Operación N2 fantasma en Portugal: 1000 kilómetros, 4 sexagenarios y mucha saudade

Día D-1, logística cicloviajera, literatura y mariposas en el estómago

by Julen

Mañana comenzamos a pedalear. Hoy es día de traslado desde Bilbao hasta Ourense. Analizadas las distintas posibilidades, el autobús parece la más lógica. A las diez de la mañana salimos de Bilbao para llegar a Oviedo a las 14:30 horas y coger luego otro autobús a las cuatro que nos deja en Ourense a las nueve de la noche. Juan y Javier se vienen en tren desde Huelva vía Madrid y las bicis las envían a través del servicio de Correos. Su viaje es más corto y para las 16:15 horas están ya en Ourense, la «capital termal» de Galicia. Bueno, no solo eso. Es la segunda ciudad de Europa con más caudal de aguas termales, solo superada por Budapest. Acuérdate, por si te sale en el Trivial.

Las bicis de Javier y Juan vía Correos desde Huelva (la mía y la de Alberto mejor no las enseñamos jeje)

Viajar con la bici a cuestas siempre representa una pequeña aventura. Lo más cómodo (al margen de un transporte propio) suele ser el tren, aunque no todos ofrecen las mismas condiciones. Sin embargo, para llegar hasta Ourense desde Bilbao parece que la mejor opción es el autobús. Eso sí, debido a un transbordo de por medio, multiplica por dos lo que te cobran por la bici. No van ser diez euros por transportarla en la bodega, sino veinte. Gracias, Alsa. Siempre es un detalle este tipo de atenciones con el ciclista.

El día D-1 siempre trae consigo mariposas en el estómago. Son la antesala de la felicidad, que llega mañana, por supuesto. Estas rutas hay que entenderlas más allá de los días de estricto pedaleo. Toda la planificación previa forma parte del sarao. Y cada vez disfruto más mirando mapas, trazando alternativas, comprobando desniveles y leyendo sobre los sitios por los que pedalearemos. Me sirve la literatura de viajes, pero también, por supuesto, me gusta leer ficción. Repaso lo que ha caído en fechas precedentes a esta ruta.

José Saramago y Julio Llamazares, dos entrañables que he mencionado en otros posts de esta serie, encabezan la lista. Cómo no, además tengo que mencionar a José Luis Peixoto, cuya prosa me encanta y al que descubrí con aquel enternecedor Galveias. De la serie negra, he leído el segundo de Gil Ribeiro protagonizado por Leander Lost y que tendrá protagonismo especial en nuestra travesía, y uno del recientemente fallecido António Lobo Antunes, inspirado en un crimen real de los años 90 y narrado a través de una prosa laberíntica. De Dulce María Cardoso he leído El retorno, una manera muy particular de aproximarse a la relación de las colonias con la metrópoli. Me ha encantado también un libro de título muy curioso, La máquina de hacer españoles, de Valter Hugo Mae que nos conduce al pensamiento de nuestros mayores en una residencia. Finalmente, el lado suave e irónico, no exento de crítica, ha venido de Vamos a comprar un poeta, un librito de Afonso Cruz, de quien ya he leído alguna que otra novela más.

De todo lo anterior, a quien vas a encontrar de forma recurrente en nuestra travesía es a Saramago. Fragmentos de su Viaje a Portugal aparecerán en múltiples ocasiones porque he intentado recabar citas de bastantes de los lugares en los que su viaje y el nuestro coinciden.

Cual deportista de élite, yo también tengo mis rutinas previas al viaje. El día anterior siempre me depilo las piernas. Hay que viajar ligero. Así que… ¡pelillos a la mar! Nunca mejor dicho, ¿no? Además, mi planificación implica listar los necesarios para la ruta, hacer alguna que otra prueba de carga con la mochila (esta vez lo hice en una ruta de cuatro días por Los Monegros) y dejar la bici bien revisada en el taller. Con el tiempo, poco a poco, cada vez consigo ir más ligero de equipaje.

Como ya he anticipado, la previsión es de 12 etapas. Ni mucho ni poco para mis estándares. Eso sí, esta vez nos reunimos un pequeño pelotón. No es mi costumbre, pero lo agradezco igualmente. Soy de los que siempre digo que hay diferentes maneras, todas válidas, de disfrutar de la ruta cicloturista. Aprecio, de verdad, la compañía. Y me gusta, también, la soledad. Porque, aunque te parezca paradójico, el pedaleo en solitario es el que más te abre a interactuar con las personas de los lugares por los que viajas. Solo o en compañía, importa disfrutar del viaje.

Quedo con Alberto en la estación intermodal de Bilbao. Tenemos que embalar mínimamente las bicis para meterlas en la bodega del autobús. Cumplida la liturgia, de Bilbao a Oviedo vamos de cháchara para hacer el viaje ameno. Anima la fiesta un conductor de autobús de lo más jocoso. Un personaje, desde luego.

Alberto y yo nos ponemos al día. Preguntamos por asuntos familiares y de salud; son esas cosas que, con los años, van ocupando cada vez más espacio en nuestras conversaciones. Ley de vida. Por mi parte, espero que la rotura de la clavícula y de dos costillas que tuve a finales del año pasado no me dé mucha guerra a lo largo del viaje. En las dos últimas semanas me he vuelto un pupas porque he recibido la compañía durante varios días de un forúnculo XXL ahí donde molesta de verdad y, además, ando con una infección en la boca que me ha obligado a tomar antibiótico durante siete días. Vaya carcamal sexagenario.

En Oviedo íbamos a aprovechar para compartir comida con un buen amigo, Antonio. Lo mismo sucedió hace unos cuantos años, cuando íbamos a Luarca para comenzar ruta por la costa hasta Lisboa. Antonio es un emprendedor con un proyecto bien bonito: Slow TRAVELers. Sin embargo, en esta ocasión no puede ser. Obligaciones familiares mandan. Aunque, claro, leyendo lo que escribí hace tres año y medio, en esta segunda ocasión a lo mejor se ha puesto nervioso, jeje. Antonio, que sepas que no pensamos desistir.

De camino a Luarca, el autobús hace una parada de una hora en Oviedo y se ha acercado Antonio, un amigo, a comer con Alberto y conmigo. Mil gracias por el detalle de la invitación. Eso sí, no ha podido ser uno de la Guía Michelín, queda para la siguiente.

Comemos un triste bocadillo en la estación de autobuses de Oviedo y a las cuatro de la tarde cogemos el segundo autobús, de Oviedo a Ourense. No mucho que contar, la verdad. Paciencia. Los kilómetros pasan despacio. La ruta de este servicio de Alsa atraviesa valles mineros y sube luego entre montañas hasta llegar al Embalse de Barrios de Luna. Por aquí pasé en bici un 2 de agosto de 2017.

Seguimos hacia Astorga y Ponfererrada. Y si unos kilómetros atrás mis recuerdos se volvían a 2017, ahora me voy mucho más atrás en el tiempo. Te hablo del Camino de Santiago, cómo no, aquel con el que estrené mis rutas de larga distancia en bici. Fue en el año 2000.

Llegamos a Ourense a la hora prevista. Juan y Javier nos esperan. Los cuatro somos sexagenarios, o lo que es lo mismo: veintegenarios de Albert Pla multiplicados por tres. Es lo que toca. Disfrutar del momento. Ni cobardes, ni valientes, ni revolucionarios. Venimos a pedalear y a disfrutar de las tierras lusitanas del interior. Venimos con nuestras bicis musculares (excepto Javier) con la idea de rodar casi mil kilómetros y ascender unos once mil metros. Esa es la previsión. Como siempre en este tipo de rutas, publicaré un artículo diario a medida que avanzamos en la ruta. Lo divulgaré vía Facebook y espero también publicar de vez en cuando en Instagram. Además, he creado un álbum de fotos en Google. Cada cual disfruta como puede, ¿no te parece? Mañana hablamos.

Te dejo con Albert Pla y sus colegas Fermín Muguruza, Manolo Kabezabolo, Joseba Tapia y el difunto y gran Robe Iniesta.

Imagen vía Banana Pro.


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