02 Ajdovščina-Idrija #EsloveniaEnBici

Subidas interminables a través de inmensos bosques

by Julen

Ajdovščina

Primera noche en Eslovenia. Ajdovščina ha sido el pueblo elegido. Al principio había pensado alojarme en el hostel, que tiene muy buenas críticas. Sin embargo, el guionista me ha cambiado planes. El señorito Julen prefiere dormir solito y tranquilo. A estas alturas de partido nos lo hemos ganado. Dicho lo cual, me ha encontrado un pequeño apartamento que es una maravilla, en pleno centro del pueblo. Mis anfitriones me querían invitar a una botella de vino, pero han pinchado en hueso con un abstemio como yo. Ya os comentaba ayer que el valle de Vipava es famoso por sus vinos.

Estoy en el corazón del fértil valle de Vipava, todavía sin entrar en territorio de los Alpes Julianos, que quedan aún más al noroeste. Así que no llega a ser turístico del todo, pero se huele que es un destino que bien puede servir de punto de partida para adentrarse en las cumbres que lo protegen. De alguna forma, representa el umbral de la Eslovenia kárstica y la dinárica, un punto de transición donde el terreno deja de ser amable y llano para convertirse en una sucesión de mesetas elevadas y bosques profundos. O sea: cuestas con grandes desniveles.

Para entender dónde encaja, debemos mirar hacia arriba, hacia la meseta de Gora y el macizo de Trnovo (Trnovski gozd). Ajdovščina se asienta al pie de un impresionante escalón tectónico donde la llanura del valle, de influencia mediterránea, se detiene bruscamente ante una muralla de piedra caliza que se eleva casi verticalmente hasta los 1.000 metros de altitud.

Aquí en Ajdovščina hay también vestigios de una profusa herencia romana. Y es que se asienta sobre la antigua fortificación de Castra, el asentamiento romano mejor conservado de Eslovenia. Si quieres puedes pasear junto a sus murallas y las torres redondas o apreciar los restos de baños y mosaicos en la mismísima plaza principal Lavričev trg; no hay que salir del pueblo. Y hay museo para entenderlo aún mejor.

Ajdovščina, no obstante, está definido por el río Hubelj. Se ve que lo miman bien porque han dispuesto una gran zona verde de esparcimiento a su alrededor.

Mis primeras pedaladas se dirigen precisamente hasta su nacimiento. Por cierto, leo que la zona es famosa por el fuerte viento Burja, «un factor determinante que los ciclistas deben consultar antes de emprender cualquier ruta por el valle».

El nacimiento río Hubelj

Desde el comienzo toca afrontar cuestas. El río nace a apenas un par de kilómetros del pueblo. Piñones grandes, para qué os quiero. La subida me conduce hasta su impresionante manantial. Aquí el agua brota con fuerza de la roca cerca de las ruinas de las antiguas herrerías del siglo XVI. Ya bueno, eso de impresionante es para otras épocas del año. Compara cómo se pone con las lluvias y cómo lo he visto yo.

El nacimiento del río Hubelj es un clásico fenómeno kárstico. El río no se conforma con nacer de forma convencional, sino que brota directamente de las entrañas de la montaña a través de tres cuevas principales situadas a diferentes alturas. En épocas de sequía, el agua fluye con calma desde las aberturas inferiores, pero tras las lluvias intensas el lugar se transforma en un espectáculo atronador de cascadas que pueden alcanzar los 40 metros de altura. El aire se llena de una densa neblina y un rugido ensordecedor que demuestra la potencia salvaje de la naturaleza. ¿Cómo se lo encuentra el cicloviajero? Pues xxxxx.

Esta fuerza hidráulica actúa como motor económico en el desarrollo de Ajdovščina. Desde el siglo XVI, el ser humano aprovecha el ímpetu del Hubelj para instalar las Fužine, un complejo de herrerías y fundiciones donde se procesa hierro y cobre. Hoy puedes darte una vuelta entre las ruinas de estos antiguos edificios industriales. Se conservan los muros de piedra y los canales que antaño servían para mover grandes martillos y fuelles: contraste curioso entre la arqueología industrial y la fuerza del agua.

Más allá del impulso que proporciona a Ajdovščina, es la principal fuente de vida del valle. Según parece, su agua es de una pureza extraordinaria porque se filtra de forma natural a través de las capas de piedra caliza de la montaña. O sea, agua potable directamente de los manantiales. Para sacar partido a su calidad la emplean como ingrediente base en la producción de los zumos Fructal, una marca que encuentras por aquí en cualquier lado y cuya fábrica principal está en medio del pueblo.

No lejos del pueblo queda también, para los amantes del senderismo, ya en la meseta de Gora, el Otliško okno, un arco de piedra natural que enmarca vistas espectaculares del valle, y el pico Sinji Vrh, desde el cual se alcanza a ver el mar Adriático en días despejados. Eso leo. El Otliško okno, según parece, es un destino bastante popular y muy fotografiado.

Fuente: Vid Pogacnik en Wikipedia.

La subida interminable

Mi Garmin dice que afronto un puerto de categoría especial. Es un falso llano de 18,66 kilómetros al 5,7% de pendiente media, con tres descansos intercalados. Qué suerte tengo. Son solo 1333 metros de desnivel.

Va a ser que no hay prisa, ¿no? Es mi primer contacto con lo que se va a repetir en varias ocasiones, sobre todo en estos primeros diez días de ruta. Pedalear por esta zona te ofrece regalos así, ¡incluso sin que técnicamente estemos en los Alpes Julianos aún! La previsión para hoy es pasar un poco de los 2.000 metros de desnivel acumulado. No está mal como segunda etapa. Habrá que irse acostumbrando.

La carreterita poco a poco va dejando atrás zonas habitadas y se adentra en el medio natural. Cruzo por Lokavec y me despido, hasta cierto punto, de la civilización. Empieza lo bueno. La carretera 609 juega a las curvas infinitas, siempre en subida. Me voy entreteniendo con lo que puedo. Primero con una lovska opazovalnica. Sí, eso, una torre o puesto elevado de observación que se utiliza para la caza. Curiosa, ¿verdad?

Estas estructuras de madera suelen situarse en los límites entre el bosque y las zonas abiertas para vigilar la fauna, como ciervos o corzos. Esta se la han currado bien: Oye, Patxi, ¿a qué no hay huevos de colocar arriba el puesto de observación? Se ve que no conocen a Patxi.

Luego menos mal que aparece una Vodno zajetje Skuk. Ya, que aquí te pillo y no tienes ni idea de qué te hablo. Una fuente, eso es lo que es. Bien claro lo dice: Vodno zajetje Skuk. A ver si prestas más atención. Algo más adelante me sale al paso la Srednječavenska pot; o sea, un punto de conexión con esta ruta senderista muy panorámica y técnica, según me documento. Idioma complicado el esloveno, ¿verdad? Al menos en su grafía.

Poco antes del cruce a la derecha hacia Predmeja y tras cruzar un pequeño túnel excavado en la roca, llego a una zona que proporciona estupendas vistas. Ni tan mal para descansar un poco. Ya llevo casi doce kilómetros de ascenso. Me lo merezco, ¿no? Siete kilómetros después –o sea, no sé cuánto tiempo después de la parada anterior– dejo la carretera por la que he subido desde Ajdovščina y cojo una pista a la derecha justo donde se hace un claro en el bosque por el que venía. Tres kilómetros más y terminaré este primer subidón del día de hoy. La sensación de soledad es absoluta.

Ya casi al final de la subida paso junto a Velika ledenica v Paradani. Aunque doy por sentado que sabes de lo que te hablo, te explico:

Es una de las cuevas de hielo más famosas de Eslovenia, situada en el altiplano de Trnovo (Trnovski gozd), una zona que queda dentro de la región de la Carniola Interior. Se trata de una cueva de colapso profunda donde se produce un fenómeno de inversión térmica extremo: el aire frío queda atrapado en el fondo, lo que permite que el hielo se conserve durante todo el año, incluso en verano.

Históricamente, este lugar es un ejemplo fascinante de la «ventaja estratégica» y comercial de la geografía eslovena. Antes de que existiera la refrigeración industrial, se extraían grandes bloques de hielo de la cueva para transportarlos y venderlos en ciudades cercanas como Trieste o incluso para enviarlos en barco hasta Egipto.

De nada. Venga, que todavía nos queda mucha etapa por delante.

Los monumentos erigidos a la lucha por la liberación nacional

¿Qué sucede tras ascender 1333 metros de una tacada? Bajar, bajar, bajar. Eh, no te emociones, que de vez en cuando el guionista mete repechos para que tus piñones grandes no se aburran. Y en esto que llego hasta un Spominsko obeležje NOB. ¿Tampoco lo pillas? Menudo día que me estás dando.

NOB (Narodnoosvobodilni boj) son las siglas de la Lucha de Liberación Nacional. Se refiere a la resistencia de los partisanos eslovenos contra la ocupación nazi y fascista (alemana, italiana y húngara) durante la Segunda Guerra Mundial. Pues bien, de vez en cuando nos vamos a encontrar tú y yo con diversos monumentos conmemorativos de la Lucha de Liberación Nacional. Eslovenia tiene una identidad muy fuerte ligada a esta resistencia. Por esta zona casi cada pueblo tiene un monumento, una placa o una estatua dedicada a los partisanos locales o a las víctimas de la guerra. La historia duele. Duele de verdad. Ya te iré explicando.

En la bajada entro en una zona de casas desperdigadas. Es Vojsko. Aquí es donde me topo con el primer monumento alusivo a los partisanos. Normalmente suelen ser de tres tipos: placas de piedra en fachadas de casas donde ocurrió algo histórico o donde nació algún héroe local, obeliscos o estatuas generalmente en las plazas de los pueblos o en cruces de caminos rurales y lo que suele denominarse como «arquitectura brutalista», esto es, construcciones de hormigón con formas abstractas y normalmente, por cierto, muy fotogénicas.

¿Por qué hay tantos en esta zona del Valle del Vipava y en las estribaciones de los Alpes Julianos? Ya lo puedes imaginar: aquí hubo mucha actividad partisana debido a su orografía y a que era una zona de paso estratégica hacia Italia. Muchos de estos monumentos están situados en miradores espectaculares o puntos de descanso con sombra. Tomo nota para parar a beber agua y echar un vistazo a la ruta.

Este monumento que tengo enfrente queda en un pequeño altiplano. Estoy a unos mil metros de altitud. Este entorno de Vojsko es famoso por su papel en la Segunda Guerra Mundial porque aquí se escondía la Imprenta Partisana Slovenija, que nunca fue descubierta por las fuerzas de ocupación.

Ingeniería rural hidráulica

Deshago los casi dos kilómetros que me he desviado para llegar al monumento. Continuamos atravesando el reino de la soledad y de los bosques. Tras media hora larga conmigo mismo y mis pensamientos, me doy de bruces con una putrihove klavže. Ahora sí que sí; no me engañes. Sabes lo que son, ¿no? El título de este epígrafe debería darte una pista. Es una de las varias presas de madera y piedra diseñadas específicamente para el transporte de madera. Se las conoce coloquialmente como las «pirámides eslovenas» por su robustez y la precisión de su construcción.

En los siglos XVIII y XIX, la mina de mercurio de Idrija (que era una de las más grandes del mundo y de la que mañana tendrás información) necesita cantidades ingentes de madera para apuntalar las galerías y para el proceso de fundición. Como los bosques están en montañas altas y el terreno es muy abrupto, no les queda otra que construir estas presas en los ríos para acumular agua. El proceso es bastante simple a la vez que ingenioso: lanzan los troncos al cauce seco del río por debajo de la presa y abren las compuertas de golpe. La ola de agua arrastra miles de troncos valle abajo hasta la ciudad de Idrija.

Estas pequeñas joyas de la ingeniería rural son capaces de retener miles de metros cúbicos de agua usando mecanismos de apertura rápida que eran pura vanguardia para la época. Están construidas con bloques de piedra caliza tallados a mano que encajan perfectamente. Conservan un aire monumental, casi como una especie de templo escondido en mitad del bosque. Y sí, han recibido su reconocimiento mundial. Forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO dentro del conjunto de la mina de Idrija, del que, como te decía, comentaremos mañana.

Seguimos ruta y cinco kilómetros después nos encuentramos con una prima hermana de la putrihove klavže. Exacto. Como ya puedes suponer, me refiero a una brusove klavže. Es el mismo tipo de presa de piedra, pero esta vez con mayores ambiciones. Sirve también para el transporte de madera por flotación. La estructura de piedra de esta es de 1767. Salva un desnivel de unos 15 metros de altura y cuenta con unos 35 metros de ancho. Pedaleamos, por cierto, por el valle del río Bela a través de una pista forestal rodeada de una vegetación muy densa y con el sonido constante del agua. Así que entre la putrihove klavže, la brusove klavže y la Jez na Belci –una tercera presa con un pequeño salto de agua, pero sin construcción anexa– se nos va pasando la mañana. Ya ves qué entretenimiento.

La pista por la que venimos recibe el progreso del asfalto justo al entrar en una pequeña aldea con cuatro casas (bueno, miento, son tres) que recibe el nombre de Idrijska Bela. Y enseguida llegamos al jolgorio y la diversión. Efectivamente, acabamos de llegar a Območje Lajšt. Si las klavže son la parte histórica y de ingeniería, ahora toca el premio del descanso tras el esfuerzo: una zona de baño natural y recreativa que parece muy popular a tenor de lo que se ve. Estamos en la confluencia de los ríos Idrijska y Belca. Es un área protegida dentro del Parque del Paisaje Zgornja Idrijca. Aquí el río se ensancha y forma una piscina natural de aguas cristalinas donde poder bañarse. Por lo demás, nada nuevo bajo el sol: zona de picnic y barbacoas, canchas de voleibol playa y baloncesto, y, cómo no, su bar/restaurante abierto en temporada alta, ideal para tomarse una Laško o una Union. O sea, una cerveza estilo Ale o una tipo Lager. Sí, son las dos más típicas por aquí. Palabra de abstemio. Hoy, que es lunes, te aviso: se ve todo cerrado.

El tramo final hasta Idrija

Podría ir hasta Idrija por lo fácil, pero no. Podría pasar por el Divje jezero, un pequeño lago verde esmeralda que es en realidad el afloramiento de un manantial kárstico extremadamente profundo (más de 160 metros) y desde donde nace el río Jezernica, que con apenas 55 metros de recorrido hasta desembocar en el río Idrijca, es el río más corto de Eslovenia. Sí, podría, pero no. Alargo la etapa para afrontar otro par de pequeños (a estas alturas ya no tanto) puertos. Lo sé ahora, que he terminado la etapa.

Me encuentro con un ciclista local y paso un rato de cháchara con él. Hoy apenas si me he cruzado con tres o cuatro ciclistas. Nada que ver con lo de ayer. Claro que hoy era monte en gran parte.

Retomamos ruta desde Območje Lajšt por una pista asfaltada… a veces. Nos lo dicen claro: GOZONA CESTA – uporaba na lastno odgovornost. Echando mano de mi curso avanzado de Google Translate: CAMINO FORESTAL – Úselo bajo su propio riesgo. Vale, vale, espero que no me pase nada. Voy acompañando al río Idrijca por un camino encantador. Cruzo el río y paso por una kapelica que incluye fuente de agua en el lote. Encantadora.

Alto, alto, que va una explicación sobre estas kapelice. Son pequeñas capillas o santuarios religiosos, generalmente de carácter votivo, que salpican el paisaje por el que el cicloviajero pedalea. Forman parte esencial del patrimonio cultural y de la identidad nacional eslovena, mezcla de influencias germánicas y eslavas. Surgen como vigías en cruces de caminos, cimas de colinas o cerca de granjas. Históricamente, muchas fueron construidas por familias locales como agradecimiento por haber sobrevivido a guerras o pestes, o simplemente para pedir protección. Nosotros, por educación, las vamos saludando, que no cuesta nada.

Dejo atrás a la virgen (disculpad mi ignorancia, pero no sé cuál es exactamente) y el camino continúa por un paraje espectacular entre hayas y abetos. Le digo adiós al río Idrijca y afronto tres kilómetros de subida hasta salir del bosque. Llego a una pista que ahora está asfaltada. El pedaleo es muy agradable.

A la derecha luce galana la Cerkev Marije Svetogorske (Iglesia de la Madre de Dios de la Montaña Santa) que cuenta con su típica leyenda. Se dice que en el siglo XVI la Virgen María se apareció aquí a una joven pastora, lo que convirtió este punto elevado en un centro de peregrinación espontáneo para los habitantes de los valles circundantes. De momento, el único peregrino que anda por aquí es este cicloviajero que ya está pensando en terminar su etapa de hoy.

Ya solo queda el último subidón del día. Nadie dijo que fuera fácil. Es solo una tachuela de 1,3 km al 9,3% de pendiente media por una pista con mucha piedra suelta. Una sonrisa en los labios, que no cuesta nada. Casi en la cima aparece un desvío a la izquierda hacia Planinska koča na Hleviški planini, un refugio de montaña bastante popular porque se ubica en las faldas de la Hleviška planina, una de las cumbres más populares para el senderismo y el ciclismo de montaña local, aquí en Idrija.

Por fin, tras apenas cinco kilómetros de bajada bajadón, entro en Idrija. Ya en el centro, cruzo un puente sobre el río Gacnik y enseguida estoy en Gostišče Barbara, mi alojamiento de hoy, que queda justo al lado del museo que el pueblo dedica a sus minas de mercurio. Pero, como todavia no podemos hacer la entrada, aprovechamos para comer un par de pedazos de pizza en una tasca local y terminar de escribir la crónica. Vente, que invito yo. A 2,50 euros cada pedazo de pizza. Barato, ¿no?

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