Etapa previa 01 #GTMC Auxerre – Vézelay

by Julen

Recorre la ruta en 3D a vista de pájaro

Podcast del artículo vía Google Notebook LM

Me levanto a las seis. Ya ha amanecido y enfrente de la habitación la abadía y la catedral continúan impertérritas. Mientras las observo, un poco embobado por la hora del día, me vienen recuerdos de hace nada más y nada menos que 19 años, cuando cogí un tren desde la estación de Hendaia hasta Ginebra para pedalear por el GR-65, la vía del Camino de Santiago que se conoce como Vía Podiensis. El lugar de referencia es Le Puy-en-Velay, pero yo me fui hasta Ginebra por aquello de alargar un poco la ruta, que se iba a quedar corta si la dejaba solo en mil kilómetros. Tú ya me entiendes, ¿verdad? Auxerre no queda lejos de Le Puy-en-Velay y hoy me voy a acercar hasta otro lugar emblemático de los Caminos de Santiago en Francia: Vezelay.

Me desperezo, empaqueto todo de nuevo en la mochila y me voy para el centro del pueblo. Cruzo el río. Apenas se ve gente por la calle. Un señor con su bolsa en la mano se delata: sí o sí este hombre va a la boulangerie. Acierto. Hago cola al igual que los demás mientras soy un mar de dudas entre semejante oferta para desayunar. Aturdido, elijo casi al tuntún. Al lado queda el bar tabac que no puede faltar en el tipismo francés. Un café junto a una clientela en la que solo hay hombres. Quien atiende en la barra, eso sí, es una mujer. Casi una anciana.

Por Auxerre pasa el río Yonne. Ojo, porque este río tiene en jaque al mismísimo Sena. Sí, el que pasa por París. ¿Por qué? Porque hay quien dice que, en realidad, el Sena sería afluente del Yonne y no al revés. O sea, que por París pudiera no pasar el Sena, sino el Yonne. Palabras mayores para la capital de la República Francesa.

Tras el desayuno, me dirijo al downtown. Auxerre aún sestea, solo desafiada por quienes pasean a sus perros. La catedral gótica de Saint-Étienne pide enseguida una foto. Pero también las viejas casas con sus fachas de pan du bois. Ahora bien, ¿por qué otro motivo se conoce a esta ciudad? En casi todas las referencias a Auxerre suele citarse enseguida su club de fútbol. Bueno, también que estamos en zona vinícola y que tienen un superparque para organizar exposiciones de lo que haga falta. Pero fútbol es fútbol.

El caso es que la Association de la Jeunesse Auxerroise, que es el nombre del club, se fundó allá por 2005, aunque la sección de fútbol es de 1906. ¿Quién estuvo detrás? Nada más y nada menos que un abad, Ernest Deschamps. De hecho, el estadio, desde 1949, lleva su nombre: Stade de l’Abbé-Deschamps. Han ganado una liga y cuatro copas de Francia, además de una Intertoto. Por lo que he leído, la rivalidad básicamente es con el ESTAC Troyes y con el Dijon, pero no hay color, que estos son de equipos que no llegan ni a los 40 años de historia. Unos recién llegados.

Cumplidas las obligaciones matinales galas con el petit dejeneur y el callejeo por Auxerre, el pedaleo me lleva, cómo no, junto al río Yonne y su canal auxiliar, el Nivernais.

El río Yonne y, sobre todo, el canal Navernais, vaya compañía la de hoy. De entrada, son nada más y nada menos que 30 kilómetros de conversación. La de cosas que nos hemos contado. Y es que muchas veces vamos cual uña y carne, pegados como lapas.

En realidad, pedaleo por la Voie Verte du Canal du Nivernais. El camino me lleva hasta la esclusa D’Augye, la número 79. Vienen muchas más. Todas con su casita de mantenimiento al lado. Tienen su encanto. Algunas son de postal.

El pedaleo es fácil. Sigo pasando esclusas. Alcanzo una zona de meandros. El río juega conmigo: se acerca y se aleja buscando desesperadamente un desnivel para avanzar en su camino hacia el Sena. Estoy remontando el cauce y, por tanto, están siendo unos durísimos 24 metros de desnivel en 30 kilómetros. Prepárate: plato pequeño y mete el piñón más grande que tengas.

Paso un buen rato junto a un ciclista lugareño que ha salido a hacer su ruta dominical y con el que comparto algunos kilómetros. Lleva el maillot mítico del Banesto de los años 90. Claro, es fan declarado de Indurain. Mira que el navarro marcó una época en el Tour. El hombre me cuenta lo que yo ya sabía: por este canal de Nivernais se transportó hasta París mucho material y en su día eran los bueyes quienes tiraban de las barcazas.

En esas estamos cuando vemos en el cielo un avión haciendo acrobacias. Hay un aeródromo al lado y me cuenta que los domingos es algo habitual. Me explica, además, que aquí al lado hay una enorme gruta que los nazis emplearon como fábrica en la Segunda Guerra Mundial. Se trata de la Carrière Souterraine d’Aubigny.

La estrategia de los alemanes de mover la producción a instalaciones subterráneas (conocidas como «usines souterraines» o «factories souterraines») fue una respuesta directa a la creciente intensidad de los bombardeos aliados. Buscaban proteger industrias clave, como la fabricación de aviones, misiles V-1 y V-2, y otros equipos militares. Estas fábricas a menudo empleaban mano de obra forzada, incluyendo prisioneros de guerra y deportados.

Pues una cosa más que sé. No sé si en la foto se aprecia bien la enorme entrada a la gruta que, hoy en día, tiene uso turístico.

Llego por fin a Mailly-la-Ville. Con el corazón destrozado, tengo que decirle adiós al río Yonne. Nunca te olvidaré. Buenoooooo, ¿qué veo? ¿Son cuestas eso que aparece ahí enfrente? Aparece un primer tramo en el que hay que salvar, esta vez sí, ¡70 metros de desnivel en dos kilómetros! Comienza la segunda parte de la etapa, que ya nada tiene que ver con el paisaje ribereño que me ha acompañado desde el principio.

Decido parar un rato para comprar algo de fruta y beber algo. Veo una pequeña tienda que me viene de perlas. En esto que veo avispas rondando. La mala suerte hace que una se meta dentro de mi lata de Nestea y al ir a beber, ¡zas! Picadura en el labio. Le pido unos hielos al de la tienda porque noto que se está hinchando enseguida. Más o menos limito daños. Un ibuprofeno y buena dosis de protector labial para que refresque un poco y palante. No queda otra.

La carretera es entretenida. Se alternan terrenos de cereal y bosque. Ya va siendo esa hora en que agradezco la sombra de los árboles. Una señal indica que entro en el Parque Natural Regional del Morvan.

A través de un terreno de pequeñas subidas y bajadas llego a Asquins, que ya huele ya a Camino de Santiago. La iglesia de Saint-Jacques-le-Majeur evidencia que por aquí hay Camino a Santiago. Románica del siglo XII y con una aguja imponente sobre su campanario, es, desde 1998, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO como parte de los sitios de los “Caminos de Santiago de Compostela en Francia». Desde el montículo en el que se alza puede divisarse la basílica de Sainte Marie Madeleine en Vézelay, el pueblo en el que voy a terminar la etapa de hoy. El regalo final no obstante, viene en forma de hermoso repecho. Para hacerlo más ameno me desvío por un camino que conduce a la cruz de Vézelay.

Al lado queda la ermita de la Cordelle que acoge a una comunidad franciscana de ¡tres hermanos! Este fue, en 1217, el primer asentamiento franciscano de Francia. Se ve que ahora hay un proyecto en marcha para mantener vivo «el corazón de la espiritualidad franciscana»: hermandad y acogida atenta para todos, creyentes o no; cuidado de la vida interior en la oración y el silencio; respeto y contemplación de la Creación. Te lo estoy copiado del sitio web del proyecto.

Desde 2015, se ha hecho de este lugar una prioridad para que se pueda perpetuar la tradición de la ermita franciscana, un modelo de vida único en la Iglesia que permite alternar una vida de oración y una vida de servicio. Los frailes franciscanos y los visitantes pueden así, por un tiempo, compartir esta experiencia de vida.

Otro repecho y llego a Vézelay. También aquí hay gente. Al menos coches, desde luego. Y peregrinos. Mañana te cuento.

Ha sido finalmente una etapa estupenda para ir abriendo boca. Poco más de 50 km y sin llegar a los 500 m de desnivel acumulado sin ninguna complicación técnica con buena parte del trayecto junto al canal Nivernais, relajante para las piernas y el espíritu. Eso sí, ya se sentía el calor. Au revoir.

Kilómetros totales hasta esta etapa: 62,59.

Metros de desnivel acumulado hasta esta etapa: 504.

Etapa siguiente ⏩

Fotografías de la ruta.

Lee todos los artículos relacionados con esta ruta.


Descubre más desde Consultoría artesana en red

Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Artículos relacionados

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.