Terminada la travesía desde Chaves hasta Faro, siguiendo en ocasiones la N2 y otras buscando vías alternativas, comparto algunas reflexiones. Por supuesto, es un punto de vista personal con el que se puede discrepar. Siempre digo que hay tantas formas de entender el cicloturismo como cicloturistas salimos a pedalear. En Castro Verde vimos a unos chicos con sus múltiples bolsas adheridas a unas bicis con cierto aire retro. También nos hemos cruzado con algún que otro cicloviajero cargando alforjas como si fuera alguna oscura penitencia que se había impuesto. En mi caso son ya muchos años los que llevo viajando en bici con lo mínimo imprescindible, una modalidad que, por cierto, no tiene fin. Siempre pienso que puedo aligerar el equipaje.
De entrada, es evidente que la N2 es un producto turístico. Permíteme elevar la voz: sí, un PRODUCTO TURÍSTICO. Esto quiere decir que se invierte en promoción y en merchandising variado. Solo tienes que visitar la página web oficial para entender de qué estoy hablando. Así pues, las cosas claras. Además, las bicis no somos su público objetivo prioritario. Nos preceden claramente las motos y los coches. Después quedamos quienes queremos recorrerla andando, corriendo –el matiz es importante– o en bici. Y dale tiempo a que a alguien se le ocurra hacerla en patinete, en burro, en silla de ruedas o empleando cualquier otro artilugio que ayude a la movilidad.
La ruta, asociada a sus marcos quilométricos, sufre la histeria de la pegatina. Vale, en el kilómetro 500 hay un intento de ponerle remedio. Pero en los restantes, el asunto de las pegatinas se ha ido de las manos. Cada vez que alguien deja su huella en forma de pegatina en una señal oficial de la carretera está delinquiendo. ¿Alguien toma cartas en el asunto? De momento nadie. Solo nos queda jugar a la inteligencia artificial y proporcionarle el prompt oportuno: quítame todas las pegatinas.

Desde el principio tuve claro que el asfalto oficial de la N2 no siempre iba a ser bienvenido y por eso en el diseño de la ruta he evitado conscientemente la N2 en muchas ocasiones. Al terminar, Alberto apuntaba a que nuestro recorrido se podría clasificar así:
- un 20% por ecovías, ecopistas y pistas fáciles
- un 30% por carreteras secundarias alternativas a la N2
- un 50% por la propia N2
No hemos ido midiendo cada kilómetro, pero quizá mi estimación bajaría un poco en cuanto a lo pedaleado por la N2. Eso sí, la segunda parte ha sido más complicada de trazar al margen de la ruta oficial. En las primeras etapas la hemos evitado descaradamente, al igual que en la etapa por las aldeas de esquisto. ¿Por qué quitarle kilómetros a la propuesta de la N2? Es evidente: según tramos, el tráfico de motos, coches y camiones puede provocar una mala experiencia para el cicloviajero. En Coímbra mi amigo Rafael ya me avisó de que encontraríamos algún que otro tramo con tráfico de camiones en el Alentejo. Efectivamente, así fue. Además, con viento en contra, la velocidad de esos gigantes con ruedas –comparados con la fragilidad de nuestras bicis– resultaba intimidante. Y sí, tengo que reconocer que aquí los coches van más deprisa que al otro lado de la raya cuando sobrepasan a las bicis. Las rectas del Alentejo les dan alas, no hay duda.
Claro que Portugal es un país al que le tengo especial cariño. Son unas cuantas veces las que me he venido por aquí y sé que no soy imparcial al emitir juicio. Me gusta su arquitectura, sus azulejos, su comida, sus pastelarias, su bom diiiiia, su obrigadinho o sus WC, con un estándar de limpieza que nos saca varias traineras de ventaja. Me gusta la gente mayor (es evidente que ingreso en este grupo). Una gente mayor que, como decía Saramago, a veces ni se acuerdan de que fueron jóvenes algún día. Siento amabilidad en el trato. Sí, me siento a gusto. Incluso con las lectura de Peixoto o de Afonso Cruz o la literatura de viajes de Saramago y de Llamazares. Portugal es poliédrica a pesar de esa saudade que a veces parece que lo impregna todo.
Los 738,5 kilómetros de la N2 dan mucho juego. A su origen en Chaves nosotros le añadimos los kilómetros que vienen desde la frontera, un poco más al norte. Porque la N2 no empieza en la frontera ni termina en el mar. Le han usurpado unos pequeños tramos en sus extremos para dejarla anclada en dos rotondas que se transforman, por supuesto, en merchandising. Supongo que tiene que ser así. Si quieres que el producto turístico coja relevancia, hay que jugar en la liga de la notoriedad, de la comunicación, del reclamo. Es la economía de la experiencia. La N2 no está inventando nada; solo vende aquello que su público objetivo quiere comprar.
Por supuesto que la N2 son muchas N2 dentro de ella. La latitud determina características. Ya le busqué sentido en su día a través de las cuencas hidrográficas. Los grandes ríos y los no tan grandes son seña de identidad del país lusitano. Desde el Támega o el Zêzere hasta sus hermanos mayores, el Duero, el Tajo o incluso el Guadiana, son una forma de entender la diversidad del país que estamos pedaleando. De igual forma que explican sus dramas –las inundaciones periódicas– y su progreso –la ingeniería hidráulica–, el territorio vive esclavo del clima con el que es bendecido o maldecido. Nuestro pedaleo se ha topado con tres cortes de carretera debido a las lluvias torrenciales de febrero. En todos los casos, como cicloviajeros, hemos podido superarlos. No así los coches e incluso las motos.
La N2 también sirve para ver las enormes masas de eucaliptus que siguen poblando los montes. Un combustible despiadado cuando las llamas hacen acto de presencia. Pédrogão Grande es un símbolo de lo que se debe evitar en el futuro. Pero parece que aún hay mucho por mejorar.
Me llevo otra experiencia de Portugal. Una más que sumar a la lista. Me llevo el pedaleo en compañía de gente de edad que sigue empeñada en entender la actividad física como algo que la saca a flote. De diferentes maneras, con distintas intensidades. Han sido casi mil kilómetros y 12.500 metros de desnivel acumulado. Para mis compañeros, su ruta más larga hasta la fecha. Sexagenarios estableciendo récords en su particular palmarés. En mi caso, ya estoy ahora mismo con la planificación del viaje a Eslovenia. Serán palabras mayores en lo físico. Tengo que afinar porque allí la previsión se va por encima de los 25.000 metros de desnivel acumulado. Poca broma.
Otro día compartiré un último post de recuerdos concretos que me llevo de la N2 y con algunos datos finales. Seguimos leyéndonos.
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2 comentarios
Ya sabes que para quitar pegatinas no uso IA si no mis propias manos
Jeje, pues no te queda trabajo…