Valoración de la Grande Traversée du Massif Central en bici: un monumento a la soledad #GTMC

by Julen

En breve se va a celebrar en Zaragoza la primera edición de la Feria del Cicloturismo de la mano de PedalSpain. Esta entidad se presenta como «centro coordinador del cicloturismo en España». Lo comento porque parece evidente el auge del cicloturismo como un modelo que se presenta de la mano del concepto de «turismo sostenible». Quienes llevamos ya muchos años viajando en bicicleta miramos estas iniciativas, por supuesto con interés, pero también con un posicionamiento crítico. En la actualidad «sostenible» es un término demasiado utilizado como para que de vez en cuando se cuele algún que otro aprovechado.

En el Congreso Ibérico La bicicleta y la ciudad que se celebró en Santiago de Compostela a finales de junio pasado presenté una ponencia que comparaba las rutas cicloturistas de iniciativa pública frente a otras que denominé de iniciativa ciudadana. Y es que el cicloturismo se mueve, valga el símil, en un territorio de iniciativa pública (se pueden vender muchos beneficios y en distintos planos, como el medioambiental, el económico o el de la salud), pero en el que hay una gran cantidad de oferta, la mayor parte de las veces muy atomizada.

Francia lleva mucho tiempo en el panorama cicloturista como un destino referente. Tanto en su dimensión más deportiva (centros VTT y grandes travesías) como en la más turística (con destinos como Bretaña o el Canal du Midi por poner solo dos botones de ejemplo), Francia es un país longevo en su tradición cicloturista. Por eso, en parte, quería probar una ruta cicloturista con tradición, como la Grande Traversée du Massif Central (la Gran Travesía del Macizo Central GTMC). Sobre esta propuesta puedes consultar un artículo inicial en el que la presentaba, antes de llevar a cabo mi viaje. También escribí una pequeña valoración anticipada en el artículo que escribí mientras disfrutaba de mi segundo día de descanso.

Te recuerdo que en la web oficial de la GTMC tienes mucha información para organizar tu viaje. Es decir, alguien ya lo ha hecho por ti y por mí. Claro que, en mi caso al menos, soy de los que no me sé conformar con seguir el track. A medida que me voy documentando termino por encontrar otros alicientes al margen de la «oficialidad» del track que se propone. En mi caso, por ejemplo, era el caso del Lago Pannacière, el Viaducto de Garabit o algún otro pequeño tesoro que encontré como Les byciclettes du grenier.

En mi caso finalmente he pedaleado 1.606 kilómetros con un desnivel acumulado de 26.250 metros. Elegí la versión gravel y no la del recorrido de bici de montaña porque así evitaba los tramos técnicos más complicados. En parte por mi limitada capacidad técnica con la bici (ojo, que no hay problema por bajarse y hacer tramos a pie) y en parte porque he llevado a cabo la travesía solo y siempre tengo más respeto a meterme en zonas llamémoslas complicadas. Ten en cuenta que es una ruta que, sobre todo, recorre terrenos de montaña.

Es evidente que el esfuerzo de balización de la ruta es notable. No te vas a perder, aunque, desde luego, siempre hay que llevar el track en el GPS o donde quieras, porque perderse no sería difícil por dentro de bosques en los que no es fácil orientarse. Y es que la travesía es, desde luego, una oda a lo rural, a los bosques, a los lagos, a lo apartado del mundanal ruido. Sí, vas a encontrar alguna que otra población grande –Clermont-Ferrand como caso más destacado–, pero también pedalearás muchos kilómetros por una Francia Vaciada. No se puede comparar con la España Vaciada porque la agricultura en Francia tiene mucho peso, pero piensa en la GTMC como una travesía muy solitaria en la mayor parte de su recorrido.

Esto último quiere decir que no es la típica ruta en la que cada diez o quince kilómetros tienes un bar, una tienda o algún tipo de servicio. Nada de eso. Ha habido etapas en las que me sobraban cuatro dedos de una mano para contar los sitios en los que poder comer o beber algo. Es un factor a tener en cuenta. Si estuviera a cargo del sitio web de la GTMC me obsesionaría por aportar este dato: bares, tiendas o similar que estén abiertos. Sea directamente en la ruta o mediante pequeños desvíos. Al final, yo he usado lo que creo que haría la mayor parte de la gente: consultar Google Maps. Pero, claro, los horarios que se muestran no siempre coinciden con la realidad. Insisto, la ruta resulta, en su inmensa mayoría, un monumento a la soledad.

¿Es una ruta para hacer en solitario? Esto va por barrios. Creo que no depende tanto de la ruta como de la disponibilidad de tus amistades o de lo a gusto que te sientas sola/o o en compañía. La experiencia de pedalearla solo –siempre insisto en ello– proporciona contacto con más gente local, te obliga a hablar en francés (o a hacerte entender como sea si no lo hablas) y te proporciona más flexibilidad en ruta para tomar ciertas decisiones. En mi caso, me asusté un poco a la semana de comenzar porque noté dolor en la rodilla izquierda. Así que aflojé mucho el ritmo de las dos siguientes etapas al tiempo que aplicaba hielo (bendito milagro) y me lo tomaba en plan Verano Azul. ¿Alguien a mi lado me habría soportado con ese ritmo?

Claro que el viaje en solitario te hace más dependiente de tus capacidades. Mis cuatro pinchazos en días casi seguidos los pude resolver dignamente con otras tantas mechas. Mecánicamente la bici se ha comportado de diez. Ni un ruido raro que llevarme a los tímpanos. Y mira que, por mucho gravel que te venden, hay zonas relativamente complicadas técnicamente. El suelo, en muchas zonas, deja ver piedra más o menos afilada y siempre hay riesgo de llantazo o de rajar una cubierta. En este sentido, sí diría que es de ese tipo de ruta donde tienes que llevar la bici bien mantenida.

He pedaleado en julio y agosto. Pues bien, excepto los primeros y los últimos días de la travesía, las mañanas exigían manga larga sí o sí. Me he librado de la lluvia hasta cierto punto. Algún día me he mojado algo, pero ha sido muy llevadero. En este sentido no me puedo quejar. Mejor que haga frío que no días de cuarenta grados. Me ha bastado con un chubasquero y un cortavientos de los que no ocupan nada en la mochila. Eso sí, días de salir por la mañana de manga corta han sido los menos.

Respecto a lo que he llevado en la mochila, esta vez creo que me he superado más que nunca. Apenas cuatro kilos. Esto se traduce en que la experiencia de pedaleo es prácticamente idéntica a la que puedo desarrollar en mis salidas habituales. Para mí es importante no cargar con innecesarios. Si comparo con lo que me llevé, por ejemplo, a Noruega el año pasado, en esta ocasión he reducido aún más el equipaje. Y eso que me he llevado saco de dormir (saco sábana) y toalla. Por cierto, mi botiquín, eso sí, cada día, lleva más carga. En pequeñas dosis, pero el surtido es cada vez más amplio. Soy una pequeña farmacia rodante.

En cuanto a los alojamientos, en general, he tenido muy buena experiencia. He usado cuatro diferentes tipos: hoteles y apartamentos (16), gîtes d’étape (6), chambres d’hôtes (5) y camping (1). Las gîtes d’étape vendrían a ser algo parecido a nuestros albergues y las chambres d’hôtes el equivalente a habitaciones en casas de turismo rural (con más o menos interacción con los propietarios). En general, creo que estas dos opciones, si quieres ahorrar en presupuesto, son dos opciones muy interesantes. En las gîtes d’étape con un saco sábana te es más que suficiente.

Respecto a la comida, he tenido la suerte de que los horarios franceses encajan bien con mis hábitos. Salgo a pedalear muy pronto, por lo que a las doce, por ejemplo, es una hora estupenda para una comida más o menos digna. Y en Francia muchas veces puedes disfrutar de un plat du jour que, al menos en mi caso, es más que suficiente. Sobre todo, si tengo que alargar un poco más la etapa tras esta comida. Raro ha sido el día que he terminado más allá de las tres de la tarde. En general, he pedaleado desde el amanecer hasta la una del mediodía, por hacer una media. Para mis planes, perfecto.

Destaco de la GTMC la marcada identidad de cada una de sus seis secciones. Le Morvan, Les Plaines de l’Allier, Les Volcans, La Margeride, Les Cévennes y La Larzac-Méditerranée cobran, cada una por superado, un sentido propio, no ya solo por el paisaje o la orografía, sino incluso desde el punto de vista del esfuerzo o la dificultad técnica. Viajar hacia el sur en busca del Mediterráneo desde el centro de Francia es emprender un viaje que ayuda a entender la diversidad. En un país tradicionalmente centralista como Francia, la realidad se impone. La cultura marca diferencias. En este sentido, es, también, un viaje de evolución.

En fin, una bonita experiencia. Por cierto, quedo a la espera de pasar al hall of fame. Finalmente, les he pasado mis coordenadas de viaje a través del formulario en que puedes llevar a cabo la inscripción formal. Si aparezco en el listado, ya actualizaré este artículo.

Actualización.- Pues sí que sí, ahí estoy en «le tableau d’honneur», como embajador de esta gran travesía. Me enviaron una pequeña talla de madera que dice que soy el número 31 de los que hemos completado la travesía.

Si queréis pasar el tiempo viendo fotos: https://photos.app.goo.gl/H93NJcGjWumakidU8

Y si queréis todas las crónicas y etapas: https://consultorartesano.com/category/rodamossuavesuave/gtmc


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