Podcast del artículo vía Google Notebook LM
Mira que ha sido una vuelta al pasado lo que me ha ocurrido en Montdardier. Llego y sin mayor problema llamo al teléfono del apartamento que tengo reservado para hoy. Debe de haber sido la suerte del ignorante. A partir de ese momento ni tengo datos en el móvil ni tan siquiera cobertura para llamar a casa, como suelo hacer diariamente. No hay wifi en el apartamento y tampoco lo consigo en el pueblo.
Pregunto en la biblioteca y me dice que su wifi no es para compartir. Le explico que no tengo cobertura y me dice que pruebe subiendo más arriba de la Virgen (literal). Me doy un paseo hasta la Notre-Dame de Causse y asciendo por el camino que asciende a su lado, pero no hay manera. Por más que mire al cielo no hay cobertura. A vivir sin Internet. Regreso al pasado.
Mi anfitriona en el alojamiento me deja usar su móvil para llamar a casa. Le explico el problema, pero creo que no se entera muy bien. O no quiere enterarse. Al principio me dice que hacia el balcón debería de tener cobertura, pero nada de nada. Es un poco de risa. Muévete hacia el centro del apartamento, ahora poco a poco mejor hacia el balcón…
No entiendo cómo, habiendo este tipo de problemas de cobertura en el pueblo, un alojamiento como este, por el que pagas un buen precio, no tiene wifi. Claro que ni se me ocurrió pensar en estas cosas. Si no hay wifi normalmente tenemos los datos, ¿no? Normalmente, pero no siempre. No hay que darlo por supuesto, según parece. En fin, te cuento de este lugar en el que no hay cobertura.
Montdardier es un pequeño pueblo pegado a su correspondiente château. Eso sí, el origen hay que buscarlo muy atrás en el tiempo. Un lugar que se llama «la montaña deseada» tiene que tener alguna explicación. Esta toponimia, según parece, se debe a los ricos yacimientos minerales que contenía el subsuelo y también a la presencia de agua, un verdadero tesoro en la piedra caliza y árida de la meseta del Causse.

Las casas se apiñan a los pies del château. El primer castillo lo mandó edificar alrededor del 1075 un tal Bernard de Montfort. Su ubicación estratégica, dominando el Causse de Blandas y vigilando el acceso desde los valles, era crucial. Ha pasado por sucesivas reconstrucciones. Destaca en particular la que se llevó a cabo en la segunda mitad del siglo XIX, con algunas intervenciones atribuidas a Viollet-le-Duc, el famoso arquitecto restaurador francés conocido por su trabajo en Carcassonne y Notre-Dame de París, entre otros.
En el pueblo hay un albergue porque Montdardier se encuentra en el Chemin de Saint Guilhem, un camino vinculado en gran parte al agropastoreo mediterráneo.
Originalmente fue una ruta de trashumancia ovina, de la época en que los rebaños aún no estaban domesticados. Posteriormente se denominó la «gran draille d’Aubrac», que unía el interior de Montpellier con la meseta volcánica de Aubrac. Cada temporada, los pastores conducían a sus animales desde el monte bajo seco hasta los frescos y verdes pastos de Aubrac.
Desde la Alta Edad Media, los viajeros ya la utilizaban, como lo demuestra la fundación en 1002 del hospicio de Notre-Dame-de-Bonahuc (hoy como ruinas de Notre-Dame-du-Bonheur), cerca del monte Aigoual, donde seis canónigos agustinos aseguraban la protección de los viajeros contra los peligros y las tormentas.
El camino coge el nombre de la tumultuosa existencia de Guillermo de Orange, quien terminó sus días de retiro en la Abadía de Gellone (unos cuantos kilómetros al sur de Montdardier). Fue canonizado con el nombre de San Guillermo. Al conservarse en Gellone una reliquia de la Santa Cruz, acudía allí una gran cantidad de peregrinos, que venían desde el norte, por la Vía Podiensis. Al llegar a Saint-Guilhem-le-Désert, podían, por el camino de Arlés, llegar a Roma, en dirección este, o a Santiago de Compostela, al oeste. O sea, de ahí este albergue de Montdardier, útil para quienes hacen el camino hasta la reliquia del santo.
Desayuno en el apartamento, que, por cierto, está genial (Internet aparte). Me he provisto de una crema de castañas para hacerme unas tostadas deliciosas.
Salgo hacia el sur por la D48 en manga corta. Sí, nada que ver con los fríos mañaneros de días pasados. Atravieso el pueblecito de Rogues y me dirijo hacia el Cirque de Navacelles. Palabras mayores.
Llego por un pequeño sendero que entra por la parte derecha de la carretera y se dirige a los miradores.

El Cirque de Navacelles es un meandro de río abandonado tallado por el río Vis durante millones de años. Imagina un río serpenteando a través de una meseta. Con el tiempo, el río encontró un atajo, cortando la base del meandro y abandonando la curva original. Esto dejó un enorme anfiteatro natural de roca caliza, con paredes de hasta 300 metros de profundidad, que separa las mesetas de Larzac y Blandas.
En el centro de este circo, en lo que solía ser el lecho del río, se encuentra una formación rocosa en forma de «isla» o montículo, conocida localmente como la «pirámide» o «el huerto». Junto a ella, se asienta el pequeño y pintoresco pueblo de Navacelles, con sus casas de piedra y una pequeña cascada del río Vis que le da un toque idílico.
Es una pena que la luz del día impida hacer unas fotos en condiciones.


El sitio cuenta con su centro de interpretación. A esta hora está cerrado. Solo una pareja con sus bicis de gravel aprovecha la terraza para consultar sus móviles mientras un operario corta el césped a su alrededor. Me acerco a los miradores. Los tengo para mí solo.

Dejo atrás este grande site de France y vuelvo por donde había venido. Enseguida llego a Blandas. Lo dejo atrás y, tras una breve subida, afronto un rápido descenso que me deja en Vissec.

Este pueblo presenta un fenómeno geológico curioso: la pérdida de las aguas del río Vis. Vamos, un guadiana en toda regla. El río se sumerge en una serie de grietas y simas subterráneas. Este fenómeno es típico de los paisajes kársticos, donde el agua disuelve la roca caliza creando extensas redes subterráneas. El río reaparece con fuerza en la Foux de Vis, varios kilómetros más abajo, a través de una gran cueva, listo para continuar su curso a través de estas espectaculares gargantas hasta el Cirque de Navacelles, por donde he pasado hace un rato.
La GTMC gira hacia el norte por la D814, en dirección a Alzon. Todo este tramo lo hago en compañía del río Vis, por una carretera sin tráfico y en un entorno muy agradable, con abundante sombra que se agradece. Ya en Alzon paro en un hotel que tiene el bar abierto y wifi a la que conectarme. Actualizo la crónica de ayer mientras me defiendo como buenamente puedo de los quintillones de moscas que comparten plaza conmigo.
En Alzon me incorporo, como ayer, a la misma antigua vía de tren, la de Tournemire a Le Vigan, en este caso en el tramo que se conoce como Les Mazels. En esta parte se construyó principalmente para el transporte de carbón desde las minas de Alès y el Gard hasta el valle de Mialet, aunque también, en parte, para el tráfico de pasajeros en una zona históricamente aislada.E
ste tramo de vía pasa un par de túneles para los que me hubiera venido bien mi luz, la que se quedó en el taller de bicis de Florac. Bueno, tampoco son tan largos. Paso, además, por algún que otro viaducto, incluyendo uno que se emplea para hacer puenting.


Finalmente conecto con la D999. Termino este tramo de ascenso, corono el puerto que deja atrás el departamento de Gard para entrar en el de Aveyron, y desciende hacia Sauclières, donde se inicia un segundo tramo cuesta arriba por la misma vía de tren de antes, aunque ahora por una zona mucho más exuberante de vegetación. Sí, el tramo incluye viaducto y túnel, cómo no.


Hago un alto en la narración de la ruta para introducir un apunte sobre un hecho histórico relativamente reciente que sucedió aquí en El Larzac, muy cerca de esta zona por la que estoy pedaleando. El asunto es motivo de análisis para aprender de los movimientos de resistencia civil no violenta. Si buscas literatura sobre el Larzac es muy probable que enseguida encuentres algo que sucedió a lo largo de diez años, entre 1971 y 1981. Te cuento.
El gobierno francés quería ampliar una base militar situada aquí en la meseta del Larzac, cerca La Cavalerie, un pueblo que queda un poco al oeste de la GTMC y al que llegaríamos siguiendo la D7.
El proyecto consistía en expandir el campo de entrenamiento militar existente, de las 3.000 hectáreas que ocupaba a unas 17.000. Suponia poner en peligro la forma de vida y las granjas de más de un centenar de agricultores y sus familias. El movimiento de resistencia se organizó en torno a estas granjas que se iban a expropiar y contó con la solidaridad de los agricultores de toda la meseta y del resto de Francia.

Entre las acciones que llevaron a cabo se suele mencionar «el juramento de los 103», por el que 103 agricultores afectados se unieron y juraron que nunca venderían sus tierras al ejército. Además, llevaron sus ovejas a París para protestar, ocuparon fincas y cortaron carreteras. El movimiento del Larzac se convirtió en un símbolo de la resistencia no violenta y del activismo rural contra los proyectos del Estado. La lucha duró una década y finalizó en 1981, cuando el recién elegido presidente François Mitterrand, que había prometido su apoyo al movimiento, canceló el proyecto de ampliación de la base militar.
Los agricultores, victoriosos, recuperaron sus tierras y su forma de vida. Si quieres conocer esta historia y mucho más, te recomiendo esta web: https://larzac.org. Las imágenes están tomadas de este sitio web.Y sí, hubo incluso solidaridad desde la perspectiva ciclista.

Volviendo a la GTMC, el siguiente destino, ya no muy lejos de mi final de etapa, merece unas líneas: La Couvertoirade, otro de los que está en la lista de les plus beaux villages de France. Hace días que he perdido la cuenta de los pueblos y sitios que disponen de algún tipo de catalogación oficial aquí en Francia.


La Couvertoirade es un otro pueblo fortificado que está muy bien conservado. Además, sirve para entender la historia de los Caballeros Templarios y, posteriormente, de los Hospitalarios de la Orden de San Juan de Jerusalén, que dominaron esta árida pero estratégica meseta. Los Templarios andaban por aquí ya a finales del siglo XII y principios del XIII. Como la meseta de Larzac era un punto estratégico en las rutas comerciales y de peregrinación, y estos chicos tenían doble vocación, militar y religiosa, enseguida la convirtieron en un centro agrícola y militar. A Dios rogando y con el mazo dando: iglesia templaria de Saint-Christophe et Saint-Jean-Baptiste (siglos XII-XV) y restos del castillo templario original.
Pero llegó la disolución de la Orden del Temple en 1312 y hubo cambio de cromos. Sus bienes fueron transferidos a la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén (quizá más conocidos como Caballeros de Malta). Y ahora, sí que sí, estos le dieron su aspecto fortificado actual. Se pusieron manos a la obra a mediados del siglo XV y a día de hoy resulta ser una de las mejor conservadas de la región, hasta el punto de que las murallas están prácticamente intactas y completas. Se puede caminar por el adarve (camino de ronda) y disfrutar de vistas panorámicas del pueblo y del paisaje de Larzac. Por lo demás, el pueblo, construido enteramente en piedra caliza local, muestra la consabida arquitectura medieval con sus estrechas calles empedradas, arcos y pasadizos.Todo lo anterior convive, por supuesto, con la turistificación intensiva de hoy en día.
Dejo atrás este tumultuoso pueblo medieval en el que, para ser sincero, prefiero no alojarme. En algo menos de diez kilómetros me espera Le Caylar, donde termino hoy.
El calor aprieta y quizá por eso se agradece hoy más que nunca que la GTMC cumpla con su tradición y me conduzca por algún que otro túnel vegetal.

Ya en Le Caylar me tomo una última Coca-Cola frente a un curioso monumento, ¿verdad?

Kilómetros totales hasta esta etapa: 1.352,2.
Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 23.211.
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