01 Ourense – Chaves #PortugalN2

Hacia el kilómetro cero de la Estrada Nacional 2

by Julen

Amanecemos en Ourense. José, el dueño del apartamento en el que dormimos, es un tipo muy atento. Ya me lo pareció cuando crucé algunos mensajes con él en el momento de la reserva. Su apartamento nos viene de perlas. Está pegado a la estación de autobuses y para cuatro personas resulta una excelente opción, pues cuenta con tres dormitorios y tiene sitio suficiente para dejar dentro las bicis sin problema. Es evidente que la logística de un viaje en el que somos cuatro ciclistas es diferente a cuando uno pedalea solo o en compañía de un solo compañero de fatigas. Esta vez tengo que aplicarme mejor si cabe.

Cenamos muy bien, cosas de Galicia, según parece. Javier hizo la pregunta clave: ¿vosotros adelgazáis cuando hacéis viajes de cicloturismo de varios días? Ejem, creo que la respuesta es negativa. Desde luego, si lo medimos por esta primera cena, mal vamos para coger tipillo. La cecina, los quesos, los calamares… todo estaba muy sabroso. Y a un precio razonable.

Juan y Javier cuentan que perdieron el tren en Madrid por retraso en el tramo entre Huelva y Sevilla. Menos mal que pudieron resolverlo oon un AVE.

Esta etapa inaugural nos sirve para hacer la transición desde Galicia hasta el norte de Portugal. Como pueblo de cierta dimensión en la etapa de hoy, pasamos por Verín. Luego enseguida cruzamos la frontera en Feces de Abaixo, un pueblo que curiosamente se ve casi rodeado por Portugal.

Al de poco de comenzar a pedalear cruzamos el río Miño por el Puente Mayor. Es un puente de época romana y se entiende como monumento fundacional de la ciudad y una de las obras de ingeniería civil más importantes de toda la península ibérica. Sus orígenes se remontan ¡al siglo primero! El emperador Augusto se empeñó en unir las ciudades de Bracara Augusta (Braga) y Asturica Augusta (Astorga) y no paró hasta conseguirlo. Queda inaugurada la Vía XVIII del Itinerario de Antonino, la Vía Nova. Las autoridades cortan la cinta y comienza el tráfico intenso de artilugios rodantes romano: carpenta, carrucae, cisia, esseda, lecticae, plaustra, raedae y sarraca. Hay que ver cómo eran estos romanos. Eso sí, de la estructura original romana del puente hoy solo se conservan algunas de las piedras de granito de la base. Pues ya sabes algo más: Ourense como un nudo de comunicaciones vital durante el Imperio Romano. Tiene su encanto pedalear por el suelo empedrado del puente. ¿Empedrado? Sí, vamos hacia el sur, hacia Portugal. Por empedrados será.

Ourense y sus puentes, vaya lujuria arquitectónica. A nuestra derecha quedan el Ponte do Ribeiriño y el Puente del Milenio. Este último es, sin duda, el símbolo de la modernidad en Ourense. No hay duda, presume de originalidad. Se inaugura en 2001 con la idea de dar la bienvenida al nuevo siglo y agilizar el tráfico sobre el río Miño. Sirve para conectar la zona de la orilla derecha con el centro urbano a través de una estructura de estética radicalmente distinta a la de los puentes históricos. Lo espectacular, desde luego, es su pasarela peatonal, que parece flotar en el aire. Las escaleras te elevan hasta los veintidós metros de altura. Te copio lo que dice Gemini:

Estructuralmente, el puente se clasifica como una obra atirantada donde dos grandes pilares inclinados de acero sostienen la plataforma mediante cables de alta resistencia. Su forma aerodinámica y ligera ha hecho que muchos ciudadanos comparen su perfil con el de una gaviota a punto de levantar el vuelo. Por la noche, el conjunto se transforma gracias a un sistema de iluminación integral que lo convierte en un punto de referencia visual ineludible en el paisaje nocturno ourensano.

A nuestra izquierda se ven, además, otros tres puentes. El más cercano es la pasarela, por la que solo pueden circular peatones y ciclistas. Más allá queda, a doble altura, el Puente Nuevo, y luego está el puente del ferrocarril. Aunque el del Milenio es posterior, el que se queda con «Nuevo» es el que se inaugura en 1918, cuyo diseño combina la tradición del granito gallego con las nuevas posibilidades del hierro. Sus buenos ocho años les lleva terminarlo, no creas. La mezcla de estos materiales quizá le hace resistir mejor el paso de las décadas. Bueno, seguro que lo estás intuyendo: tanto puente ha terminado por conformar lo que aquí llaman la «Ruta de los puentes».

De Chaves a Ourense (sentido contrario al que llevamos) se puede ir, cómo no, por una vía del Camino de Santiago, la del Interior. Nosotros hemos elegido en gran parte vías alternativas. Por aquello de llevar la contraria a los recorridos oficiales. Sin embargo, apenas pedaleados diez kilómetros, al llegar a Reboredo, encontramos las señales que dan fe del axioma del cicloturismo en la Península Ibérica: da igual cuál sea tu ruta, no hay forma de evitar el pedaleo por alguna vía del Camino de Santiago. Tras un breve tramo en compañía de las flechas amarillas, a la altura de Pereiras cogemos una carreterita que sale a la izquierda, la OU-0102. Pasamos las típicas pequeñas aldeas a las que siempre asociamos Galicia. Penelas, Ousende, A Chouzana, Ponte Ambía de Abaixo, Fondodevila, O Viñal, Guamil, Penouzos, A Seara… ¡todo esto en los siguientes diez kilómetros! Ya lo estudiamos en la EGB: Galicia es sinónimo de poblamiento disperso.

Poco después de Soutelo Verde, nos da la bienvenida un joven río Támega, que ha nacido pocos kilómetros atrás, en el entorno de la Sierra de San Mamede, y al que vamos a acompañar durante muchos kilómetros, a veces más cerca, a veces más lejos. El punto de inicio de la N2 en Chaves queda muy cerca de su curso.

Poco después atravesamos Laza, mundialmente reconocida por su carnaval, el Entroido, considerado uno de los más puros y antiguos de Europa. Eso sí, en los kilómetros previos nos topamos con el desastre de los bosques quemados.

En los carnavales de Laza por unos días los peliqueiros, figuras icónicas con máscaras de madera y grandes cencerros, imponen su ley con látigos de cuero. Ahora bien, nosotros pasamos junto a su también famoso cruceiro. No solo de paganismo vive el pueblo. Se ve que los peregrinos necesitan protección protección divina. Curiosa paradoja la de este pueblo: carnavales y peregrinación a Santiago.

Encontramos en nuestra ruta, en pleno Camino de Santiago, la iglesia de Santa María de Mixós. De planta basilical (originariamente, de tres naves separadas por arcos de herradura), presenta tres ábsides, los laterales rectangulares y el central cuadrado, con una ventana cada uno. Es una verdadera joya con influencias de estilo asturiano, visigótico y mozárabe. Todo ello en una iglesia prerrománica del siglo X. En el interior, aparecen dos aras de época romana que sirven de base para el altar mayor y pinturas del siglo XIII y XIV, que representan al Padre eterno sosteniendo a su hijo en la cruz. Tras este remanso de paz, entramos en Monterrei. Frente a nosotros, allá en lo alto queda la acrópolis más grande de Galicia con su torre del homenaje, una de las fortalezas medievales más extensas y mejor conservadas de España.

Enseguida entramos en Verín, que es villa de historia, termalismo y tradición. Historia porque siempre ha sido un cruce de caminos vital en la Vía de la Plata y un punto de conexión ineludible con el norte de Portugal. Termalismo porque cuenta con manantiales emblemáticos como Cabreiroá, Sousas y Fontenova. Tradición porque aquí celebran, como en Laza, el carnaval (entroido) espectacular, que transforma la villa cuando aparece el Cigarrón. Si quieres una crónica de un viaje en bici a través de distintos carnavales en Galicia, te recomiendo este artículo de los amigos de bici:map que publicamos en la revista Andar en Bici. Son muy buena gente los amigos Valeria H. Mardones y Bernard Datcharry.

Hacemos avituallamiento sólido en la plaza de los bares, porque eso es lo que hay. Un bocadillo de jamón asado y unos pimientos de padrón sientan de maravilla. Repasamos los detalles de la etapa hasta el momento: sol, tranquilidad, entorno agradable y sobreabundancia de señalización del Camino de Santiago.

Volvemos a la ruta. Nada más cruzar en Verín el que es nuestro primer puente sobre el río Támega, con vistas a su playa fluvial, torcemos a la derecha y nos pegamos a su margen izquierda durante un breve tramo. Dejamos el Caminho da Noria, que sigue pegado al río, y cogemos el que lleva a Queizás. A nuestra izquierda queda Cabreiroá. Pasamos junto a la iglesia de San Pedro de Queizás , en la que destaca su espadaña barroca del siglo XVIII, aunque el edificio es de origen románico.

Construida principalmente en granito, la iglesia es un claro exponente del románico rural gallego, con sus orígenes probablemente situados hacia finales del siglo XII o principios del XIII. Su estructura es de una sola nave con un ábside rectangular, una configuración habitual en las iglesias de la época en esta región. La sobriedad de sus muros contrasta con elementos de gran interés, como los canecillos que sostienen el alero del tejado, donde todavía se pueden apreciar algunas figuras talladas que mezclan motivos geométricos, animales y antropomórficos, una ventana al imaginario medieval.

Nos quedan unos 25 kilómetros hasta nuestro fin de etapa en Chaves. A partir de aquí vamos a llevar el río muy cerca, siempre a nuestra derecha. Pedaleamos por la Ecovía del Támega, un «corredor ecológico transfronterizo». No obstante, cinco kilómetros antes de la frontera, en Feces de Abaixo volvemos a pedalear por el asfalto de la N-532. A nuestro lado nos acompaña un aeródromo que sirve de base para la extinción de incendios (un poco más tarde vemos humo de lo que parecen un par de focos ya en Portugal). Y, entonces, ahí enfrente, por fin, aparece el paso fronterizo y la antigua aduana.

El Acuerdo de Schengen y la libre circulación de mercancías y personas dentro de la Unión Europea hicieron desaparecer los controles aduaneros. Ya no hay camiones parados para declarar mercancía ni agentes revisando documentación. Pero, claro, los edificios e instalaciones siguen en pie y aún existe presencia de la Guardia Civil y la Policía Nacional por un por si acaso. Hoy en día, la mayoría del tráfico pesado y de viajeros utiliza la A-75, que conecta la Autovía de las Rías Baixas A-52 con la autopista portuguesa A-24. Este antiguo paso aduanero por la carretera nacional N-532 en Feces de Abaixo queda, por tanto, principalmente para el tráfico local y comercial entre Verín y Chaves… y ¡para los contrabandistas!

Ahora ya no tanto, pero cruzar esta frontera –como tantas otras– es hablar de contrabando. La Raya (a Raia en portugués) proporciona miles de historias. Hoy, en 2026, las cosas son algo distintas, pero su huella es indeleble. Hasta la Revolución de los Claveles (1974), desde Portugal entraba hacia España, cómo no, café. En la posguerra española (años 40 y 50), la escasez de alimentos básicos convirtió el contrabando en una necesidad vital. A este periodo se le conoce como el «contrabando de subsistencia». De Portugal entraba en España café, azúcar, aceite, jabón, bacalao y, más tarde, tabaco y piezas de recambio para maquinaria, incluyendo motores Perkins de ¡300 kilos! muy codiciados para tractores, camiones ligeros y barcos de pesca. Por su parte, de España a Portugal salía principalmente loza, plata, lana, tripas para embutidos y wolframio (especialmente durante la Segunda Guerra Mundial).

Por supuesto, el contrabando se va adaptando a la economía de cada momento. En los años 60-70 el café dejó de ser la prioridad y el tabaco rubio americano se convirtió en el producto estrella. Pero también hubo hueco hasta para las películas porno y las pastillas para prevenir el embarazo. El contrabando era un auténtico motor económico. Muchas de las casas y negocios que hoy podemos ver en la zona de Verín y Feces se levantaron con el dinero del estraperlo. No era una actividad mal vista socialmente; al contrario, era una forma de prosperar en una zona olvidada por los gobiernos centrales. Así pues, los «mochileiros» tienen su hueco en la historia de Feces de Abaixo.

A diferencia de las mafias modernas muy ligadas al narcotráfico, el contrabandista histórico de Feces era el mochileiro. Se trataba de vecinos que se movían de noche por los montes de la Sierra de Larouco. Conocían cada piedra y sendero para evitar los puestos de la Guardia Civil y la GNR (Guarda Nacional Republicana) portuguesa. Llevaban mochilas de lona reforzada que podían pesar entre 30 y 40 kilos. Caminaban con sigilo, calzados con corcho o trapos sobre las botas para no hacer ruido sobre las piedras y no dejar huellas claras en el barro. En Feces desarrollaron toda una señalética específica para darse avisos: las sábanas blancas y rojas servían para indicar si hacía falta café, y se empleaban señales de luz o códigos entre tabernas para avisar de si estaba por allí la Guardia Civil. Bueno, una Guardia Civil que vivía también, en parte, del contrabando.

Nosotros evitamos la frontera «oficial» porque queremos cruzarla con nuestras bicis por uno de los pasos de los mochileiros, concretamente uno que pasa sobre el río Pequeno y que se conoce como Puente del Contrabando. Feces de Abaixo era (y es) un punto clave porque es un «paso seco». A diferencia de otras zonas de la frontera gallega divididas por el río Miño, aquí la frontera es terrestre, lo que facilitaba cruzar a pie por el monte sin necesidad de barcas. Existía un control oficial en la aduana, pero la verdadera actividad bullía a pocos metros de la carretera, por estos caminos vecinales.

Pues va a ser que no. Las lluvias recientes se lo ha llevado por delante. Nuestro gozo en un pozo. Volvemos a la carretera y cruzamos por las destartaladas instalaciones aduaneras.

Otra curiosidad en esta zona es el llamado Couto Mixto. Aunque parezca increíble, fue una república independiente durante más de siete siglos, entre el XII y el XIX, con vigencia hasta el año 1864. Las vecinas y vecinos de Santiago de Rubiás y Meaus (España), y de Tourem (Portugal) podían elegir nacionalidad y se beneficiaban de exenciones fiscales. O sea, era una zona franca en la que no se pagaban impuestos. Algo más o menos parecido a Andorra, por buscar un símil moderno. ¡La de youtubers y deportistas de élite que habrán hecho el agosto fiscal en su momento por aquí! Hoy en día pervive en la memoria porque han habilitado un “Camino de los Privilegiados”, que es un ruta por estos tres pueblos.

Rodamos ya por Portugal. Hemos ganado una hora al reloj. Continuamos por la Ecovía del Támega, en un recorrido prácticamente llano. El firme varía según el tramo, combinando zonas de tierra compactada con pequeños sectores de empedrado tradicional al cruzar núcleos como Vila Verde da Raia. Alcanzamos la zona de las Lagunas de Chaves, unas charcas que son parada ideal para la observación de aves y para disfrutar del paisaje fluvial de la comarca.

Estamos ya en los últimos kilómetros. Nos espera Aquae Flaviae, la ciudad que hoy se conoce como Chaves, pero que está definida por su legado romano, especialmente por sus célebres aguas termales.

Y, por fin, llegamos a nuestro final de etapa. Aquí comienza la N2. Pero de eso te cuento mañana.

Kilómetros totales hasta esta etapa: 102,91.

Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 1418.

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Fotografías de la ruta.

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