Los sagutxus

Simpáticos en la tele, pero con cierto repelús en la realidad

by Julen

Mi madre les tenía pánico. No era mi caso, si bien yo mantenía una cierta ambivalencia: por un lado, algo de repugnancia, pero, por otro, un inevitable cariño asociado, por supuesto, a los dibujos animados. Tom y Jerry formaron parte de mi infancia; supongo que como en tantos otros hogares de quienes nacimos en el baby boom. Aquel duelo eterno entre un gato que se cree muy listo, pero que siempre acaba con la cara aplastada como un acordeón, y un ratón que es básicamente un genio del mal con cara de bueno, influía en mi percepción de los sagutxus.

Porque un sagutxu tenía que ser necesariamente pequeño. Y debía correr deprisa por las esquinas. Dentro de casa no tengo recuerdo de verlos, pero sí en el camarote o en alguna de las cuadras. Era lo más normal. Esos pequeños mamíferos tenía comida por todas partes y su tamaño les servía para esconderse y pasar desapercibidos. Pero, ojo, siempre hubo una pelea contra ellos. Los cepos y las trampas de diverso tipo formaban parte del panorama habitual.

Además, para eso teníamos gatos. No era raro verlos por alguna de las campas cercanas a casa con un pequeño roedor entre sus fauces. Lo que sucedía en la pantalla de la televisión nada tenía que ver con la realidad. Jerry no era nadie frente a Tom. El gato, con paciencia, siempre tenía las de ganar, y parecía que disfrutaba mostrando su trofeo.

Otra cosa bien distinta eran las ratas. Por mucho que formen parte de la misma familia, para nosotros representaban un animal, este sí, realmente asqueroso. Si el sagutxu podía tener su parte de gracia, la rata representaba otra categoría. En este caso, ni que decir tiene que me daban miedo. Miedo de verdad. Ya sabía que en casa nunca iban a aparecer, pero no era tan extraño verlas por la calle. Asociadas a la peor de las suciedades, cuanto más lejos, mejor.

Imagen vía Banana Pro.


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