Índice de contenidos
Introducción
Hay veces que uno se encuentra con su pasado por un extraña cuestión de azar. Hace unas semanas me llegó un correo de quien mantiene una web entrañable: Diarios de peregrinos. La presenta así:
En el diario, el peregrino describe sus experiencias en el Camino (lo que va sintiendo, las personas y lugares que va encontrando…). Su lectura sirve de estímulo y preparación al que aún no ha peregrinado a Santiago y ayuda a recordar su propia vivencia al que ya lo ha hecho.
Esta página es una recopilación de enlaces a diversos diarios publicados en Internet.
Los hay breves y extensos, antiguos y recientes, veraniegos e invernales, con más y con menos sentido del humor, de peregrinos solitarios y de grupos, de caminantes y de ciclistas, relatos día a día y conjuntos de consejos o reflexiones…
Todos son distintos, como distintos son los peregrinos que los han escrito y distinto es cada día que se pasa en el Camino.
El caso es que allá por el año 2000 me estrené como cicloturista. ¿Cuál fue la ruta? Como tantas otras personas, opté por el Camino Francés, la vía del Camino de Santiago más conocida. En mi caso salí desde Bilbao y enlacé con el Camino en Santo Domingo de la Calzada. Fue la primera vez en que publiqué las crónicas en una página personal. Aquella web desapareció. Pues bien, desde Diarios de peregrinos, me han enviado los textos. Además, vía archive.org he recuperado también otros textos de preparación de la ruta. Así pues, ¡qué menos que traerlo a esta web en la que mantenemos un espacio específico para nuestras travesías en bici! Regreso al futuro: nos vamos al mes de julio del año 2000. Inauguramos el siglo XXI.
La decisión
¿Por qué he realizado el Camino de Santiago?
Pues creo que hay dos maneras de decidir ir a Santiago de Compostela: dándole muchas vueltas o de forma rápida. Y, aunque, parezca contradictorio, creo que los dos elementos son necesarios. Sin embargo, nada más lejos de mi intención que hacer dogma de fe de una decisión tan personal. Lo he hecho porque sí, como dicen los niños.
¿La planificación? Un mínimo de planificación sí recomiendo para no lamentarse durante una buena parte del camino. Me refiero a evitar:
- Hacer el camino cogiendo la bici por primera vez la semana anterior.
- Cargar con todo lo que se pase por la cabeza «por si acaso» (¡¡elimina innecesarios de tu equipaje!!).
- Empezar a dar pedales sin una mínima información sobre el trazado y las normas básicas del peregrino.
La decisión de ir: decídete, que no te arrepentirás. El Camino de Santiago engancha. Pregunta a personas que ya lo han realizado y verás cómo hay «caminoadictos», más de los que pensabas. Ya sabes, anímate, coge tu credencial de peregrino y vete sellándola. Haz el camino por cultura, deporte, religión o porque sí, porque te apetece y el cuerpo te lo pide. No veas cómo vas a fardar de forma cuando le quites a la bici alforjas, parrilla, equipaje y todos esos kilos que te echas encima (subirás las cuestas como una moto, te lo garantizo).
Buen Camino o, como decían en su tiempo, ¡ultreia!
¿Solo o acompañado?
La pregunta es estúpida porque es imposible hacer el Camino solo. Bueno, no exactamente, sí, se puede hacer solo, pero es un poco difícil. El que quiera arrimarse a alguien, lo puede hacer sin problema. Mi crónica de un viaje compartido ha sido la siguiente:
- «Sí, sí, mejor lo hago solo, que yo soy muy mío encima de la bici. Ya tengo costumbre de andar por ahí a mi aire, así que no debe haber problema.»
- Vaya, vaya, Xabier, o sea que tú también vas a hacer el Camino de Santiago. ¿Cuándo? No jodas, qué casualidad, si el mismo día que yo voy a empezar. Y, ¿de dónde empezáis? ¡No puede ser! Pues sí, empieza el mismo día y del mismo sitio, con su padre. ¡Qué casualidad! Pues quedamos en Santo Domingo el sábado 22. Hablamos por el móvil y quedamos. De acuerdo.
- (Ya en Santo Domingo, el sábado 22, a las 7:30 p.m.). Hola, Xabier. Aquí está con su padre y más amigos. Bueno, van a hacer el Camino a otro ritmo, más pausado. Creo que no vamos a coincidir. Yo salgo a las 6:30. No te preocupes, hemos quedado ahora con otros amigos que también empiezan mañana. Llega más gente: Jon, Iñigo, Juanma. Presentaciones y bla, bla, cocacolas y demás. Y ya está: si te parece, empiezas con nosotros mañana. Nosotros saldremos a las 6:30. Bueno, bien, por mí no hay problema. Si queréis quedamos para mañana. Ya está, no será con Xabier, sino con otros compañeros de fatigas.
- Bueno, habrá que ver si llevamos un nivel parecido y esas cosas, si nos soportamos, si… Pues estupendo, los siguientes 600 km con esta buena gente. He de reconocer que he tenido suerte. Ahora pienso que es mejor hacer el Camino con más gente al lado que hacerlo solo.
Consejos básicos
Si estás acostumbrado a dar pedales, hazte a la idea de que tiene sus matices eso de meterle kilos a la bici encima (además de los tuyos, me refiero). Yo he ido de primerizo a un viaje largo con la bici y equipaje encima y no me ha ido del todo mal. Algunos consejos básicos sobre el equipaje:
- Pregunta a los que ya tienen experiencia en este tipo de viajes: la experiencia es fuente de sabiduría.
- Se práctic@, las dudas son lógicas, pero huye del «por si acaso» o acabarás con exceso de peso.
- Si llevas sitio donde guardar cosas, lo acabarás llenando (un espacio vacío tiende a llenarse de innecesarios, por una extraña aplicación de leyes secretas de Murphy, y eso incluye elementos absolutamente incoherentes para la práctica del ciclismo). Plantea un límite de espacio. En mi caso, por ejemplo, mi mochila camelback y una riñonera.
Una decisión importante es la de alojarse en albergues o no. En caso de que lo hagas en esta forma tradicional, a la lista que yo elaboré tendrás que añadirle saco de dormir al menos (aunque tampoco pesa tanto el saco).
Otro consejo: habla con la gente que veas por el camino, comparte experiencias. Hay gente «mu profesioná» por el camino, de la que puedes aprender muchas cosas.
Por último, respeta a todas las personas que hacen el camino. Cada uno lo hace como quiere y no somos quién para meternos con su forma de hacerlo.
Lo imprescindible
Aunque parezcan perogrulladas, ojo con no olvidar:
- Cremas para el culete y zonas aledañas, y cremas para inflamaciones, tendinitis y dolores en general.
- Mapa-guía o algo similar, aunque creo que es imposible perderse.
- Bolsas de plástico para proteger el equipaje en caso de chaparrón (mejor una funda específica para cubrir el equipaje que uno chapucero).
- Algunas bridas, que no ocupan nada y nunca vienen mal.
- Y, claro está, dinerete, de plástico o del otro, mientras el mundo siga montado como está.
Lo necesario
Mi «famosa» lista
Echa un vistazo a mi lista de necesarios para hacer el Camino de Santiago en bici. He añadido los comentarios tras realizar el Camino y darme cuenta de lo qué sirvió, lo que no sirvió y lo que pude echar en falta. Lo de “famosa” es por la envidia que pasaron mis compañeros de Camino ante la evidente diferencia de peso.
Por si esta lista no te satisface (es absolutamente personal), aquí tienes la lista de la Asociación de Amigos del Camino de Santiago en Bizkaia.
- Puesto o en bolsillos:
- Zapatillas, 1 par de calcetines, 1 culotte con bolsilllos, 1 camiseta azul (interior térmica), 1 maillot azul, guantes, casco, gafas de sol, 1 reloj despertador (de pulsera), 1 buff, 1 chubasquero, manguitos.
- Ropa de recambio
- 1 par calcetines, 1 culotte, 1 camiseta azul (interior térmica), chanclas, 1 maillot gris, 1 camiseta vestir (negra), 1 jersey (maillot rojo), 1 gorra.
- Higiene
- Protector solar, Proskin (crema tipo vaselina), pasta y cepillo dientes, cacao labios, pañuelos de papel, cepillo lavar ropa, gel baño, espuma afeitar, crema after shave, maquinilla afeitar, Voltaren, Trombocid, Fortasec, tiritas y esparadrapo, Dolmen, Azaron (picaduras), cortaúñas, Menaderm (hemorroides), toalla pequeña.
- Documentos
- Info tabla estiramientos, mapa, lista hoteles y otra información, libreta y boli, carnet del peregrino.
- Varios y herramientas bici
- 3 bolsas de plástico, batería y teléfono móvil, cartera (sin innecesarios), barritas energéticas, gafas normales en funda, cámara de fotos y 1 carrete, multiusos, 5 bridas, 2 cámaras, multiherramienta, 1 lubrificante, 1 trapo, 1 candado ligero, 1 cepillo para limpiar.
¿Qué se podría suprimir?
En mi caso no utilicé el cacao para los labios, el Fortasec, las tiritas, las aspirinas, el Azaron (picaduras) y las dos cámaras de repuesto. Así que, como podéis comprobar, casi todo fue utilizado.
¿Qué se podría añadir?
Para mi siguiente ruta por el Camino de Santiago quizá lleve, además de lo que está en la lista: un portamapas para la bici, un guardabarros sencillo de los que se colocan bajo la diagonal del cuadro, una funda bien resistente (incluyendo resistencia al agua) para forrar bien el equipaje que llevaba en la parrilla trasera y un pulpo de repuesto.
Crónicas de cada etapa
1- Bilbao – Santo Domingo de la Calzada
Sábado, 22 de julio de 2000.
Distancia: 125,74 km. Tiempo: 7:02:57. Vel.media: 17,83
Resumen: Tranquila etapa por carretera con un increíble final infernal: 15 km de recta entre Haro y Santo Domingo con un calor abrasador y viento de cara. La recta más cruel de mi vida ciclista.
Que no me llueva, que no me llueva, virgencita mía. Eso era el día anterior y tan bien debí de rezar que no me llovió prácticamente en todo el Camino. Lo único, cuatro gotas en un par de sitios para poder decir eso de «no, no, si a nosotros también nos llovió», «la verdad es que fue duro» y cosas así.
Son las 5:30 de la mañana. ¿Qué hago mi primer día de vacaciones levantado a esa hora?, ¿estoy tonto? Todo el año madruga que te madruga y cojo mi primer sábado de vacaciones y tira para arriba a las 5:30. Claro que más mérito tiene lo de mi mujer, que se levanta conmigo para desearme feliz viaje y que lo pases bien y hagas muchos amiguitos, cariño. Dios santo, voy a empezar a dar pedales hasta Santiago.
Ayer hizo un calor de morirse y hoy es probable que sea igual. Como persona organizada que soy, prácticamente todo está preparado desde el día anterior. Mi súper-mega lista de necesarios ha quedado reducida a un petate ¡¡que me cabe en la mochila de agua y en una riñonera!! Eso es economía y lo demás tonterías. En fin, a mis 35 años empezar con estas cosas de jóvenes, bici y pertenencias a cuestas y tira millas por el Camino de Santiago. Encima, se me ha ocurrido la brillante idea de hacerlo solo. La verdad es que prefiero así, que yo soy muy mío y la libertad de hacer lo que me dé la gana es un trofeo muy codiciado.
Pues ya estoy, encima de la bici. Joder, esto es diferente, hay que tomárselo con más calma. Esta bici pesa. Y eso que he hecho un par de pruebas antes con carga y todo. Pero claro, no es el mismo ánimo el de dar una vuelta de 40 km alrededor de tu casa que pensar que hay por delante más de 700 km. Bueno, empezamos el paseíto. Voy de barritas hasta las cartolas; seguro que me paran en un control de la guardia civil y me detienen por dopaje. De eso no me importa exagerar, mejor que sobren barritas que no que falten.
Pedales y más pedales.
Bilbao. La bici, engrasada y brillante, me espera en el garaje. Nos saludamos y… tira palante, que nos vamos. Adiós, Bilbao, adiós.
Puerto de Altube. Ya está, ya lo hemos subido, aunque el calor aprieta, no creáis. He ido en plan suave, con mucha cadencia de pedaleo, como me ha recomendado un enfermo de la bici que trabaja conmigo. Agua y agua, y la jodida se calienta que no veas. Paradita en Izarra y pequeño aprovisionamiento. Ya nos hemos zampado lo peor del día, la subidita desde mi casa en Bilbao. Creo que no va a haber problemas para llegar fresco a Santo Domingo.
Zambrana. Horrible, hace un calor horrible, me han colocado un secador de pelo delante de la cara y no hay manera de quitarse el sofoco de encima. Parada en cutre-bar. La camarera, una señora mayor apoyada en una esquina de la barra, me mira como diciendo: Chaval, eres imbécil, ¿no ves qué día hace? Le pregunto cuánto queda para Haro y me dice que unos 12 km. Aleluya, pensaba que eran más.
Haro. Entrada triunfal por el puente y derechito a la plaza del Ayuntamiento. A fardar de bici y, sentado en una terraza, qué menos que unas rabas, una Coca-Cola y unas pequeñas notas de lo que llevamos hasta ahora. Eso sí, un calor que abrasa a los escarabajos patateros. Llamadas por el móvil a mi casa, a mis suegros y a Xabier, otro betetero que va a comenzar el Camino con su padre desde Santo Domingo, como yo. Quedamos a las 7:30 frente a la Catedral de Santo Domingo. Originales que somos.
Llegada a Santo Domingo. Dios santo, lo peor de los 130 km. ¿Cómo es posible que una recta llana desde Haro hasta aquí casi me coma la moral, las piernas y la garganta? ¡Qué viento, qué bochorno, qué agobio! De locura, por la recta a 12 km/h, mirando para todos los lados para coger alguna referencia que te diga que estás avanzando. Ni una sombra, ni nada que se apiade de mí. De las peores experiencias de mi vida. ¿Será un mensaje divino que me castiga por mi falta de fe para hacer el Camino? Piedad, piedad, esto no puede continuar así. La entrada a Santo Domingo es patética, buscando un bar como un poseso (doy por supuesto que de las fuentes hoy salen aguas termales a 45 grados por lo menos). Lo veo, lo veo, es un bar. Botella de agua, de litro y medio, fría por favor.
Primeros dolores como consecuencia de dar pedales. Detrás de la rodilla, algo raro molesta. Así que, andanada de Voltaren, a partir de ahora mi más fiel compañero de viaje.
Hotel en Santo Domingo. La chica de la recepción me sonríe y hace la típica pregunta peregrina: «¿Qué, de dónde viene?». «Pues de Bilbao». «Pero, cómo puede ser, con el día que hace, ¿de verdad?». «Pues sí, ya ves, de Bilbao». «Es increíble, de verdad». Claro, yo subido al pedestal, ya no hay quien me pare ante esta deslumbrante hazaña. Le comento que he salido a las 8:30 para impresionar más, qué puñetas. Total, le va a dar igual. La chica se descuelga con unos comentarios sobre su novio, que es de Bilbao, y que ya podía venir desde allí en bici, como yo. Esta parte del relato no forma parte de la ficción, lo aseguro. Me subo para la habitación, me ducho y caigo como un bendito en la cama. No sé muy bien el tiempo que pasa, pero pasa bastante.
Tarde y noche en Santo Domingo. A las 7:30 frente a la Catedral. Aparece Xabier con su aita y unos amigos. Saludos, comentarios y… ¡cómo son los padres con sus hijos! Se han preocupado de localizarme a unos amigos que vienen haciendo el Camino y con los que podría ir. Aparecen los amigos en cuestión, paseo por el pueblo y se perfila quedar para mañana con Jon y Juanma, que vienen haciendo el camino desde Roncesvalles (llevan dos etapas ya) y también con Iñigo, que ya hizo el camino hace unos años y que repite, comenzando como yo, desde Santo Domingo. Cenamos y despedida hasta mañana a las 6:30. Xabier y su aita van a hacer el camino más suave: prevén etapas de 50 km más o menos, según cómo lo vean.
2- Santo Domingo de la Calzada – Hontanas
Domingo, 23 de julio de 2000
Distancia: 102,92 km. Tiempo: 6:20:48. Vel.media: 16,22.
Resumen: Comienzo a disfrutar de la compañía de nuevos amigos. Bonita subida a La Pedraja con caída subiendo, «de las mías», aunque sin problemas. Final complicadillo antes de llegar a Hontanas por los km.. y el viento de cara.
Santo Domingo de la Calzada. Desayuno a base de barritas y algún croissant. Llego puntual, algo antes de las 6:30 y enseguida aparecen mis tres compañeros. ¿Andarán más que yo?, ¿les haré de paquete?, ¿qué tal gente será? Bueno, ahí están. Jon lleva una doble, una Grisley, e Iñigo una Canondale rígida con suspensión delante. Juanma lleva el típico «hierro», por lo que no cabe duda que es el que más elogios merece por cada pedalada que damos. Sin excesivos retrasos salimos dando pedales algo más tarde de las 6:30. Comienzan los andaderos paralelos a la carretera y la tradicional monotonía del paisaje en Castilla. Iñigo es quien lleva el mapa en su manillar, por lo que en general es él quien indica pueblos, direcciones y demás. Por otra parte, ya hizo el camino anteriormente hace unos años. Más tarde me entero de que Iñigo y Jon lo han intentado también la Semana Santa pasada pero el mal tiempo les hizo desistir.
Belorado. Paradita a engullir alimentos en un bar de la plaza del pueblo. Son poco más de las 7:00 de la mañana y asistimos en el bar a conversaciones esperpénticas fruto del delirio que producen las fiestas del pueblo. Vemos a unos holandeses que van con bicicletas de carretera y montañas de alforjas a su alrededor. Increíble mover esas máquinas. Por cierto, que en estos pocos km ya veo que la expresión «hola, buenos días» va a ser la estrella del camino.
Alto de la Pedraja. Zona muy bonita la que va desde la subida en Villafranca de Montes de Oca hasta San Juan de Ortega. La subida al alto es llevadera, excepto un repecho al principio que te hace bajar de la bici. No obstante, decidí impresionar a mis compañeros con una bonita caída en subida, auténtica especialidad mía, que estoy pensando patentar. Me doy cuenta de que en las subidas les dejo atrás, pero la razón es bien evidente: pura cuestión de peso. Mis concienzudos preparativos surten efecto.
Monasterio de San Juan de Ortega. La bajada desde el Alto de la Pedraja es muy cómoda (excepto un pequeño paso), con pista ancha y en ligera bajada. Ideal para meterle zapatilla. Jon anda con problemas: tiene ganas de vomitar y no sé encuentra muy bien. No obstante, seguimos para adelante. Paramos un rato en el monasterio, damos una vuelta por su interior, comemos algo (es un decir, porque Jon se anima con un megabocata de jamón para curar sus males y… santo remedio, según parece). Puede que lleguemos a Hontanas hoy. Iñigo me informa de un alojamiento de turismo rural en Hontanas y llamo, cojo una habitación, y sin más.
Atapuerca. Pasamos el pueblo y encaramos la jodidilla subida al alto. Miro para todos los sitios por si encuentro algún cráneo antiguo, pero allí no hay más que piedras que hacen que se deba subir con cuidado y mirando dónde pones la rueda. Al coronar, arriba, nota en el suelo. Bajamos y nos encontramos a unas chicas en bici que han perdido a sus compañeros por algún lado del camino y les han dejado la nota en el alto. Jon les cede amablemente el móvil para que les dejen un mensaje. Nos miran y remiran: pedales automáticos, horquillas de suspensión, hasta una doble… y, claro, así que dicen que vamos como unas máquinas.
Burgos. La entrada es lo de lo más feo que te encuentras en el Camino, pero qué se le va hacer, de todo tiene que haber. Hay hambre y de ahí que nos demos a la pizza para asegurar calorías e hidratos de carbono. Tumbada general y descanso. ¿Hasta dónde iremos? Parece que hay ánimos hasta Hontanas (yo había pensado inicialmente hacer hasta Castrojeriz, pero tampoco me importa Hontanas). Vemos a alguna otra gente que hemos adelantado viniendo desde Atapuerca. En Burgos, claro está, toca foto con la escultura del peregrino, junto a la Catedral.
Hontanas. El camino hasta aquí se nos hizo durillo. El viento de cara y algún pequeño repecho con un suelo incómodo hacen que se nos haga más largo de lo previsto, sobre todo al final, los últimos 8 ó 10 km. El amigo Jon jura y maldice la decisión de tirar hasta Hontanas, pero por fin llegamos y, ¡albricias!, hay sitio en el albergue ya que hay dos y parece que el pueblo no está muy concurrido. Nada más entrar en el pueblo vemos una preciosa estampa de hombre protoibérico, barriga amplia y desaliño en general. Parece que regenta un establecimiento, pero de una forma incomprensible para nosotros nos dice que continuemos hasta Frómista (????). Este hombre está zumbado, son las 5:00 y nos quiere mandar a 80 km. de aquí. Pronto nos reciben unos chavales que deben estar ya acostumbrados a ver peregrinos. Les preguntamos por el albergue, nos lo indican y empiezan a gritar «¡Donde Vitorino no, donde Vitorino no!» El protoibérico les lanza alguna andanada verbal. Los chavales nos acompañan un rato y nos dicen del Vitorino unas cuantas lindezas que me llevan a concluir que yo también hago albergue, que paso de mi casa de turismo rural, ¡que era la de Vitorino!
Ducha, descanso, paseo hasta el bar de las piscinas y cena básica del peregrino. En la habitación del albergue un ratoncillo nos acompaña, muy majo él. En la tertulia de la cena aparece un holandés que viene andando desde su pueblo. Ya lo digo, hay para todos los gustos en el Camino. También hay gente de Pamplona, de Valencia, más gente en bici. Total, que el pueblo se ha llenado de peregrinos.
Antes de dormir, otra vuelta al bar de las piscinas y… a la cama.
3- Hontanas – Sahagún
Lunes, 24 de julio de 2000.
Distancia: 106,28 km. Tiempo: 7:28:00. Vel.media: 14,33.
Resumen: «Preciosa» subida por la cuesta de Mosterales. Rectas engañosas en Castilla… si el viento entra de cara. Cierta monotonía peligrosa para el que ande solo.
Hontanas. Desayunamos lo básico para poder llegar a Castrojeriz y subir la cuesta de Mosterales. La bajada desde Hontanas a Castrojeriz la hacemos en un agradable paseo mañanero. Hoy también pasadas las 6:30 estábamos dando pedales. Atravesamos Castrojeriz, que éste sí que es pueblo largo. Vemos montones de peregrinos que salen de aquí para iniciar la etapa del día. Adelantamos y adelantamos gente hasta llegar a la base de la cuesta.
Cuesta de Mosterales. Iñigo ya había comentado que no había que cebarse con la cuesta, que era bastante dura y que mejor no hacer la machada, no vaya a ser que luego lo pagues caro el resto del camino. Por supuesto, ni que decir tiene que fue el único que consiguió subir la cuesta entera montado, con sus alforjas y tó. Desde ese momento, cogió el maillot amarillo del Camino y ya nadie podría arrebatárselo. El sargento Romerales lo había conseguido. Porque otra de las consecuencias de subir montado la cuesta de Mosterales es que luego te llaman durante todo el camino «sargento Romerales». Bueno, en lo alto, hermosas vistas sobre la meseta castellana y fotos de rigor.
Boadilla del Camino. Bajamos con precaución desde el alto de Mosterales. Apretamos un poco y nos damos relevos para llegar a desayunar a Boadilla. En uno de ellos, con mi habitual torpeza, me meto demasiado pronto delante de Juanma, se engancha y catapún, al suelo. Menos mal que no es nada, porque me da un poco de mal rollo este incidente. Pero el Camino también reparte alegrías, como el desayuno en Boadilla, en una casa de turismo rural de muy buena facha. Descansamos, comemos, vemos más ciclistas (otra vez los holandeses del día anterior, por ejemplo) y seguimos hacia Frómista.
Frómista. Cogemos a la salida de Boadilla el Canal de Castilla y avanzamos rápidos junto a él. El paseo es agradable y enseguida llegamos a las puertas de Frómista. Para acceder al pueblo hay que cruzar el canal por una de sus esclusas. Una familia de Lérida (papá, mamá y niño) está parada con sus bicis con algún problema mecánico. Nos ven «arregladitos» y piensan que somos lo que necesitaban: unos expertos mecánicos. Por supuesto que no fuimos capaces de arreglarles el problema. Eso sí, como Juanma vive en Carrión, les indica quién arregla bicis en Frómista, lo cual se puede considerar información privilegiada en esta meseta.
Población de Campos. Parada obligada porque es el pueblo de Juanma. Escenario mañanero tras las fiestas del pueblo y sabio consejo por parte de Juanma: mejor no seguimos exactamente el camino dentro del pueblo, no vaya a ser que pinchemos con la cantidad de cristales que hay por el suelo. Nos aprovisionamos de agua fresca y seguimos ruta.
¡Accidente! Increíble, pero cierto. Juanma nos venía comentando que no le convencían nada los mojones que han puesto a lo largo de los andaderos paralelos a la carretera por toda esta zona. Decía que con tanta monotonía de trayecto te pones a pensar en las avutardas de mayo y te la puedes pegar de puro ido que vas. Pues, como siempre, las profecías tienden a su cumplimiento. Juanma y yo vamos un poco por delante, después Jon, e Iñigo al final. Oímos el grito y oímos el golpe. Iñigo tendido en el suelo con la bici junto a él. Rasponazo en el muslo y alguna que otra magulladura por el resto del cuerpo, pero… la dirección de la bici tambalea que da gusto. Puede ser que la horquilla haya cascado, si no la propia dirección. Llegamos despacio, despacio, como podemos, hasta Carrión, el pueblo de Juanma. Menos mal que llegamos a sus dominios.
Vamos a un taller y nos dicen que aquello está muy mal y que no pueden hacer nada. Hay que ir hasta Palencia y a ver si hay suerte y se puede reparar. Juanma coge su coche y se van con la bici él e Iñigo hasta Palencia, mientras Jon y yo nos quedamos dando una vuelta por Carrión con muy mal rollo en el cuerpo. Comemos y les esperamos tumbados en un parque. Finalmente llaman y dicen que todo ha ido bien y que le han cambiado la horquilla. A partir de aquí Iñigo se hará el Camino sin horquilla de suspensión, aunque, eso sí, con tubo de escape (ya que lleva su horquilla Rock Shox sobre el equipaje y le da ese aspecto).
Salimos de Carrión sobre las tres de la tarde para llegar hasta Sahagún y… amenaza lluvia. Jon e Iñigo me deleitan con un espectáculo sorprendente. Parados en un granero, comienzan a colocarse artilugios para el agua: plásticos adaptados para las zapatillas, megasuperchubasqueros, etc. Fotografías del evento y salimos a una asquerosa recta (lo siento, Castilla), con viento de cara que lleva a:
Calzadilla de la Cueza. El pueblo sólo se ve cuando estás encima de él, ya que está al final de la inmensa recta, pero en una hondonada. Le metemos zapatilla. Llegamos al albergue y nos empezamos a llamar estúpidos y anormales mutuamente por la caña que nos hemos metido. ¿A dónde vamos con tanta prisa? En fin, es lo que pasa con los globeros. En el albergue nos encontramos con la familia de Lérida que está ya cómodamente instalada. Nos cuentan que han arreglado el problema «más o menos», porque no era cosa tan sencilla (lo cual nos deja pero que muy bien).
Ledigos. Este es el pueblo del membrillo de ciruela. Uno de mis mayores descubrimientos del Camino: el «membrillo de ciruela» (o sea, crema de ciruela en porciones, marca Helios). La situación era la siguiente: a un escaso kilómetro de este pueblo siento el típico pajarón (por cierto, después de una zona muy agradable de bosquecillo). Dios mío, necesito ya energía como sea. Llegamos al pueblo en busca desesperada de una tienda y nos indican una pequeñita, escondida tras un bar. Unas galletas por aquí y otras galletas por allá… y ¡esa cajita de membrillos de ciruela en porciones! Como un poseso me meto cuatro seguidos en espera de poder aguantar como sea hasta Sahagún, 22 kilómetros por delante. Salimos de este pueblo y yo suave, suave, con mucha cadencia de pedaleo para no cargar las piernas. Vaya, parece que va bien, que voy sudando poco a poco y que las piernas cogen tono. Bajo piñones y parece que aguanto. ¡Cómo que aguanto, que voy como una moto! Los pequeños repechos que hay me parecen poca cosa y mis dos compañeros alucinan. Han descubierto en qué consiste el dopaje en el ciclismo: cuatro membrillos de ciruela uno detrás de otro. Mi EPO particular. Primera pájara superada.
Sahagún. Llegamos pasadas las seis de la tarde, pero llegamos. Nos distribuimos entre albergue y hostal. Ducha, descanso, paseo por el pueblo y cena maja en el mismo hostal en el que estoy hospedado. Increíble, pero me costó dormirme. ¿No se supone que tenía que estar rendido?, ¿serían los efectos alucinógenos de los membrillos de ciruela?
4- Sahagún – Astorga
Martes, 25 de julio de 2000.
Distancia: 112,74 km. Tiempo: 7:18:56. Vel.media: 15,20
Resumen: Siguen las rectas, aunque con algunas zonas de pedaleo entretenido, como a la salida de Hospital de Órbigo. Con dolores por todas partes pero haciendo a gusto el Camino.
Sahagún. Salimos con tiempo fresco. Por la noche ha llovido y por si las moscas salimos con chubasquero. De frente, cielo más bien oscuro, por no decir negro. Con mi habitual optimismo les comento a mis compañeros que no se preocupen, que no nos va a llover en todo el Camino, que lo he apalabrado así con los del tiempo de la tele. Voto a bríos, que no nos llovió en el resto del Camino. Esta parte se hace también bastante monótona.
Rectas sin fin, otra vez los holandeses, algún que otro tren que nos ameniza el Camino, pero no hay mucho más que contar. Pasamos por Bercianos del Real Camino, donde desayunamos muy bien y muy agradablemente, luego por el Burgo Ranero y sin más llegamos a Mansilla de las Mulas. Paramos aquí a reponer fuerzas, después de saludar a nuestros queridos holandeses. Plátanos antes de entrar a León.
León. La entrada no es precisamente preciosa, en ligera subida. Se callejea lo suyo antes de llegar a la plaza de la catedral. Reponemos fuerzas de nuevo a base de buenos bocatas de camino a la catedral. A las puertas de ésta, las típicas pedigüeñas; una de las cuales se me acerca y durante unos veinte minutos me cuenta la historia de sus venturas y desventuras. Como podéis imaginar, ganan de largo las desventuras. A fin de cuentas es su trabajo. Madre viuda, que antaño fue hermosa, con mala suerte en la vida y un retoño al que cuidar. Escucho y creo que en el fondo hasta me conmuevo. El problema es que nunca sé distinguir la verdad de la invención.
Salimos de León a primera hora de la tarde. Tampoco la salida es ninguna maravilla: autovía, coches zumbados y ligera subida hasta:
La Virgen del Camino. Iñigo nos comenta alguna cosa sobre la iglesia, pero no nos entretenemos y cruzamos la autovía para coger de nuevo el Camino-camino. Tras pasar Oncina de Valdoncina entramos en una zona entretenida, aunque poco a poco el irregular suelo empieza a hacer que nos quejemos más de lo previsto. Los kilómetros pueden hacerse con relativa rapidez por Chozas de Abajo, Villar de Mazarife… El pobre Iñigo es el que peor lo pasa con el suelo traicionero sin su horquilla de suspensión, que ahora lleva a modo de tubo de escape. Lo cierto es que, acostumbrado ya a una suspensión delante, tiene que ser duro dar pasos atrás y volver a recordar cómo era aquello de aguantar en los antebrazos toda la tensión del camino.
Hospital de Órbigo. Tras pasar el puente, entramos en Hospital, sellamos de nuevo (se encarga de ello «aitatxu» Iñigo, que lo va haciendo por mí durante todo el Camino) y hacemos una paradita, ¿para qué? Pues para comer, como siempre. Nos pasan otros beteteros vascos que parece que van tranquilos tranquilos. Salimos de Hospital y cogemos un bonito tramo de sendero que nos interna en una preciosa zona de encinas. Cómo no, las «máquinas» pasamos a los beteteros que habíamos visto en Hospital de Órbigo. Apretamos un poco en alguna cuesta (bueno, en realidad soy yo el que aprieto porque me veo muy bien de fuerzas).
Astorga. Mis amigos tienen que coger también hostal porque el albergue está, cómo no, abarrotao. Nos da tiempo a dar una vuelta tranquila por el pueblo y disfrutar sentados en su plaza del Ayuntamiento de unas curiosas campanadas en su famoso reloj. Nos animamos con la camarera, la cual nos propone un surtido de ibéricos que por supuesto, cae sin piedad… como aperitivo antes de la cena, claro. Luego, cena apacible y a la camita que mañana empiezan las subiditas con la Cruz del Ferro. Buenas noches.
5- Astorga – Pereje
Miércoles, 26 de julio de 2000
Distancia: 88,62 km. Tiempo: 5:37:05. Vel.media: 15,77.
Resumen: Primera subidita: la Cruz del Ferro. Pensé que iba a ser más dura, pero se hace llevadera en plato mediano, excepto algún repecho al final. Ojo al frío, aunque estemos caso en agosto. Una gozada la bajada hasta Molinaseca.
Astorga. Salimos hoy también con tiempo fresco, pero llevadero. Desayunamos algo en una placita de Astorga, cerca del hostal de Iñigo y Jon. Entre bocado y bocado… de repente, la siento, la noto, está ahí, ha surgido de la noche como una aparición; es ella, es una almorrana. Compañera inseparable de viaje, sufrirá conmigo el resto del Camino, se alegrará con mis gozos y me será fiel allá adonde la lleve en lo que queda de ruta. Mis respetos a tan insigne amiga y confidente.
Rabanal del Camino. Vamos devorando los kilómetros para acercarnos a Rabanal del Camino, a los pies de la subida a la Cruz del Ferro. Vamos todo el rato muy cerca de carreteras poco transitadas y a veces también sobre ellas. Cargamos las pilas y ya en Rabanal probamos a subir por el camino. Como nos entran dudas sobre la ciclabilidad de lo que puede venir, preguntamos a unos lugareños. Estos nos desaconsejan ir por el camino y nos recomiendan coger la carretera para subir hasta el alto de la Cruz del Ferro. Así pues, hacemos toda la subida por carretera. Ya en Rabanal vemos mucha furgoneta de apoyo.
Se realiza el acto protocolario de cargar con una piedra. A la racionalidad de Jon y a la mía se enfrenta la visceralidad de Iñigo. El muy animal carga con un pedrusco con la intención de purgar sus pecados. ¡Amigo, qué clase de pecados tendrás por ahí para cargar con esa pedazo piedra, pecadorrrr!
Al inicio de la subida me pasan tres chavales resoplando como condenados. No llevan encima bultos y los veo sufrir demasiado delante de mí. Por momentos pienso que les va a dar un parrús en mis narices. Pero, nada, los tíos siguen para arriba con movimientos convulsos y un cierto pique entre ellos. Al de un rato los veo parados en la carretera hablando con la furgoneta de apoyo sobre no sé quién que ha pinchado y no tiene ni parches ni cámara de repuesto. Bueno, les paso y poco después otra vez resoplando se me ponen delante. Más adelante volveremos a lo mismo. Se paran, les paso y al de un rato, vuelta a empezar.
Cojo un ritmo cómodo, en plato mediano, y voy dando pedales hacia arriba. Iñigo y Jon, con bastante más peso que yo, se lo toman con más calma. Paso Foncebadón y sigo por la carretera. Decido esperar un rato a mis compañeros porque no los veo por detrás y no querría tirar hasta arriba por si hubieran tenido algún percance. Los veo por fin y tiro para adelante para llegar a la Cruz del Ferro. Arriba, fotos de rigor… y un frío que te cagas (con perdón). Chubasquero y de tó para la bajada.
Superbajada que te pasas. De verdad, por carretera, pero estupenda, gloriosa. Hacemos primero una parada en el tradicional albergue místico-filosófico-religioso-turístico de Manjarín para sellar, fotos y demás. Se ve ambiente, sí, sí. Y nos tiramos pabajo. Baja y baja, con curvas y contracurvas. Con unos pocos pedales te pones a más 70 km./h (casi máxima de 75 km./h, según mi aparato). Pues eso, adrenalina, con un pequeño descanso al pasar por El Acebo, hasta llegar a Molinaseca.
Molinaseca. Avituallamiento líquido y sólido. El sólido consiste en un bocadillo apabullante de lomo adobado. Gloria bendita, convecinos, gloria bendita. Muy recomendables las barritas energéticas de pan con lomo adobado. Descansamos un ratillo tras bajar por una calle muy maja en el centro del pueblo, a la que llegamos entrando por el puente.
Ponferrada. Entramos en Ponferrada, pasamos junto a su castillo y hacemos avituallamiento líquido, cogiendo «la mejor agua del mundo», según nos explicó un lugareño. Salimos de Ponferrada por una zona de chalets, y cogiendo una vega cultivada bien hermosa, nos dirigimos a Villafranca del Bierzo. Terreno algo más entretenido, con más sube-bajas, que nos conduce hasta el albergue de Villafranca, también con su cosa, como el de Manjarín. Iñigo parece que no trae muy buena cara. Queremos avanzar hasta Pereje, donde hay albergue, para acercarnos más al pie de la subida a O Cebreiro. Es mediodía y decidimos avanzar para llegar a comer a Pereje y así hacer una etapa algo más corta y poder descansar más.
La salida hacia Pereje nos conduce a tomar la N-VI, que, además de ser nacional está en obras. Iñigo va con el pajarón y yo procuro ir tirando suave para pasar este horrible tramo. Claro está que el albergue de Pereje nos resarce de todos nuestros males. Un sitio estupendo, atendido por una gente supermaja. Este ha sido el albergue en el que se puede decir que hemos descansado de veras. Tranquilidad, conversaciones de comida y cena con el personal peregrino. Aquí oímos historias de una norteamericana, de unos chicos de Murcia,… Todos peregrinos, gente simpática de veras. Cuidamos un poco las bicis, las lavamos, les damos unos mimos, leemos y escribimos algunas cosillas. Una tarde ociosa, por fin. Jon quedó encantado, preguntadle, preguntadle (no veáis la sobada que se metió).
6- Pereje – Portomarín
Jueves, 27 de julio de 2000
Distancia: 92,02 km. Tiempo: 7:25:18. Vel.media: 12,39.
Resumen: Segunda subidita…quiero decir subidón. O Cebreiro es otra cosa. Subida preciosa, tranquila y luego desde el Alto del Poio otra gozosa bajada esta vez por camino hasta Triacastela.
Pereje. Me levanto y oigo que está lloviendo. No puede ser, yo lo pacté con los hombres y mujeres del tiempo en la tele. Mis compañeros se vuelven a calzar toda su parafernalia antilluvia, pero, para cuando salimos, ya ha dejado de llover. Eso sí, hace fresquito. Hacemos unos pocos kilómetros por una carretera secundaria paralela a la fatídica N-VI (con unas obras espectaculares) hasta llegar al primer avituallamiento en un bar de carretera. Hay que tragar bien, que nos toca O Cebreiro.
Ruitelán. Dejamos la N-VI, que habíamos tenido que retomar, para entrar en una apartada carretera secundaria. Pasamos Las Herrerías y poco después comenzamos la verdadera subida tras un pequeño puente que queda inmortalizado en fotografía.
Subida a O Cebreiro. Primero, es dura. Que quede claro. Es una carreterita muy apetecible, de buen asfalto, hasta llegar a Laguna de Castilla y luego, algo menos de 2 km. más por pista, hasta llegar arriba. Otra vez el menor peso de mi equipaje hace que suba a más ritmo que mis compañeros. Voy con cadencia alta en plato pequeño, pasando curvas y alguna que otra recta matadora. El fresquito que hacía por la mañana se olvida rápido. Los espero en Laguna de Castilla, donde comienza el tramo de pista otra vez, después del asfalto anterior. Sin más, llegamos arriba, con cierta emoción porque dejamos atrás Castilla y entramos en Galicia.
Nos fotografiamos en el cruceiro del alto y nos acercamos al albergue. Lástima, está cerrado… pero las hospitaleras, todo amabilidad, nos lo abren y nos ofrecen café y hasta unas pastitas. Son las cosas buenas del Camino, que haberlas, haylas. Descansamos un rato porque todavía queda llegar hasta el Alto do Poio, con alguna que otra subidita. Agur, hospitaleras de O Cebreiro, agur, chicas.
Alto do Poio. Cogemos carretera nada más pasar O Cebreiro para retomar en cuanto podemos el Camino un poco antes del Alto do Poio. Nos encontramos en pleno Camino una señal de tráfico de peligro por firme deslizante (?). Tras las risas consiguientes, seguimos ruta con la bici. Pero por poco tiempo, ya que la última parte de la subida al alto hay que hacerla bici en mano. Por supuesto que se comenta eso de que «pues yo ya lo subía montado sin las alforjas y bla bla…» (ya sabéis, típicos comentarios de bilbaínos). Glorioso bocadillo de tortilla de jamón en el Alto do Poio. Este tipo de barrita energética, como la de pan con lomo adobado de Molinaseca, es también muy recomendable. Aquí es donde empiezo a pensar si estaré engordando a medida que voy haciendo más kilómetros del Camino de Santiago.
Otra bajada gloriosa hasta Triacastela. Comenzamos a bajar por el Camino, paralelos a la carretera. Iñigo, el pupas, tiene que parar porque ha perdido un tornillo de sujeción de sus alforjas. Nos ponemos a buscarlo y, cómo no, aparece el tornillo, para regocijo de todos. Seguimos palante. Empieza la bajada de verdad, la emoción me embarga, y tiro pabajo dale que te dale. Lo de siempre: como llevo menos peso y voy sin alforjas esos lujos que me puedo permitir. Entramos en algunas de las primeras corredoiras, sombrías y seguramente custodiadas por meigas. Total, que me lo paso pipa en la bajada hasta Triacastela, que son unos buenos kilómetros.
Triacastela. Pequeña parada de avituallamiento a base de galletas, comentarios sobre la bajada, qué bonita es Galicia y tira millas.
Alto de San Xil (Riocabo). Ojo, que hay subida maja. El paisaje gallego es más entretenido, no cabe duda. Cogemos carreterita secundaria con tramos de pista y toma subidón, campeón. Más corredoiras, más entretenimiento y pequeñas trialeras (para mi nivel, quiero decir).
Sarria. Entrada en plena bajada, dando zapatilla como posesos por una pista paralela a la carretera. Nos adelantan beteteros de carretera que pasan de la pista y se dedican a rodar sobre el asfalto. Nosotros, más puristas, seguimos por las pistas todo lo que podemos. Tanto darle zapatilla, llego a Sarria con un dolor en la rodilla que me parece un tanto peligroso. Me froto y refroto con el Voltarén una y mil veces. Virgencita mía, que yo no quería pasarme dando pedales, que ha sido sólo un ataque de velocidad. Nos aprovisionamos en un supermercado, tras una demostración de Jon acerca de cómo caerse en plena calle central del pueblo, él solo y sin ayuda de nadie. Para celebrarlo realizamos una espectacular comida en un parque para niños, usando sus mesitas y sillitas. Tierna comida. ¡Ah!, el albergue está lleno, así que tira para Portomarín, que allí ya habrá algún sitio donde dormir.
Portomarín. En Galicia se pierde toda noción del pueblo por el que estás pasando. Pueblo, aldea y de nuevo pueblo y requetealdea y sube y baja (más bien siempre parece más sube que baja) y otra aldea. Salimos de Sarria oliendo a vaca por doquier, por corredoiras unas más transitables que otras. Alguna que otra cuesta de las de bajarse como lleves alforjas con cierto peso. Además, algunos tramos con pequeñas piedritas en el camino, que obligan a transitar con la bici de la mano. Antes de llegar a Portomarín otro albergue en Ferreiros, lleno de alegres peregrinos que rápidamente comentan eso de «No tenéis sitio, está lleno, ni lo intentéis». Así que seguimos con lo de los pedales hasta Portomarín. Antes de llegar cruzamos el Miño después de una bajadita por una pequeña carretera asfaltada. El día está estupendo y todo acompaña: ni frío ni calor (o sea, 0 grados), ni sol ni nubes, ni viento ni calma chicha, relajación en Portomarín. Localizamos alojamientos y nos da tiempo a pasear por el pueblo, tomar algo, mirar al Miño y pensar eso de «cada vez nos queda menos». Felices sueños.
7- Portomarín – Santiago de Compostela
Viernes, 28 de julio de 2000
Distancia: 100,42 km. Tiempo: 7:22:47. Veol.media: 13,61.
Resumen: No sé cuántas cuestas se subirán, pero el desnivel que acumula esta etapa debe ser mayor que las dos anteriores. Aumenta en gentío en Galicia, pero las corredoiras son preciosas. Baño de multitudes en Santiago.
Portomarín. Una hermosa niebla nos acompaña al amanecer. Se nota el Miño al lado porque la bruma es espectacular. Desayuno, bajadita hasta el borde el río, lo cruzamos y, cómo no, subidón para comenzar el día. Llegamos a una zona más llana, con la niebla junto a nosotros. Chubasqueros puestos, que hace fresco. Que no se me olvide en mis recomendaciones esto del chubasquero, aunque sea el agosto más cálido de la historia. Redesayunamos en una pulpería, pero al estilo tradicional: café con leche y algún que otro pastelillo. Cada vez vemos más peregrinos; ahora en ocasiones son ya pequeñas multitudes que caminan juntas por el camino.
Palas de Rei. El camino continúa con algunas corredoiras bien bonitas. Entramos en Palas de Rei, donde paramos un momento para rellenar de billetitos de diferentes colores nuestras carteras en un cajero automático. Entre tanta aldea, Palas es un pueblo-pueblo, con su tráfico y tó. La verdad es que la variedad del paisaje gallego también tiene su punto de monotonía por lo del continuo sube-baja. La memoria se me pierde, aunque recuerdo un pequeño puente medieval en una vaguada, con peregrinos refrescando los pies. Todo son más y más aldeas hasta llegar a:
Melide. Pueblo muy conocido porque aquí cayó otro glorioso bocata en pan de hogaza, esta vez de calamares. Mis compañeros de viaje me miran sorprendidos, pero lo tengo muy claro: dar pedales me da hambre. ¡Qué queréis que le haga! Sellamos en varios pueblos la credencial para ver si se me llena pero me parece que no va a ser posible. ¡Maldita sea!, tendré que hacer el Camino de Santiago de nuevo para completar una credencial con más sellos. ¡Qué se le va a hacer! ;-))). El sube-baja me sigue pagando factura, como también la bajadita a Sarria de ayer. Empiezo a no soportar un dolor en la parte de atrás del pie, que me empieza a martirizar. Así pues, tengo que aflojar y dar pedales con el pie izquierdo sólo.
Arzúa. Mi crisis es casi total: entre el dolor del pie y una semipájara, mi estado de ánimo no es el mejor. Necesito beber, necesito beber. Paramos en una afamada pastelería y entre un par de pastelitos y un par de chismes «bionosequé» de Pascual (perdón por la publicidad; no, a ustedes los de Pascual no, ustedes ya sé que me dan las gracias) parece que el cuerpo se arregla. La chica del bar me dice que alguno de los pascualinos lo tiene ya caducado, pero no estoy para bromas. Cae para adentro y es el segundo descubrimiento energético del Camino de Santiago: no veáis cómo se tira con un par de chismes de esos caducados. Una bala, compañeros, una bala. Desde aquí el dolor continúa, pero la pájara me dice adiós definitivamente.
Lavacolla. Estamos junto al aeropuerto de Santiago y todo va bien. Volamos hacia Santiago.
Monte do Gozo. Momento histórico en la vida del cicloturista peregrino. El monumento a la izquierda del Camino se levanta prepotente. Llegamos bien, sin mayores sobresaltos que no sean los últimos megarrepechos que nos hemos metido, entre risas. Porque más vale reír que llorar con tanta cuesta y requetecuesta. Nos tomamos un cafelito en un kiosco y apreciamos el auténtico espíritu del peregrino (?). Grupos enfervorizados de chicos y chicas cantan y ríen un poco histéricos porque están a punto de llegar a Santiago. Llamo a casa y digo eso de que «Ya está. Ya he llegado. Estoy en Santiago, bueno, al lado, en el Monte do Gozo. Muy bien. Sin problemas. Sí, sí, un día antes de lo previsto. Nos vemos.»
Santiago de Compostela. Al comenzar a bajar nos encontramos con un salmantino también en bici con el que intercambiamos conversación. Entramos con él en Santiago a primera hora de la tarde y vamos derechos (bueno, lo intentamos) hacia la Plaza del Obradoiro, la Meca del peregrino (¿o esto de «Meca» será sacrilegio en Santiago?). Grupos de gente llegan como pequeñas avalanchas. La gente se abraza como en cualquier concurso televisivo, presas de una extraña emoción. Sí, sí, es la catedral, estamos en Santiago. Nos encontramos, cómo no, con nuestros queridos holandeses, que han viajado con nosotros, a diferente ritmo, pero en el mismo tiempo, desde Santo Domingo de la Calzada. Fotografías y promesas de futuros encuentros y nuevos proyectos cicloturistas. Nos dirigimos a la Oficina del Peregrino y con los pertinentes trámites obtenemos la Compostela, que luego tendrá un lugar de honor en más de una habitación ciberbetetera.
Por la noche, cena a base de marisco, con precio que ni de Bilbao, pues. Al día siguiente, misa del peregrino, con la catedral abarrotá. Y allí que oyes la retahíla de todos los que hemos llegado. Y hasta incluso dicen «Uno en bici desde Bilbao». Y, claro, a uno, que es un poco gilipollas, hasta se le enternece el corazoncito.
8- Santiago de Compostela – Bilbao
Distancia: 750 km. Tiempo: 1:24:34. Vel.media: 750 km/h.
Resumen: Etapa muy rápida, con viento de cola. El señor conductor del avión apretó el acelerador y llegamos sin contratiempos. La subida inicial la hizo con plato mediano y ya luego colocó plato grande y piñón pequeño. No veas cómo daba pedales el tío…
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2 comentarios
¿Cómo? ¿Con doping (aunque de higos y de pascualillos), siendo un chaval de 35 tacos? :-D
Pues espera, que algún día con tiempo subiré algunas fotos. He localizado en casa un álbum de fotos en papel de esa ruta y escanearé algunas. Toma yaaaaaa!!!!!!! jajajajaja