03 Idrija – Kobarid #EsloveniaEnBici

Paisajes deslumbrantes con un pasado dramático

by Julen

Las piernas se acuerdan del desnivel de ayer

Fue la primera etapa con desniveles hermosos. Claro que gran parte del recorrido transcurría por bosques mágicos que hacen mucho más llevadero el pedaleo. La psicología de este cicloviajero sale muy fortalecida. Sí, mucho piñón grande, pero acompañado de una inmensa sensación de placer. Supongo que el depósito de endorfinas va repleto. A ver qué tal aguanta porque vienen otros dos días con sus buenas cuestas.

Por la tarde me doy un paseo por el pueblo. Todo son referencias a las minas, de las que te cuento en breve. Aprovecho que hay tienda de bicis para comprar un cartucho de C02. Me voy fijando que hay bastantes tiendas de bicis. Tanto ayer en Ajdovščina como aquí en Idrija no falta oferta. Pogačar y compañía alguna culpa tendrán.

Idrija sigue representando una zona de transición geológica y geográfica muy precisa. Técnicamente, no forma parte de los Alpes Julianos propiamente dichos, sino que se sitúa en las Colinas de Idrija (Idrijsko hribovje), que actúan como el nexo de unión entre los sistemas alpinos al norte y la meseta kárstica al sur. Claro que ayer, para llegar hasta aquí ya sentí lo escarpado del terreno. Aunque el mapa muestra a los Alpes Julianos situados un poco más al noroeste, en torno a Bovec y el macizo del Triglav, Idrija comparte su orografía salvaje.

Las minas de Mercurio

La casualidad quiere que mi alojamiento, una «casa de huéspedes» muy digna con gente muy amable, quede justo al lado del museo dedicado a las minas de mercurio. Vi que tenían un menú vegetariano en la carta y a por ello fuimos. Una sopa de champiñones y unos ravioli rellenos de verdura me dejaron encantado.

Porque Idrija destaca en el mapa por este motivo.

Las minas de Idrija fueron durante mucho tiempo las segundas productoras mundiales de mercurio, por detrás de Almadén en España. Fueron importantes para la extracción de plata en la América española, y junto con las minas de mercurio de Huancavelica en Perú y Almadén, los principales lugares de los que se surtían las minas argentíferas del Nuevo Mundo. Idrija proporcionaba el 2,32% de los 370.000 kilos de mercurio consumidos anualmente en América hasta el siglo XVIII. A partir de 1970 la producción decayó, en parte por la baja cantidad de mercurio de los nuevos depósitos, y en parte porque el precio mundial del mineral se desplomó.

O sea, que Almadén, en Ciudad Real, y este pueblo disponen de vínculos históricos. Quién me lo iba a decir. Ciudad Real y Eslovenia tienden puentes. Espera, espera, que te cuento alguna cosa más.

Para empezar, una peculiaridad de este hermanamiento manchego-esloveno: Idrija y Almadén comparten una inscripción única en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Así como te lo cuento, bajo el nombre conjunto de «Patrimonio del Mercurio: Almadén e Idrija». Nos situamos solo unos siglos atrás. Estamos en el siglo XVI. La conexión se basa en que ambas conforman un duopolio mundial del mercado mundial de este metal. Almadén es la mina más grande del mundo e Idrija la segunda. Juntas, suministran el mercurio necesario para un proceso histórico clave: la amalgamación. Sin el mercurio de estas dos minas, no se puede extraer la plata de las minas de México y Perú que financia gran parte de la economía global entre los siglos XVI y XIX. O sea, que el nuevo mundo necesita lo que viene de Almadén y de Idrija. El mercurio de Idrija es básicamente cinabrio.

Este mineral es básicamente sulfuro de mercurio y se reconoce fácilmente por su color rojo intenso y brillante, casi como la sangre. Sin embargo, lo que hacía a Idrija verdaderamente especial desde el punto de vista geológico era la presencia de mercurio nativo. A diferencia de la mayoría de las minas donde el metal debe extraerse del mineral mediante calor, en las galerías de Idrija era posible encontrar pequeñas gotas de mercurio líquido puro atrapadas directamente en las grietas de las rocas.

Fuente: https://www.flickr.com/photos/banco_imagenes_geologicas/4999119971

Pasamos, si quieres, al siglo XVII. Fruto de la entre estos dos pueblos, se llevan a cabo habituales intercambios de conocimientos técnicos. No solo comercian y compiten entre sí, sino que comparten personal experto y tecnología. Muchos de los avances en ventilación de pozos, bombeo de agua y sistemas de hornos de destilación que se inventan en Idrija se prueban luego en Almadén, y viceversa. Además, profesionales de la enseñanza –porque hay escuela de minas– viajan de un lugar a otro para enseñar las últimas técnicas de geología y metalurgia. Vamos, que, sin que lo sepan, ya disponen de su propio Erasmus, aunque restringido solo a estos dos lugares.

Hoy es el día en que ambas poblaciones muestran un patrimonio compartido. Por lo que se ve, las visitas al Parque Minero de Almadén son muy similares a las de aquí. En ambos sitios se pueden observar restos de hornos de destilación diseñados para separar el mercurio del mineral de cinabrio. Ambas ciudades crecen en su momento alrededor del pozo y crean una estructura urbana donde todo —hospitales, almacenes, escuelas— gira en torno a la mina. Y, por último, en ambas existe, por supuesto, una devoción profunda a Santa Bárbara, con altares y celebraciones similares en el corazón de la tierra. De hecho en la visita a las minas de aquí se incluye una capilla subterránea dedicada a la que es patrona de los mineros (y de los artilleros).

El castillo Gewerkenegg

Y seguimos con patrimonio relacionado con las minas. El castillo de Gewerkenegg no es un castillo cualquiera. Nunca ha sido residencia de una familia aristocrática. ¿Entonces? Desde principios del siglo XVI hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, el castillo, situado sobre el pueblo, albergó la administración de la mina, mientras que sus sótanos, bien construidos y vigilados, servían también como depósito seguro para el valioso mercurio. Hoy en día, este castillo renacentista alberga las exposiciones del Museo Municipal de Idrija, que repasan sus quinientos años de historia.

Al lío: puertos de montaña para regalar

Ayer disfruté, al comienzo de la etapa, de una subida de campeonato, como intenté explicarte en mi texto. Hoy la ruta que empleo como referencia, la STKP, que es una travesía para bici de monte por Eslovenia, me llevaba a otro falso llano a fin de superar 700 metros de desnivel en 4,75 kilómetros. Las cuentas salen fácil, ¿verdad? Pendiente media del 15%. Claro, soy un cobarde. ¿Para qué ese estropicio si puedo buscar un plan B y salvar el mismo desnivel, pero en dos subidas diferenciadas, con un pequeño tramo de bajada entre ellas? Eso sí, la primera con pendiente media del 8,4% y la segunda del 7,7%. Tampoco es broma. Pues no se hable más. Bueno, sí. Te cuento qué tal este primer contacto con las cuestas prealpinas eslovenas. Porque, si no quiero taza, ¡toma taza y media! Tras las dos primeras tachuelas todavía viene otra de 4,4 kilómetros al 7,7% de pendiente media. Ya lo dice el refrán: No hay dos sin tres. Pero vamos por el principio.

Salgo temprano, como es mi costumbre. Me acerco hasta el río Idrijca y lo cruzo por una pasarela habilitada para peatones y ciclistas. La ruta me conduce hacia Topilnica Hg, la antigua planta de fundición de la histórica mina de mercurio que hoy funciona como centro de visitantes y también como museo interactivo. Ya sabes, su nombre, Hg, hace referencia al símbolo químico del mercurio.

La carretera se convierte en carril bici que me deja ante el primer puerto. Solo son 653 metros de desnivel. Venga, ¡piñones grandes fuera! Reminiscencia de Mazinger Z, evidentemente. Si no te suena, esa suerte que tienes de ser tan joven. Acompáñame, que empezamos a subir. Árboles, divino tesoro. Tipi, tapa, tipi, tapa. Por cierto, hay bastante tráfico, me resulta raro porque aún no son ni las siete de la mañana. Una señal indica que quedan dos kilómetros para Ledine. Es hora de dejar la 610 por la que vengo y coger otro asfalto más humilde aún. Paro un momento en una kapelica. Original ella, porque queda custodiada por dos hermosos árboles a izquierda y derecha. Parecen cuidar literalmente a la virgen para protegerla de cualquier cosa que pudiera ocurrir.

Dejo el pueblo a la derecha y sigo subiendo. Ya queda poco. A la salida encuentro otro monumento conmemorativo dedicado a los combatientes partisanos caídos durante la Segunda Guerra Mundial. Bonitas vistas al pueblo, ¿verdad?

Hago cumbre. En la bajada me encuentro… con otra kapelica. Vaya sorpresa. Más adelante, al pie de la carretera queda el Sektorski mejnik 38.

En apariencia es un simple mojón, pero hay historia detrás porque este es uno de los hitos principales que delimitaban la antigua frontera de Rapallo, establecida tras la Primera Guerra Mundial para separar el Reino de Italia del Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos. Compleja Europa, dale que te pego a poner y quitar fronteras. Por el llamado Tratado de Rapallo de 1920, se desplazó la frontera hacia el este. La consecuencia directa fue que gran parte de la población eslovena quedó bajo soberanía italiana y sometida a procesos de asimilación. Este mojón, según se ve, era uno de los importantes para facilitar la vigilancia y el mantenimiento por parte de las patrullas militares de la época.

Termina la bajada y toca encarar la segunda tachuela. Se alternan zonas cerradas de bosques con otras más abiertas y muy fotogénicas de pastos. Me salen al paso granjas con actividad ganadera.

Cerkno

Desemboco en la carretera 210 por la que llego a Cerkno. Ya he salvado la mayor parte del desnivel de la etapa de hoy. Entro en el pueblo, cuya fama tiene que ver con su carnaval, en el que los laufarji (corredores) emplean máscaras de madera de tilo, y también con el hospital partisano Franja, que queda al norte y del que te comento en breve. Bueno, además tienen su estación de esquí, de la que leo que anda con problemas porque ¡no nieva como antes!

Fuente: Wikipedia

Paro un rato a tomar algo y descansar un poco antes de iniciar la segunda parte de la etapa de hoy, mucho más llevadera. Pero antes, mención obligada a un lugar que, de no haber estado cerrado, habría visitado sin lugar a dudas… ¡por recomendación familiar!

El hospital partisano Franja

Fuente: https://www.muzej-idrija-cerkno.si

El Hospital Partisano de Franja, cuyo nombre tiene que ver con una médica eslovena que salvó a mucha gente durante la Resistencia, es uno de los pocos hospitales partisanos eslovenos que funcionaron durante la Segunda Guerra Mundial y que aún se conservan. Se construyó en el desfiladero de Pasica, al norte de Cerkno, con toda la intención de esconderlo de miradas indiscretas. Es un lugar de memoria con un valor simbólico excepcional. Cuenta con la consideración de monumento de importancia nacional y, por su contribución a la historia común europea, ostenta también el Sello de Patrimonio Europeo.

Este lugar atrae a los visitantes de diversas maneras. Quizás te quedes maravillado con la vista de las imponentes paredes del desfiladero y la majestuosa cascada que ruge a lo largo del sendero de acceso, o tal vez te cautive el camino que asciende gradualmente a través del bosque, rodeado por una fragante alfombra de ciclámenes. Pero sin duda te sorprenderá y encantará el conjunto de cabañas de madera apiñadas al fondo del desfiladero de Pasica, y la historia de su origen y misión.

Los partisanos, con la ayuda de los lugareños, construyeron barracones para salvar vidas. En total, son catorce barracones de madera. Los hay con literas para los heridos, quirófanos y salas de rayos X, pero también se levantaron otras infraestructuras: la cocina, el almacén, la lavandería con baño, la central eléctrica, los refugios para los heridos y los búnkeres para la compañía de defensa. Tremendo pensar cómo tuvo que ser la vida aquí, con un puñado de personas dispuestas a sacrificar sus vidas para ayudar a sus semejantes. Se estima que entre el 23 de diciembre de 1943 y el 5 de mayo de 1945 dieron cobijo a 578 heridos; la mayoría de ellos se salvaron. Las historias de los heridos y del personal, escritas en los tablones de anuncios entre los barracones, reviven la memoria de una época de sufrimiento, pero también de extraordinaria camaradería, valentía y solidaridad.

Sabía de este sitio por mi hermana, que lo visitó hace tiempo. La lástima es que está cerrado temporalmente debido a los graves daños estructurales causados por las inundaciones y tormentas de julio de 2023. Por lo que leo, se estima que el hospital permanecerá cerrado para visitas al menos hasta finales de 2026. Pero, aunque no lo haya visitado, no podía dejar de mencionarlo.

La parte amable de la etapa

Continúo por la carretera 210. Acompaño al río Cerknica durante un corto tramo hasta dar de nuevo con un viejo conocido: el río Idrijca. Silbamos Verano Azul mientras pedaleamos a su vera por la 102, que viene de Idrija y por la que me habría ahorrado unos cuantos kilómetros y buena parte del desnivel acumulado de esta etapa. A la derecha, casi indistinguible entre la maleza queda un antiguo cuartel militar italiano que formaba parte del complejo sistema defensivo conocido como el Vallo Alpino o Muro Alpino.

Estas estructuras fueron construidas principalmente durante el periodo de entreguerras, cuando esta parte del territorio esloveno estaba bajo la soberanía del Reino de Italia tras el Tratado de Rapallo. El objetivo de estos cuarteles era albergar a las tropas encargadas de vigilar la frontera con el entonces Reino de Yugoslavia y dar apoyo logístico a las fortificaciones, búnkeres y túneles que se distribuían por las crestas de las montañas.

Durante veinte kilómetros voy conversando tranquilamente con el río Idrijca. Ya tiene de qué presumir el colega: desde las presas históricas construidas en el siglo XVIII hasta sus zonas de baño, pasando también por un pez muy particular. Porque por aquí nada una especie endémica del río Soča y algunos otros adyacentes, como es el caso del Idrijca. Hablo de una trucha de color marmóreo amarillo-marrón, con manchas oscuras, y gran tamaño. ¡Han pescado ejemplares de más de 20 kg! Hay que ser todo un profesional (o una profesional, por supuesto) para pescar semejante bicho. La pobre estuvo al borde de la extinción debido a la hibridación con la trucha común, pero parece que se le ha dado la vuelta al problema. Si buscas en Internet, anda que no hay orgullosos pescadores luciendo trofeo. Mira cómo luce la sonrisa del colega.

Fuente: https://slovenia-fly-fishing.com/es/trips/fly-fishing-soca/

Finalmente el Idrijca se encuentra con el Soča (Isonzo cuando pasa la frontera hacia Italia) en Most na Soči, un idílico pueblecito donde las aguas se embalsan en la presa de Doblar para disfrute de canoístas, paddlistas y demás especies humanas con predilección por el agua.

El pueblo se eleva sobre la confluencia de los dos ríos, que lucen aguas de color esmeralda. La tranquilidad que transmite hace difícil imaginar la crueldad de lo que pasó por aquí tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial. En la actualidad, el pueblo es un centro de turismo activo incluyendo en la oferta a ciclistas que buscan puertos de montaña exigentes. Tienes donde elegir por los alrededores.

El tramo final junto al Soča

Dejo atrás el remanso de paz para pedalear los últimos veinte kilómetros junto a mi nuevo amigo, el río Soča, ese río que tan habitual es ver en fotografías de publicidad como destino turístico por esta parte de Eslovenia. A medida que avanzo hacia el noroeste, el valle se estrecha y el río recupera un carácter más salvaje. Traducido a tiempos modernos: rafting. Estoy pedaleando por el corazón de la región de Primorska, un buen lugar para entender la complejidad histórica de Eslovenia. Este fue el epicentro de lo que se denominó el Frente del Isonzo durante la Primera Guerra Mundial. Por su parte, en la Segunda Guerra Mundial, los combatientes partisanos utilizaron estos mismos bosques para luchar contra la ocupación nazi y fascista.

El perfil de este tramo es engañoso. Sigo el curso del río, pero hay constantes toboganes. A medida que avanzo, tengo la sensación de que el aire comienza a sentirse más fresco. Las cumbres de los Alpes Julianos quedan ya cerca. Aunque voy penetrando cada vez más en una zona montañosa, no hay que olvidar que este río conecta el interior robusto y alpino con la fachada mediterránea. Y es que, como te decía, el Soča, este río que nace en el valle del Trenta, en pleno corazón de los Alpes Julianos dentro del Parque Nacional de Triglav (mañana te cuento) se reconvierte en Isonzo al italianizarse camino de su desembocadura en el golfo de Trieste.

¿Por qué no? Una última subida imprevista

No, no lo tenía pensado así, pero hay veces en que conviene saltarse lo planificado. Me quedan apenas 15 kilómetros para terminar en Kobarid, donde me alojo hoy. Pero puede haber motivos para un último esfuerzo antes de finalizar la etapa. ¿Cuál en concreto? La Iglesia Memorial del Espíritu Santo. Queda aquí arriba, en Javorca, hasta donde llega una carretera que luego se hace pista sin asfaltar y que sale desde el valle, a la altura de Tolmin. Pedaleo por tramos mágicos con el río muchos metros más abajo.

La iglesia es uno de los monumentos más conmovedores de la Primera Guerra Mundial en territorio esloveno.
Se construyó entre marzo y noviembre de 1916 por soldados austrohúngaros del frente de Isonzo (mañana espero contarte algo más). Se ve que eran maestros en diversos oficios y levantaron el templo como un símbolo de fe y esperanza en medio del conflicto. El diseño es obra del arquitecto vienés Remigius Geyling, entonces teniente, mientras que la construcción fue dirigida por el húngaro Géza Jablonszky. Son algo más de 400 metros de desnivel desde aquí hasta el el valle. La iglesia queda en una terraza natural integrada de manera majestuosa en el paisaje alpino de los Alpes Julianos.

El edificio es de factura modernista y usa, claro está, materiales locales, como la piedra para la base y la madera de alerce para la estructura superior. El exterior presenta un campanario con un relieve del Espíritu Santo y el escudo del Imperio Austrohúngaro, mientras que el interior alberga un altar muy decorado y pinturas que reflejan la devoción de los soldados de diversas nacionalidades que convivían en las trincheras. Un elemento de profundo impacto histórico son las tablillas de madera de roble que recubren las paredes interiores. En ellas permanecen grabados los nombres de 2.565 soldados caídos en los campos de batalla cercanos. Estas listas de nombres, ordenadas alfabéticamente, transforman el espacio en un mausoleo simbólico que honra a combatientes de diferentes orígenes étnicos y religiosos, reforzando su mensaje de reconciliación.

Debido a su excepcional valor histórico y cultural, la iglesia ha recibido el Sello de Patrimonio Europeo y forma parte esencial de la Ruta de la Paz, una ruta senderista que conecta los puntos clave del frente de Isonzo. El ascenso hasta aquí tiene su carga simbólica, no hay duda. La recompensa es un refugio de paz que combina la espiritualidad con vistas panorámicas de los picos circundantes. Es buen lugar para reflexionar sobre las inseparables relaciones entre geografía e historia en los Balcanes. El templo permanece hoy como un llamado a la concordia entre las naciones, manteniendo vivo el legado de quienes lo construyeron hace más de un siglo.

Entrada a Kobarid por el puente de Napoleón

Bajo lo que he subido y vuelvo a las aguas color esmeralda del río Soča. Lo hago para encontrarme de nuevo con la misma carretera por la que venía. Lo que antes fue casi una hora para subir se queda en menos de 15 minutos de descenso. Ahora sí, vente hasta Kobarid, nuestro final de etapa de hoy. La carretera principal va por el otro lado del río, pero tú y yo nos vamos por una secundaria que va cruzando pequeños pueblos, a cual más encantador. Pedaleamos sin prisa. Nos espera el puente de Napoleón, por el que vamos a cruzar el río para entrar en Kobarid.

La ingeniería y la historia se funden en este puente junto a la belleza natural del valle. Se construye originalmente en 1750, pero debe su nombre al paso de las tropas de Napoleón Bonaparte allá por 1797. Sin embargo, su relevancia histórica alcanza un pico trágico durante la Primera Guerra Mundial. En 1915, justo después de la declaración de guerra, las tropas austrohúngaras lo vuelan para frenar el avance italiano. Más tarde, se reconstruye la estructura de piedra, que es la que hoy puedes admirar. Abajo, las aguas turquesas del Soča fluyen encajonadas entre paredes calizas ajenas a los desvaríos de los humanos que se mueven por encima.

Esta es la puerta de entrada a Kobarid, un recordatorio constante de cómo la geografía de los Alpes Julianos condiciona el destino de Europa. Y me da que también es la puerta de entrada al turismo masificado. Así que te dejo foto aérea, pero no pienses, ni de lejos, que en esta época del año lo vas a ver en soledad. Ni mucho menos. Entro en Kobarid y me dirijo a mi alojamiento, el Hostel Kobarid. Sí, turistada de por medio. Qué le vamos a hacer.

Fuente: https://www.soca-valley.com/

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