Día 0: el estrés de viajar con la bici en el avión #EsloveniaEnBici

Traslados que siempre traen incertidumbre

by Julen

Ya, que soy un exagerado y que esto que comparto me pasa solo a mí, que no sé relajarme y disfrutar del viaje inicial. Vale, lo acepto en parte. Sin embargo, siempre he sentido que las más de las veces la bici es un incordio para quienes se encargaron en su día de diseñar los sistemas de transporte. Ya os conté hace unos días mi triste experiencia con el servicio de Paq Bici de Correos entre la península y Canarias. Pasado ese mal trago, lo bueno es que muy mal me tendría que ir para que la siguiente experiencia no sea mejor, ¿no os parece?

Viajar con la bici depende mucho del medio que emplees. De entrada y aunque no en todos los casos por igual, el tren y el barco serían los medios de transporte más cómodos para que la bici viaje con nosotros. Bueno, además del coche propio, claro está. Luego viene el autobús y, por fin, creo que un caso aparte es el del avión. Como objeto voluminoso, entra en una categoría que, por supuesto, requiere pasar por caja y aceptar ciertas condiciones. Aquí te enfrentas a la fiesta de los precios que vas a tener que pagar. Depende a dónde, en qué fechas y con qué compañía, perfectamente te puede ocurrir que la bici paga más que el cicloviajero.

Cuando hace un par de años volé a Noruega me enfrenté al disgusto de ver cómo por la cinta transportadora salía la caja de cartón de mi bici machacada por quienes la habían manipulado. Menos mal que, a pesar del destrozo, la bici llegó sana y salva. Pero fue un buen aviso para estar prevenido. Esa fue la primera vez en que caí en la cuenta de que para ganar en tranquilidad había que pensar seriamente cómo defenderse de los sistemas de transporte. Y también, por cierto, de que un rollo de una buena cinta americana hace milagros.

Una opción que quizá me plantee en adelante es comprar una bolsa para transportar la bici en el avión. Ventaja: creo que viajará con más garantías ante desperfectos. Inconveniente: obliga a ruta circular, esto es, a volver a ese punto del que has salido para reutilizar la bolsa, que tendrá que quedar guardada en algún sitio. Lo más lógico sería el primer alojamiento de la ruta. La oferta de maletas y bolsas para viajar con la bici en el avión es bastante amplia. A día de hoy, para mi MTB de doble suspensión y ruedas de 29 pulgadas, me quedaría con esta propuesta de BUDS Sports. Ya veremos si me decido a comprarla. De momento, mi Orbea Oiz va ahí dentro de la caja de Canyon.

Para este viaje que empezamos mañana he echado mano de un amigo que trabaja en Canyon. He visto que sus cajas de cartón son de lo mejorcito ahora mismo. Así que he conseguido a coste cero una caja específica para una bici como la mía. Además, en su momento compré algunas protecciones (para la horquilla, el manillar desmontado, la cadena o los frenos de disco, por ejemplo). Esta vez incluyo un componente extra: un producto de goma espuma que he comprado en un centro de bricolaje para proteger algo más el conjunto y que encaje todo bien dentro de la caja.

Ya en el avión, con la bici en la bodega, solo tocaba disfrutar de las vistas.

Para andar con más tranquilidad, ayer dejé la bici casi embalada al completo. En la caja viaja también el casco y las zapatillas. Este tipo de caja permite desmontar solo la rueda delantera, lo que simplifica el proceso. Eso sí, hay que soltar los pedales (aflojar siempre en sentido contrario al pedaleo y apretar al revés). Mejor llevar unas buenas llaves Allen para hacer la palanca necesaria. Luego, esta herramienta se queda dentro de la caja para volver a emplearlas a la vuelta. Añade cinta de carrocero, celo de embalar y cinta americana, que nunca están de más ahí dentro de la caja. Se trata de que, cuando haya que embalarla de nuevo tengamos todo a mano otra vez.

Especialmente útiles me parecen los cierres con velcro, más prácticos que las bridas. Por ejemplo, para fijar al cuadro la rueda delantera desmontada o sujetar bien el sillín o el manillar. Otra cuestión que puede parecer una tontería, pero no lo es: ten a mano algo para rasgar el celo de embalaje y abrir la caja sin problemas en destino. A mí me sirve la lima que va junto al cortauñas.

Las bicis, como equipaje voluminoso, normalmente no salen por la cinta normal, sino por una específica destinada a este tipo de objetos. Al bajar del avión veo la caja colocada ¡boca abajo! en el carro de las maletas. Maldita sea, no es tan difícil ver dónde es la parte de arriba y dónde la de abajo, ¿no?

Ha habido que esperar un buen rato a que me la entregaran. Paciencia, no quedaba otra. Una vez recogida, para llevarla hasta el hotel había precontratado el taxi indicando que llevaba este objeto voluminoso. Me ha sorprendido que apenas hubiera dos taxis. Eso sí, me he acercado al primero y enseguida lo hemos apañado. Ya en el hotel, montar la bici solo me ha llevado 15 minutos. Ha habido que acelerar porque los mosquitos XXL estaban desatados. Pero entre una cosa y otra nos han dado casi las once de la noche. Así que, buonanotte. Mañana hay faena :-)

Imagen generada con IA de Google.


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