al castillo, se homenajea a figuras ilustres de la cultura eslovena.

Uno de los atractivos de esta zona en verano es el río Kolpa, al que se considera uno de los cursos fluviales más limpios y cálidos del país. Para allá nos vamos, no tengas duda. Este río delimita la frontera entre Eslovenia y Croacia durante un buen tramo. Siguiendo la carretera 216 en dirección hacia Primostek lo dejamos a nuestra izquierda. Cruzamos por un puente sobre el Lahinja, que es afluente del Kolpa. Un cartel indica que vamos hacia Grm pri Podzemlju. Dios santo, ¿cómo se pronuncia esto? Ni lo intentamos.

Nos desviamos de la carretera principal para coger un desvío a la izquierda hacia Otok. Nos sale al paso un avión, un Dakota DC-3 (C-47). Por supuesto, el asunto tiene historia. Aquí quedaba el aeropuerto partisano de Otok. Te traduzco algunas cosas que se pueden leer en un cartel junto al avión.
Este aeropuerto se mantuvo como un símbolo de esperanza en los duros tiempos de la Segunda Guerra Mundial, y fue bautizado como ESPERANZA DE PICADILLY por los Aliados occidentales y EK-81 por los soviéticos. Fue fundado y acondicionado por los partisanos después de que los aviones aliados ya no pudieran aterrizar en el primer aeropuerto de emergencia partisano en territorio esloveno, situado cerca del pueblo de Nadlesk, en Notranjska. Tras el ataque de las fuerzas enemigas al primer aeropuerto, el personal se trasladó a una nueva ubicación en Bela Krajina. […]
El 17 de septiembre de 1944 los primeros aviones británicos lograron aterrizar en esta zona. Aquí quedaba el aeropuerto PICADILLY HOPE, que era relativamente pequeño, con poco más de 800 metros de largo y aproximadamente 100 metros de ancho. Debido a la lluvia, a menudo era inutilizable. Muchas veces, los heridos esperaban, pero el avión no llegaba o no podía aterrizar, por lo que tenían que regresar y esperar la siguiente oportunidad de recibir ayuda aliada. Sin embargo, las necesidades eran cada vez mayores y comenzaron a pensar en un aeropuerto nuevo y más grande. El nuevo aeropuerto de Krasinec, PICADILLY HOPE A, como lo llamaban los Aliados, tenía 1200 metros de largo y aproximadamente 700 metros de ancho con dos pistas. El primer avión aterrizó en Krasinac el 31 de diciembre de 1944.

Dejamos atrás la historia de la Segunda Guerra Mundial, que tantas veces nos sale al paso en esta ruta, y pedaleamos ya los últimos kilómetros de la etapa de hoy. Pasamos junto a la bonita iglesia de Santa Elena, a la entrada de Podzemelj, que queda en una elevación junto a la carretera.

Tras cruzar este pequeño pueblo, de nuevo el Kolpa nos avisa de que a 50 metros, al otro lado de sus aguas, queda Croacia. Volvemos a la carretera 218, la que venía de Metlika, pasamos por Gradac y llegamos a nuestro fin de etapa de hoy en Črnomelj.
Antes de ir a nuestro alojamiento, me acerco al enésimo monumento en recuerdo de los partisanos caídos con la ocupación nazi. Esta vez la casualidad quiere que se denomine Savinšek’s Guernica.

Ahí enfrente, al otro lado de las casas que se ven, queda Croacia.

Bueno, pues ya está, saludamos de nuevo al río Lahinja, lo cruzamos y nos vamos hasta nuestro alojamiento. Recuerda, estamos en Črnomelj. Y sí, esta vez te hago el favor de pronunciártelo: más o menos sería algo así como sornámel. De nada.
Datos e información útil
- Kilómetros totales hasta esta etapa: 1095,1
- Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 19014
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