16 Domaine du Sauvage – Le Bleymard #GTMC

by Julen

Recorre la etapa en 3D

Podcast del artículo vía Google Notebook LM

Me encuentro en un lugar muy particular, el albergue del Domaine du Sauvage, en la Vía Podiensis del Camino de Santiago, la que viene de Le-Puy-en-Velay.

Le Sauvage, una extensa finca aislada en media montaña, en una ladera de la Margeride, en pleno Gévaudan, toma su nombre de su ubicación geográfica: «Silvaticum», de «silva», «el bosque», que significa finca forestal, y así ha sido desde sus inicios hasta la actualidad. Ubicada en el límite de las parroquias, lejos de los antiguos núcleos habitados, en el límite del gran bosque de la Margeride, que dio nombre a la cordillera.

En el sitio web del albergue hay un apartado de historia de este lugar que da para un buen rato de lectura y entender así el sentido de todo este proyecto. Detrás está la asociación “Terroir Sauvage en Gévaudan”, que tiene como objetivo reunir a los agricultores interesados en el proyecto de kilómetro cero y motivados para promover el Domaine du Sauvage. Está formada por 32 personas que trabajan en 19 granjas diferentes. Ofrece una gran variedad de productos (carne de res, terneros, ovejas, cabras, palmípedos, lácteos de vaca y oveja, frutos rojos, huevos, charcutería, etc.). La riqueza del grupo permite contar con personas de todas las edades con diferentes experiencias y habilidades (agricultura, administración, turismo, etc.).

La zona, cómo no, también recuerda lo que sucedió allá por el siglo XVIII con la bestia de Gévaudan.

A principios de enero de 1765, sorprendió a un niño de 14 años en Falzet (parroquia de Chanaleilles), cerca de un pequeño bosque a 50 pasos de su casa. Le cortó la cabeza y se llevó el cuerpo a 150 pasos de distancia… El 12 de enero de 1765, siete niños de Villeret que cuidaban su ganado en un lugar llamado «las Coutasseyres» fueron atacados por la bestia. Los cinco niños se llamaban Jacques André Portefaix, Jacques Couston, Jean Pic (de 12 años), Joseph Panafieu y Jean Veyrier (de 8 años); las dos niñas: Madeleine Chausse y Jeannine Gueffier (de 9 años). Se defendieron con vigor y pusieron en fuga a este lobo feroz, incitados por Portefaix, quien, armado con un cuchillo atado a la punta de un palo, demostró una valentía y una serenidad fuera de lo común para su edad y logró arrebatarle a la bestia a uno de los niños pequeños que se llevaba. Portefaix, junto con sus compañeros, recibió diversas gratificaciones. Educado a expensas del estado, ingresó en el cuerpo de ingenieros y murió como teniente del cuerpo de artillería de las colonias de Douai en 1785.

En el momento en que llego al albergue ya me doy cuenta de que hay «bullicio». Sí, hay mucha gente que va a pernoctar aquí. En la cena una señora que tenía al lado (peregrina, claro está), me decía que hacer noche en este sitio era algo así como una obligación para quienes recorren la Vía Podiensis. Desde luego que se respiraba un ambiente peregrino cien por cien.

A media tarde me doy una vuelta. El edificio está en obras. Es una pena, pero no queda otra: hay que meter mucho mantenimiento para ofrecer unos servicios dignos. Junto a los edificios del auberge la señalética no ofrece dudas, estamos en el Chemin de Saint-Jacques.

Tengo un alojamiento compartido en
una habitación doble (es lo que había), pero no aparece nadie más y duermo solo. Las instalaciones están dignas, aunque bastante machacadas. Por 50 euros ofrecen el alojamiento y la media pensión. Ni tan mal.

Unas 60-70 personas nos reunimos para cenar. A la conclusión una chica nos explica el proyecto. Entiendo lo que entiendo de su francés acelerado y enfático, pero me queda claro que esta propuesta es una manera de reivindicar el papel de los agricultores.

Desayuno a las siete, y media hora después estoy ya sobre la bici. Se ve que ha llovido algo. Deshago el tramo hasta volver desde el albergue a la ruta original de la GTMC. Adiós a los peregrinos. Cruzo el GR65 y pedaleo entre bosques, en soledad. Subo hasta la cota 1400 y en ella me mantego durante bastantes kilómetros. Pedaleo por una maraña de pistas entre los pinos. Menos mal que el GPS se encarga de indicar el camino.

Continúo durante estos primeros kilómetros con subidas y bajadas. Salgo, por fin, a una zona más despejada. Estoy en la Croix du Bas, una zona acondicionada para la práctica del esquí de fondo.

Cerca queda una zona de chalets de madera. Justo en el cruce con la carretera aparece el Auberge de La Baraque des Bouviers. Está cerrado; es demasiado pronto.

Vuelvo de nuevo al bosque, corono el Col des Trois Sœurs y salgo de nuevo a una carretera. ¡Pinchazo! Pues van ya cuatro mechas repartidas a partes iguales en cada neumático. Y me quedo sin bombonas de aire. En fin, de nada vale lamentarse.

Llego por fin a un primer pueblo tras casi 24 km de etapa, La Villedieu. Digo pueblo, pero sin ningún tipo de servicio. Continúo por asfalto y un poco más adelante, cerca de Estables, comienza el puerto de montaña del día para rebasar la cota 1.500. La carretera está bonita.

El puerto es muy llevadero. Primero hago cima por asfalto. Miro a ver si hay algún caballo muerto, pero no veo nada.

Aquí arriba se coge la desviación para subir al Truc de Fortunio. A una altitud de 1.552 m, es el punto más elevado de la Margeride. Está ubicado en la frontera de los departamentos de Lozère y Cantal. El término «Truc» es una palabra local empleada en esta zona para describir un pico redondeado y aislado, generalmente compuesto de granito. La Margeride en sí es famosa por sus formaciones graníticas, sus extensos bosques de pinos y hayas, y sus vastos páramos. Arriba en el Fortunio había buena cobertura.

La segunda parte de la etapa, de acuerdo con la altimetría, es más favorable. De entrada, nada más comenzar el descenso desde el Truc de Fortunio, aparece el lago de Charpal, al que se conoce como el «Plateau du Roi» (Meseta del Rey). Hoy en día es una reserva de agua potable para la ciudad de Mende, la capital de Lozère, y otras comunas cercanas. El entorno del lago, escarpado, con bosques densos de coníferas y turberas, dicen que recuerda a los paisajes salvajes de Canadá. Se ve bastante gente por esta zona, sobre todo, haciendo senderismo.

Dejo atrás el lago y sigo por una pista muy agradable que lo bordea. Paro a comer algo y aparece una pareja en una furgoneta. Hay un paso delicado y no saben si avanzar. Para dar la vuelta lo tienen complicado. Nos ponemos a departir la forma en que salvar el imprevisto. Al final lo consiguen. Ah, ella de Madrid y el de León. Unas risas tras el susto.

El siguiente pueblo que encuentro en la ruta es Laubert. Estoy en el km 50 y encuentro el único bar abierto (en este caso restaurante) de esta etapa de 76 km. No sé, habría que mirar estas cosas. O no; aventura es aventura. Y a fin de cuentas, estamos en el primer mundo; nunca queda lejos la civilización.

Aprovecho para comer un plat du jour. El sitio, abierto 7/7 según publicitan, acaba llenándose. Lógico, si hay tan poca oferta en la zona. Tras la ingesta, encaro los últimos 20 km. Saludo primero a la iglesia con campanario de peine y otra vez al bosque, en el que unas máquinas de dimensiones descomunales llevan a cabo trabajos forestales.

Tras la zona de bosque, cruzo una carretera. Al lado aparece un lugar señalizado como «Point triple Rhône-Loire-Garonne«. Se trata de una línea divisoria de aguas, o sea, un límite que separa una cuenca hidrográfica de otra. Ya te explico. De nada.

Es la cresta o la línea más alta del terreno de donde el agua fluye en diferentes direcciones hacia distintas cuencas. En este caso, un punto triple hidrográfico es el punto exacto donde se encuentran tres de estas líneas divisorias, y, por lo tanto, las gotas de lluvia que caen en ese punto (o muy cerca de él) pueden terminar en tres sistemas fluviales distintos, desembocando en diferentes mares u océanos. En este caso: en el Atlántico, a través del río Loira o del Garona (que nace en los Pirineos, pero sus afluentes del Macizo Central también contribuyen a su cuenca); o bien en el Mediterráneo, a través del río Ródano.

Afronto la última parte de la jornada, en la que me separo un poco de la GTMC para tomar contacto con el GR 70, la ruta de Robert Louis Stevenson, de la que te contaré cosas mañana. La pista por la que voy descendiendo, tras un tramo final con mucha pendiente, da primero con las ruinas del Château de Tournel y luego con la carretera D901.

Cruzo un pequeño túnel a la izquierda y encaro una ligera subida que acompaña los meandros del río Lot hasta Le Bleymard, en donde hoy hago noche. A la entrada del pueblo me dan la bienvenida una pequeña iglesia y un pequeño château, que quedan a la misma altura de la carretera, una a la derecha y el otro a la izquierda.

Kilómetros totales hasta esta etapa: 1.034,1.

Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 17.699.

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