07 Pedrogão Grande – Abrantes #PortugalN2

Del Zêzere al Tajo por el centro geográfico de Portugal

by Julen

Pedrógão Grande es granito y es agua. Ambos elementos se reparten en una orografía accidentada. Supongo que esto tiene que marcar también el carácter de la gente que vive aquí. Estamos en un enclave estratégico que durante siglos sirvió como punto de control y vigilancia sobre el río Zêzere. Que lo sepas.

Los vestigios en la zona sugieren una ocupación humana desde la Prehistoria. El imperio romano dejó su huella en infraestructuras y calzadas. Sin embargo, Pedrógão Grande se hizo de verdad grande durante la Edad Media. Recibió su primer fuero ni más ni menos que de manos de D. Afonso Henriques, el primer rey de Portugal, en el año 1135. Así pues, ya entonces se daban cuenta de la relevancia que tenía proteger esta frontera natural.

Con este pedigrí, el patrimonio arquitectónico de la villa luce unas cuantas joyas. Conserva un núcleo histórico donde, evidentemente, el granito es el protagonista absoluto. Las casas nobles con sus blasones conviven con viviendas más humildes. El uso de la piedra no es solo una cuestión estética, sino una respuesta inteligente al clima de la zona, ya que proporciona un aislamiento térmico natural. Como en tantos otros pueblos, hay que hacer mención a la iglesia parroquial, dedicada a Nossa Senhora da Assunção y clasificada como Monumento Nacional. Es un ejemplo soberbio de la transición entre el románico y el gótico. A eso luego se le fueron añadiendo detalles que muestran la evolución del gusto artístico en Portugal a lo largo de los siglos. Sus portadas y capiteles son un buen cómic para instruir a la feligresía.

Hay procesión dos cotos. A las diez de la noche nos aproximamos a una de las dos iglesias, la de Nossa Sra. da Assunção. Tras una pequeña homilía, la feligresía se dirige a la otra iglesia, la de la Misericordia. Portan cirios y van a acompañar a un Cristo crucificado que llevan bajo palio y al que traerán de vuelta.

El pueblo, de noche y sin gente en las calles, muestra un encanto peculiar.

Pero… hay un lado trágico en esta villa, mucho más reciente, que hizo que su nombre apareciera en los titulares: los devastadores incendios forestales de 2017. Todo comienza por el impacto de un rayo en un árbol durante una tormenta seca en la tarde del 17 de junio de 2017. El desastre está por venir y se convierte, ni más ni menos, en la catástrofe forestal más mortífera de la historia de Portugal. Mueren 66 personas y hay más de 250 heridos. Afecta a una superficie total de 46.000 hectáreas durante cinco días de fuego incontrolado. El municipio de Pedrógão Grande pierde con este episodio más del 70% de su territorio forestal, con 11 freguesías afectadas.

La mayor tragedia humana ocurre en la carretera nacional EN-236-1 –queda ya para la posteridad como la «carretera de la muerte»–, donde 47 personas perecen atrapadas en sus vehículos a pocos kilómetros de la aldea de Pobrais al verse rodeadas por las llamas. ¿Por qué el desastre? Sucede por una macabra combinación de factores: las temperaturas superiores a los 40 grados, la bajísima humedad y la presencia masiva de monocultivos de eucalipto. A esto se suman fallos críticos en el sistema de comunicaciones de emergencia, que dificultan la coordinación de los bomberos y la evacuación oportuna de las aldeas afectadas. En fechas recientes se ha inaugurado un memorial. Nos dice Gemini:

La pieza central del conjunto es un gran lago artificial de unos dos mil quinientos metros cuadrados que simboliza la vida y la purificación a través del agua. Este lago se alimenta de una gárgula de sesenta metros de largo que vierte el agua de forma constante, creando un murmullo que invita al recogimiento. Alrededor del agua se ha dispuesto una cuidada selección de plantas, como nenúfares blancos y lirios, que suavizan el entorno de hormigón y piedra.

Junto al lago se erige un muro donde aparecen grabados los nombres de las ciento quince personas que perdieron la vida en los fuegos de aquel año, uniendo tanto a las víctimas del gran incendio de junio como a las de los incendios posteriores de octubre. El acceso al memorial se ha diseñado de forma integrada con la carretera, incluyendo zonas de estacionamiento y una pequeña rotonda para facilitar las visitas con seguridad.

Este espacio no se concibió como un monumento de celebración técnica, sino como un lugar de duelo colectivo y de memoria para que la tragedia no caiga en el olvido. La sencillez de sus líneas y el uso de elementos naturales como el agua y la vegetación pretenden contrastar con la violencia del fuego que marcó para siempre la historia de esta región de Portugal.

En el ámbito judicial, el proceso no concluye sino hasta septiembre de 2022 con la absolución de los once acusados, una decisión que ratifica el Tribunal de Apelación de Coímbra este pasado verano, en junio de 2025. Los jueces determinan que no se ha podido probar una relación directa de negligencia penal entre los técnicos o funcionarios y las muertes ocurridas, a pesar de las críticas sociales sobre la gestión del territorio.

Esperemos que el legado de esta tragedia transforme, de verdad, la política forestal del país. Habrá que ver. En principio, Portugal mantiene activa una reforma estructural que prioriza el control de la biomasa y la creación de paisajes mosaico. Se ha limitado la plantación de especies altamente combustibles para evitar que un evento de esta magnitud se repita. La Agencia para la Gestión Integrada de Fuegos Rurales coordina ahora las labores de prevención que antes estaban dispersas entre múltiples organismos. Cruza los dedos.

Sin embargo, esta es la teoría, porque entre 2024 y 2025 han fallecido en el país otras once personas en incendios forestales y se ha detectado una tendencia preocupante hacia los incendios rápidos y erráticos que atrapan a los equipos de emergencia. De hecho, la mayoría de los fallecidos han sido profesionales de la extinción (bomberos y operarios de maquinaria) o voluntarios con cargos locales. Hasta aquí, hasta hoy, la tragedia.

Volvemos a la ruta. Hemos venido a pedalear la N2 fantasma. Como ya expliqué en su momento, uno de los mayores atractivos de Pedrógão Grande es, sin duda, su relación con el agua. La construcción de la Presa de Cabril, una de las mayores de Portugal, con su muro de hormigón de 136 m de altura, transforma en 1954 radicalmente el paisaje y la economía de la zona. Hoy no solo cumple una función vital en la generación de energía eléctrica y en la regulación del caudal para evitar inundaciones aguas abajo, sino que es un destino turístico muy frecuentado para practicar deportes acuáticos. Terminamos de la mano de Gemini de nuevo:

Pedrógão Grande es, en definitiva, un resumen de la esencia de Portugal: una mezcla de historia antigua, ingeniería audaz, paisajes de agua y una población que guarda sus tradiciones con orgullo. Es una villa que invita a ser descubierta sin prisas, saboreando cada rincón y escuchando las historias de su gente. Desde sus orígenes como frontera defensiva hasta su papel actual como destino de ocio y naturaleza, ha sabido mantener una autenticidad difícil de encontrar en los circuitos turísticos más masificados. Es un lugar que, una vez visitado, permanece en la memoria como un refugio de piedra y agua en el corazón de la península.

Nosotros iniciamos el pedaleo con un descenso hasta el río, previo paso por la ermita de Nuestra Señora de los Milagros. Hoy es viernes santo, tenlo en cuenta. Y no, no nos dirigimos al puente de la N2, sino a otro mucho más humilde y encantador: el Ponte de Filipina.

¿De dónde le viene el nombre? De la dinastía filipina, un periodo en el que los reyes de España también gobiernan Portugal. Según parece, se construye hacia el año 1610, durante el reinado de Felipe II de Portugal (Felipe III de España). Está levantado enteramente en cantería de granito y esquisto, y queda muy bien integrado en el entorno. Ten en cuenta que durante cientos de años fue un paso vital para el comercio y la comunicación en el interior del país. Ahora no hay tráfico motorizado por aquí. Queda como una especie de lugar de contemplación, «una de las imágenes más icónicas y fotogénicas de la arquitectura civil portuguesa».

Luego de dejar atrás la presa, toca subir por un camino empedrado hacia… ¡Pedrogão Pequeno! Es un falso llano de algo más de un kilómetro al 15,4% de pendiente media. Eso sí, empedrado. Nos entra la risa, por supuesto. Pedrogão Grande y su hermano pequeño viven entre pedregales, pero acabamos de cambiar de municipio para entrar en el de Sertã. Este pequeño Pedrogão forma parte de la red de Aldeas de Esquisto, como Casal Novo y Talasnal, por donde pasamos ayer.

Entramos en el pueblo, pasamos por una plaza con su correspondiente pelourinho y nos encontramos, ahora sí, con la N2, que vamos a seguir hasta el núcleo principal de Sertã. El pelourinho, por cierto, es otro símbolo de la identidad lusa.

Omnipresente en las plazas de los pueblos, simboliza la justicia y la autonomía municipal. Aquí se aplicaban castigos públicos y se exhibía a los delincuentes para su humillación. Su presencia en un pueblo indicaba que este poseía el privilegio real de gobernarse y administrar sus propias leyes. Hoy perviven algunos muy sobrios, pero otros lucen estilo manuelino o barroco. Representan el orgullo de la identidad local y el testimonio físico de la historia administrativa y social del país.

La carretera nos indica el marco quilométrico 333. ¡Qué recuerdos! En casa, de pequeños, teníamos una hucha con el Km 333, pero en este caso de la N1. Era un souvenir de un hotel restaurante que se llama Palacios y que, por lo que veo, sigue existiendo (eso sí, leo muy malas críticas). Pues eso, que superamos el km 333, aunque con un mojón muy discreto, sin derroche alguno de lucimiento. Seguimos por un terreno rompepiernas. Subir y bajar, subir y bajar. Hasta que bajamos, ahora bastante más que antes, hasta Sertã.

Esta es una villa histórica, ya en el distrito de Castelo Branco, que sirve como un nudo de comunicación vital en la región del Pinhal Interior. ¿Te acuerdas de la leyenda de Tondela? Pues aquí tienen también otra en la que una mujer es la protagonista. Cuenta la tradición popular que el nombre de la localidad proviene de la valentía de una mujer llamada Celinda, quien, durante un asedio romano, defendió el castillo lanzando aceite hirviendo desde una sartén o sartago, término que evolucionó hasta el actual Sertã. Tondela es Tondela y Sertã es Sertã, mujeres valientes mediante. De época romana, aunque reconstruido en el Medievo, es también su Puente Viejo, que cruza la Ribeira de la Sertã y conecta el casco histórico.

Al salir de la villa, la carretera serpentea inicialmente entre colinas que conservan el carácter de la Beira Baixa. Vemos muchos árboles caídos e incluso arrancados de raíz. Se ve que por aquí ha pasado un buen vendaval.

Uno de los puntos de paso obligados de la N2 en este tramo es Vila de Rei, un lugar de enorme carga simbólica: el centro geográfico de Portugal se encuentra exactamente en la cima de una colina llamada Serra da Melriça desde donde se disfrutan vistas estupendas. Y eso queda aquí al lado de la N2.

Han erigido un monumento conocido como el Picoto da Melriça. Es una pirámide de mampostería de color blanco construida en 1803 de unos nueve metros de altura. Su ubicación exacta fue determinada por geógrafos y científicos de la Universidad de Coímbra y desde entonces sirve como el vértice geodésico principal a partir del cual se realizaron las mediciones cartográficas de todo el país. La subida hasta aquí es corta, pero bastante pronunciada. Desde la explanada del monumento disfrutamos de estupendas vistas de 360 grados. Se pueden divisar la Sierra de la Estrella al norte y las llanuras del Alentejo al sur. Al lado hay un pequeño Museo de Geodesia donde se explica la historia de la cartografía y los instrumentos utilizados para medir el territorio. Ah, también hay una rosa de los vientos en la base del picoto con información sobre la distancia a las principales ciudades lusas.

Vila de Rei queda aquí al lado. Su historia está profundamente ligada a su posición estratégica y a la Orden de los Templarios, pero también a la industria forestal. Tienen un Museo del Fuego y de la Resina que rinde homenaje a esta industria que durante siglos fue el sustento de la zona. A nosotros nos sirve como punto de avituallamiento para las dos tostas mistas de cada día.

Dejamos atrás el centro geográfico de Portugal y la carretera inicia un descenso continuado hacia el valle del río Zêzere y, posteriormente, hacia la cuenca del Tajo. Comienzan a aparecer olivos y algunos alcornoques. El trazado de la carretera es mucho más rectilíneo. Pero optamos, de nuevo por darle esquinazo a la N2 oficial. Bueno, realidad, no tanto…

El caso es que cogemos el antiguo trazado de la N2, que discurre al oeste del actual y que pasa por Penedo Furado, un mirador muy recomendable. Son unos treinta kilómetros por una carretera repleta de curvas y que se ven acondicionados para los moteros (no hay más que ver el cuidado en la doble protección de los guardarraíles). Y ahí está: si antes pasamos por el centro geográfico de Portugal ahora lo hacemos por el lugar que equidista del comienzo y el final de la N2, la cojas como la cojas.

Un poco antes del mirador de Penedo Furado está el de Fragas do Rabadão con su correspondiente baloiço. Estos columpios están repartidos por distintos miradores de la geografía portuguesa.

Penedo Furado (en castellano «roca agujereada») es un mirador que permite entender un monumento geológico: se observa una enorme formación rocosa con una gran abertura natural, una suerte de ventana pétrea creada por la erosión de milenios. A través de esta abertura el cicloviajero contempla un cañón profundo donde el agua es la protagonista absoluta.

El río, encajonado entre paredes de piedra, crea una playa fluvial de aguas transparentes que, durante los meses de verano, por lo que leo, se convierte en el refugio predilecto de los habitantes de la zona. Se han habilitado una serie de pasarelas de madera entre las rocas para poder acompañar el curso del agua, que juega en toda esta zona a esculpir pequeñas cascadas y lagunas naturales (las «ollas», como las llaman los lugareños).

Tras este baño de naturaleza en el Penedo Furado, la carretera continúa su descenso hacia Sardoal. Curvas y más curvas permiten, poco a poco, dar paso a los olivares y las pequeñas fincas agrícolas. Nos acercamos al Ribatejo. Si Vila de Rei es el corazón geográfico y el Penedo Furado es el alma natural, Sardoal es el refinamiento histórico. Conocida popularmente como la Villa Jardín, este pueblo es un ejemplo impecable de la arquitectura tradicional portuguesa.

Sus calles empedradas están flanqueadas por casas blancas inmaculadas, con zócalos pintados en amarillo ocre o azul cobalto, y siempre, sin excepción, adornadas con macetas de geranios y buganvillas que cuelgan de los balcones. Portugal también es esto. Pero Sardoal hoy, 3 de abril, luce espectacular por otro motivo: su tradición de las alfombras de flores. El Domingo de Resurrección es el día grande en el que las calles se engalanan, pero hoy ya se pueden ver dos obras en dos capillas de la calle principal.

Esta costumbre se remonta a varios siglos atrás y consiste en decorar el suelo de las iglesias y capillas del casco histórico con minuciosos tapices elaborados exclusivamente con pétalos de flores naturales, hojas, piñas, serrín y otros elementos vegetales recolectados por las vecinas y vecinos del pueblo. El trabajo de creación comienza días antes, pero es durante la noche del Jueves Santo cuando los grupos de vecinos y hermandades se reúnen para «pintar» el suelo de los templos, trabajando hasta el amanecer para que todo esté listo hoy. Cada diseño es único y suele representar símbolos de la Pasión de Cristo, motivos geométricos o figuras marianas. Todo ello conforma un camino visual de colores vibrantes y un aroma penetrante que inunda los recintos sagrados. Lugares como la Iglesia Matriz de Santiago y la Capilla de Nuestra Señora de la Caridad se transforman en galerías de arte efímero que atraen a miles de visitantes cada año.

Las alfombras de flores se ofrecen como una especie de sacrificio y homenaje. La fragilidad de los pétalos bajo los pies de los nazarenos simboliza la fugacidad de la vida y la entrega devocional de un pueblo que cuida cada detalle de su patrimonio cultural.

Callejeamos un poco y salimos por la fuente de las tres bocas.

Abrantes no queda lejos. Se acerca el final de la etapa. La N2 va en busca del Tajo, otra forma de entender Portugal. Abrantes se encarama en una colina estratégica y queda coronada por su castillo y su fortaleza. Vigila el río. El río Tajo. Palabras mayores. Viernes Santo. Mañana sabrás más.

Kilómetros totales hasta esta etapa: 542,40.

Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 8230.

Etapa anterior | Etapa siguiente ⏩

Fotografías de la ruta.

Lee todos los artículos relacionados con esta ruta.


Descubre más desde Consultoría artesana en red

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.