Aquella casa en la que vivíamos seis personas

Mis abuelos, mis padres, mi hermana y yo

by Julen

Ahora, cuando entro, todo parece diminuto. Subes las escaleras y tras cruzar la puerta de entrada, un pasillo en forma de L da estructura a la casa. Nada más entrar, a la derecha, unas escaleras muy empinadas dan acceso al camarote. Bajo esas escaleras se aprovechó el espacio para ubicar dos armarios de diferentes tamaños. De frente, justo en la esquina de la L, queda el teléfono. Primero fue aquel 508 de Ortuella, que requería pasar por una centralita para que te pusieran con la persona a la que llamabas. Luego llegó el progreso, ya sin centralita de por medio. Este primer tramo de pasillo era mi campo de fútbol en el que practicaba como portero. Enfrente, chutaba mi abuelo.

A la izquierda de ese vértice de la L queda el comedor. Durante mucho años fue un lugar prácticamente sin uso, con su enorme mesa y sus sillas que no le iban a la zaga. Más adelante pasó a ser la sala de la televisión. Por esta sala se accede a la habitación de mi hermana.

Al girar hacia la derecha desde donde quedaba el teléfono, se encara el otro tramo del pasillo. Primero queda la habitación de mis padres y un poco más adelante, mi dormitorio. Ahí se instaló la primera televisión. Era el segundo lugar más frecuentado de la casa, después de la cocina. Yo dormía en una cama plegable, que, al recogerla, quedaba inserta en un mueble que hacía también de armario donde se guardaba de todo. O sea, que mi habitación lo era solo de noche. Da paso a un pequeño mirador en el que siempre hubo dos pequeñas butacas. El mirador da a la carretera y a la casa de la tía Aurora.

Al final del pasillo, de frente, queda el cuarto de baño. Antes de llegar a él, otra puerta a la derecha da acceso a la habitación de mis abuelos. Y finalmente, a la izquierda del pasillo, frente a este dormitorio, queda la cocina. Todas las habitaciones tienen sus ventanas, más grandes o más pequeñas. La de la cocina, con orientación sur, da a la huerta. Siempre fue la más empleada.

Era, claro está, una casa pensada para una familia completa de aquella época. Por supuesto, allí nunca entró ningún animal. Para eso estaban la cuadra de las vacas y la de las gallinas. En casa vivimos los seis hasta que mi abuela murió cuando yo tenía 12 años. Otra época. Pero hay que mantenerla en el recuerdo.


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