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Celje
Celje es la cuarta ciudad más poblada de Eslovenia, lo que nos la coloca con unos espectaculares 37.100 habitantes. Sí, no vive mucha gente en Eslovenia, la verdad. El río Voglajna entrega aquí sus aguas al Savinja, justo debajo del castillo. Por ahí pasamos ayer. La ciudad tiene origen en la época romana, cuando era conocida como Celeia, un próspero centro comercial y administrativo apodado la «segunda Troya». De hecho, bajo el suelo del casco antiguo actual se esconde un verdadero tesoro arqueológico. Lo curioso es que se puede visitar. En los sótanos del Palacio del Príncipe (Knežji dvorec) tienen organizado un recorrido –Celeia: una ciudad bajo la ciudad– con varios itinerarios que permiten caminar literalmente sobre calzadas romanas originales y admirar antiguos mosaicos y muros que han sobrevivido al paso de los milenios.


El centro histórico se deja querer, con sus calles peatonales adoquinadas. Invita a un paseo relajado. Por fin, sin tormenta de por medio, se disfruta más.. Además, las fachadas de estilo gótico, renacentista y barroco dejan ver cafeterías, galerías de arte y tiendas muy coquetas.
Visitamos la catedral de San Daniel, donde tienen una capilla lateral dedicada al beato Anton Martin Slomšek. El chaval fue un importante obispo, escritor, poeta y pedagogo esloveno. Se ganó fama por defender firmemente la cultura y el idioma esloveno. El Papa Juan Pablo II lo beatificó allá por 1999. En la pintura presume de sus vestiduras obispales, como la mitra y el báculo pastoral. Mola, no digas que no.

Y parece, no me digas por qué, una ciudad conectada con el ciclismo. No hay más que ver cómo se promociona.

Entre colinas y verdes valles anda el juego
Tú y yo salimos pedaleando junto al río Voglajna por un carril bici muy agradable. Como ayer antes de subir al castillo, aparecen fábricas siderúrgicas. A los cinco kilómetros le decimos adiós al terreno llano para encarar una subida que nos pone a tono: algo más de 400 metros al 7,8% de pendiente media en 5,37 kilómetros. Hoy la etapa encadena esta subida inicial con otro buen buen número de pequeños repechos, pero luego la segunda parte es completamente llana. Esta subida inicial viene aderezado con sus correspondientes vistas. Empieza el festival de verdes valles.

Hacemos cima en un cruce de caminos con su correspondiente Grobišče NOB, o sea una fosa común o cementerio de la Lucha de Liberación Nacional (NOB, Narodnoosvobodilna borba, en esloveno). Estos lugares, como ya te he comentado en las etapas iniciales de esta ruta por Eslovenia, están vinculados a la Segunda Guerra Mundial y a la resistencia partisana yugoslava liderada por Josip Broz Tito contra las fuerzas del Eje y sus colaboradores locales. Aunque, como siempre, la historia es más complicada, porque, por otro lado, el término también se utiliza, a veces de forma más genérica o en cartografía, para designar las numerosas fosas comunes ocultas en los bosques, cuevas kársticas y zonas montañosas donde se enterró a las víctimas de las ejecuciones sumarias que ocurrieron al final y justo después de la guerra, principalmente soldados colaboracionistas y civiles.
Cruzamos Svetina: kapelica a la derecha y dos iglesias, una de gran porte dedicada a Nuestra Señora de las Nieves.


Leo en su web que cuenta con tres historias curiosas a sus espaldas. Tú eliges. La primera cuenta que los albañiles que la construían se alimentaban de peces milagrosos de un arroyo cercano, los cuales desaparecieron para siempre cuando los obreros trabajaron en un día festivo de la Virgen María. Las otras dos explican el exterior oscuro y sin enlucir del templo, atribuyéndolo a una milagrosa niebla o a un deseo de la Virgen para proteger la iglesia y ocultarla de los saqueos turcos.
Ya ves, son cuatro casas y tres edificios religiosos. Así es la Eslovenia rural. Dejamos atrás el cementerio del pueblo, que queda en la salida, y nos internamos en un bosque. Por supuesto, ya te puedes imaginar que continuamos con el festejo habitual de kapelicas por doquier. En 500 metros nos encontramos con tres ejemplares, no te digo más. Kapelica a kapelica y bosque a bosque, llegamos hasta Šentrupert, que nos regala unas bonitas lomas herbosas a mayor gloria de Windows XP. Alcanzamos la carretera 681, por la que pedaleamos un par de kilómetros.


La ruta nos sigue regalando una embaucadora sucesión de tonalidades de verde, granjas y pequeñas casas desperdigadas por las colinas. Venga, va otra foto.

Tras varias pequeñas aldeas, conectamos con la carretera 424 y encaramos una tachuela de apenas kilómetro y medio, pero al 9,2% de pendiente media. Por si se te había olvidado que Eslovenia es, también, una sucesión de buenas cuestas. Ya te lo dije antes. ¿No lo tienes del todo claro? Pues si no quieres taza, toma taza y media: otro pequeño puerto al 8% de pendiente media, esta vez para salvar un desnivel de 430 metros en un santiamén por un frondoso bosque, como no podía ser de otra forma. Y pista, nada de asfalto.
Toda esta subida la hacemos por Bohor, una sierra de media montaña. Leo en un panel:
La zona de Bohor estuvo cerrada en el pasado. Las carreteras no se construyeron hasta después de la Segunda Guerra Mundial. De Oslica a Netopirj solo había un camino forestal, que no conectaba con el valle, pero la madera de Netopirj a Stara žaga se transportaba ladera abajo.
Antiguamente había una cabaña y un establo para caballos de trabajo de la raza Caballo de Montaña Bosnio, conocidos por su fuerza y resistencia. Los Caballos de Montaña Bosnios llegaron a nuestra región con los Uskoks en el siglo XV. Estos caballos se utilizaban para la tala de árboles en los bosques de Bohora. El trabajo era muy duro para ellos.
Netopirje también sirvió como punto estratégico para las emboscadas partisanas contra los ocupantes alemanes en 1942, y allí se produjeron varios enfrentamientos. Los partisanos incendiaron las cabañas de leñadores donde los alemanes se escondían y atacaban.
En un claro del bosque aparecen los edificios dedicados a los caballos.

El pasado impone respeto
Cerca de aquí funcionó, durante la Segunda Guerra Mundial, en la vertiente oriental del pico Netopir, el hospital partisano secreto R-9. Al igual que el célebre Hospital Franja, este complejo formaba parte de la sofisticada red de hospitales ocultos que la resistencia antifascista eslovena levantó en los lugares más inaccesibles del país para tratar a sus combatientes heridos. Estaba compuesto por dos barracas de madera camufladas a la perfección en un espeso bosquecillo de abetos.
La cabaña más grande contaba con espacio para encamar a cuarenta heridos, mientras que la pequeña se utilizaba para operaciones de urgencia y curas. Los heridos eran transportados con los ojos vendados a través de relevos secretos, garantizando que casi nadie supiera la localización exacta de la base. Aunque las construcciones originales de madera no se han conservado, hoy en día el lugar cuenta con un monumento conmemorativo que recuerda el esfuerzo de aquellos sanitarios de montaña.
Un macchiato que sabe a gloria
Tras coronar, nada más arrancar el descenso, aparece una cabaña que ofrece alojamiento y restauración. Digo cabaña, pero es un edificio de buen tamaño. Allí en la terraza, un macchiato que sabe a gloria acompañado de estos graciosos personajes


Llevamos casi cuarenta kilómetros y prácticamente hemos completado toda la parte montañosa de la etapa de hoy. A partir de la cima queda un rapidísimo descenso hasta Senovo. Te recuerdo: estamos en la región histórica de Estiria, a la que accedimos al llegar a Maribor. Esta es probablemente una de las zonas con mayor identidad cultural y peso agrario del país. Sus raíces se hunden en el antiguo Ducado de Estiria, un territorio que estuvo integrado durante siglos bajo el dominio de la Casa de Habsburgo dentro del Imperio Austríaco. Tras el colapso de la monarquía en 1918, la región quedó dividida, permaneciendo la parte norte en manos de Austria y la sección meridional unida a lo que acabaría siendo el territorio esloveno.
Este pueblo de Senovo, donde paramos un rato a avituallarnos, creció indisolublemente ligado a la explotación del carbón, ya que la mina de lignito local, activa durante casi dos siglos, transformó este entorno rural en un vibrante núcleo industrial. Aunque el pozo minero cerró sus puertas definitivas a finales del siglo XX debido a la reconversión sectorial, el pueblo mantiene con orgullo su herencia a través de monumentos urbanos, vagonetas decorativas y algún que otro museo que recuerdan el duro trabajo bajo tierra.

El antiguo tren minero
Ya solo nos queda la parte final de la etapa, prácticamente llana hasta nuestro destino final. La 422 nos acerca a Brestanica, que recibe el nombre del pequeño río que pasa por allí y que un kilómetro después nos dejaría junto al río Sava, pero… en vez de usar la carretera, empleamos el antiguo túnel de una línea de ferrocarril, ahora reconvertido en vía ciclista. Un panel nos da detalles: es el más largo bajo la colina Sremič, lo construyeron en 1920 y tiene una longitud de 521,6 metros.
El primer tren que transportaba carbón por la línea de vía estrecha desde la mina de Senovo hasta la estación de tren de Rajhenburg (Brestanica) pasó por el túnel en 1921. El último lo hizo cuando la mina de carbón de Senovo cesó sus operaciones en la década de 1990.
En septiembre de 2016, el municipio de Krško construyó este carril bici a través de un túnel que conecta Brestanica con Krško y Senovo.


Krško y el río Sava
Pedaleamos unos pocos kilómetros junto al río y atravesamos Krško.

Lo hacemos por un carril bici que no se despega apenas unos metros del Sava. Este es un asentamiento de gran relevancia económica y estratégica. Hemos dejado atrás la Baja Estiria y ahora pedaleamos por la región histórica de la Baja Carniola. El río Sava –es la arteria fluvial más importante en Eslovenia– divide de manera natural este núcleo urbano. A su alrededor se dejan ver colinas cubiertas de viñedos y densos bosques de abetos. Pero Krško es mundialmente conocido por su perfil industrial y energético, al albergar la única planta de energía nuclear de todo el territorio esloveno. Tú y yo la dejamos allá a lo lejos a nuestra izquierda.

Esta central nuclear, que comenzó a operar en la década de los ochenta, tiene su particularidad y se puede considerar un curioso éxito diplomático. Su propiedad y gestión son compartidas al 50% entre Eslovenia y Croacia. A pesar de los litigios jurisdiccionales que ambos Estados mantienen en otros ámbitos, como las aguas de la Bahía de Piran, la cooperación en la planta de Krško parece que funciona. Más allá de su evidente potencial industrial, Krško es una ciudad que atesora un fuerte vínculo con los orígenes de la identidad nacional, ya que en sus proximidades desarrollaron parte de su legado figuras clave de la Reforma Protestante del siglo XVI, periodo en el cual se imprimieron los primeros libros en lengua eslovena.
Dejamos atrás Krško. Nos despedimos del río Sava y afrontamos, ahora sí, los últimos quince kilómetros por una zona absolutamente plana repleta de campos de cultivo.


Es una fértil llanura fluvial conocida como el campo de Krško y Brežice (Krško-Brežiško polje), que constituye una de las zonas agrícolas más ricas e intensivas de todo el este de Eslovenia. Las tierras bajas que flanquean el río Sava se benefician de suelos de depósitos aluviales altamente productivos, lo que da pie a una gran variedad de explotaciones hortofrutícolas y de secano. Se ve mucho cereal, pero también verduras y hortalizas junto a zonas con plantaciones frutales (manzanos y perales, sobre todo). Por supuesto, las colinas también presumen con explotaciones vitivinícolas boutique. Según parece, son pequeñas parcelas familiares que en ocasiones se han reconvertido como soporte de una actividad turística centrada en la enología.
No lejos de nuestra ruta queda el Vojaško letališče Cerklje ob Krki, o sea el aeródromo militar más importante de Eslovenia y la base de operaciones principal de la fuerza aérea del país. Fue inaugurado originalmente a finales de la década de los treinta cuando existía el Reino de Yugoslavia. Desde entonces, no han perdido oportunidad de hacerlo crecer; da igual que fuera la Wehrmacht alemana, el Ejército Popular Yugoslavo o, finalmente, las Fuerzas Armadas eslovenas tras la independencia de 1991. Por lo que leo, tiene uso mixto militar y civil. Funciona como un centro moderno integrado plenamente en las estructuras de la OTAN y sirve de apoyo logístico para misiones internacionales y el control defensivo del espacio aéreo.
Pues ahí enfrente tenemos nuestro final de etapa. El río que viene por la izquierda es el Krka.

Mañana te cuento, porque este enclave de Kostanjevica na Krki donde vamos a hacer noche nos va a dar bastante juego. Ya lo leerás.
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Datos e información útil
- Kilómetros totales hasta esta etapa: 1024,60
- Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 17633
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